MINERO Y RUNNER: GASTON DAVILA CONQUISTA MONTAÑAS

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El minero que cambia el casco por las zapatillas para correr en la montaña

Gastón Dávila, trabaja en minería como técnico ambiental de Gualcamayo, y es en las alturas alturas sanjuaninas donde encuentra una terapia regeneradora para el cuerpo y la mente después de jornadas agotadoras de 12 horas.

Redacción ACERO Y ROCA

Gastón Dávila, minero de Gualcamayo, se prepara para entrenar en la montaña

Tras concluir turno como minero, Gastón Dávila entrena en las montañas para alta competencia

Gastón Dávila se quita el casco, deja atrás el murmullo constante de los equipos en la mina de oro Gualcamayo y sale al aire abierto de Jáchal. A sus 38 años, este técnico en medio ambiente sabe que su jornada laboral no termina con el último instrumento escondido: empieza un desafío igualmente exigente.


En Gualcamayo, Dávila suele correr entre 8 y 10 kilómetros diarios cuando termina su turno, cerca de las ocho de la noche, por caminos serpenteantes de ripio que llegan hasta los 2.000 metros sobre el nivel del mar.


Luego de cumplir un turno de 12 horas, comienza otro reto: correr por senderos de ripio que ascienden hasta los 2000 metros sobre el nivel del mar, en un paisaje cordillerano que pocos tienen en la puerta de su casa . Correr no es solo un pasatiempo para Gastón, es una forma de resetear el cuerpo y la mente. “Es terapéutico… me reseteo y vuelvo pilas”, confiesa, como quien revela su secreto para enfrentar cada día con energía renovada

Su historia runner-minera

Cuando Dávila empezó a trabajar hace 11 años en Gualcamayo, propiedad de Minas Argentinas, parte del Grupo Aisa, conoció a un grupo de mineros que corría y en 2016 compitió en su primera carrera, una experiencia que cambió su vida para siempre. «Si hace mucho frío no salgo, prefiero cuidarme porque soy un deportista pero no me dedico a esto, así que trato de cuidar mi parte laboral. Pero tengo algo que es único, que es el escenario que tengo a 20 metros. Salgo de la pieza y voy a entrenar a la montaña», dijo Dávila.

Desde entonces, se convirtió en un corredor perseverante: ganó un exigente evento de 70 kilómetros por la cordillera, conoce de memoria veredas argentinas, pero más importante aún, su vínculo con el deporte es su refugio. “Es un viaje de ida. Es un desafío, me motiva y me mantiene activo”, dice desde su campamento a 1 600 metros de altitud .

Gastón Dávila corriendo una carrera de 70 kilómetros en la cordillera andina

En 2024, Dávila ganó una carrera de 70 kilómetros por caminos de la cordillera de los Andes y ahora se prepara para nuevos desafíos.

San Juan lo tiene todo para Dávila

San Juan lo tiene todo: unos 300 días de sol al año, invierno con heladas y veranos donde los termómetros rozan los 40 °C . Esa dualidad lo empuja a adaptarse: si hace demasiado frío no sale, prefiere cuidarse. Pero si el clima lo permite, sale directo a entrenar a la montaña, bastan 20 metros para cambiar el aire del dormitorio por el viento de cuestas infinitas.


Ahora quiere formar un grupo de entrenamiento en Gualcamayo como el que él integró cuando llegó por primera vez a la mina.

Su plan: formar a otros mineros corredores

Trabaja siete días y descansa otros siete en su hogar en la capital sanjuanina, donde lo espera su esposa, sus dos hijos y su equipo de entrenamiento, con el que suele correr entre 20 y 25 kilómetros diarios. Su plan para el futuro: formar un grupo de entrenamiento en Gualcamayo, como aquel que lo motivó cuando llegó a la mina. Porque no se trata solo de kilómetros; se trata de pertenencia, desafío y alma.

Agradecimiento a Lucila Sigal

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