Más allá del dato: El desafío físico de la logística minera alta montaña
En la industria minera, la tecnología suele llevarse todos los aplausos. Se habla constantemente de sensores, software de modelado y datos precisos. Sin embargo, existe una capa anterior, una realidad física y tangible que a menudo queda oculta en los reportes ejecutivos: la logística de supervivencia y la operación segura necesaria para obtener ese dato en entornos hostiles.
Por Yenhy Navas

El impacto controlado: el primer paso de la logística minera alta montaña para «mapear» el subsuelo.
Recientemente, la firma ALH Geofísica completó una campaña en la Cordillera de los Andes, en la provincia de San Juan, que puso a prueba no solo sus instrumentos de medición, sino la capacidad de adaptación humana de su equipo. En este contexto, conversamos con Nicolás López Requena, responsable del área comercial y logística de la empresa. Su relato nos aleja de los laboratorios y nos transporta a la cota 4.000, donde la seguridad industrial deja de ser un manual para convertirse en una práctica de vida o muerte.

Nicolás López Requena (ALH Geofísica): «La seguridad en la cota 4.000 es una práctica de vida o muerte».
Estrategias operativas y ventanas de tiempo ante el clima extremo
«En esta campaña, el mayor desafío fue el viento intenso característico de la zona», cuenta López. Para mitigar este riesgo, el equipo debió implementar una logística de «ventanas de tiempo». «Debíamos iniciar las jornadas muy temprano, prácticamente de madrugada, cuando las ráfagas aún eran moderadas».
Esta decisión táctica implica un esfuerzo humano considerable: movilizar equipos pesados, camionetas 4×4 y personal técnico antes de que salga el sol, bajo temperaturas extremas, para aprovechar esas pocas horas de calma relativa. Es en estos detalles donde se juega la eficiencia de un proyecto minero: en la capacidad de leer el entorno y actuar en consecuencia.
El verdadero reto de seguridad comenzó donde terminaban los caminos. El equipo debió desplegarse en «tramos de trabajo con pendientes que superaban los 45°, donde fue necesario utilizar equipos de izaje». Trabajar con esa inclinación en un suelo de roca suelta implica que cada paso debe ser calculado y asegurado.
El rol crítico de los rescatistas y andinistas en la exploración

La seguridad en altura requiere la integración de rescatistas profesionales en las campañas. Imagen Pixabay
«Contamos con andinistas y rescatistas de montaña, lo que nos permite mantener un rendimiento seguro y eficiente». Esta fusión de geociencia y andinismo es una tendencia creciente en la minería de alta complejidad. El rescatista está allí para actuar en caso de emergencia, y para prevenirla, gestionando los anclajes y evaluando las rutas de acceso metro a metro.
Ejecución física de la tomografía sísmica en terrenos escarpados
A diferencia de otros métodos de exploración pasiva, la técnica empleada requiere una interacción física intensa con el terreno e involucra el uso de una maza para generar ondas de energía. «La maza se utiliza para generar un impacto controlado sobre una placa metálica, produciendo una onda sísmica que se propaga a través del terreno». Realizar este esfuerzo físico repetidamente a 4.000 metros de altura, manteniendo el equilibrio en una pendiente pronunciada, requiere una condición atlética y una concentración total.

Sismógrafos desplegados: tecnología que debe resistir el rigor del clima cordillerano.
Posteriormente, los sensores captan ese impacto. «Los sensores instalados en superficie registran el tiempo que tarda esa onda en viajar», permitiendo calcular la velocidad sísmica y caracterizar el subsuelo.
Reducción de incertidumbre y prevención de riesgos geológicos
Todo este despliegue logístico, las madrugadas gélidas y las maniobras de izaje, tienen un único fin estratégico: la seguridad de la futura infraestructura. El estudio permite «identificar zonas de baja velocidad», las cuales suelen asociarse a «materiales poco competentes, fracturados o sueltos».
Patologías constructivas que se previenen con estudios geofísicos
En términos de ingeniería civil, detectar estas zonas a tiempo evita riesgos catastróficos. López Requena enumera las patologías que se previenen con esta información:
- Asentamientos diferenciales en fundaciones.
- Riesgos de inestabilidad de taludes.
- Problemas en obras viales por suelos débiles.
- Sobrecostos por rediseños no previstos.

Operar a 4.000 m.s.n.m. exige unidades 4×4 preparadas para el terreno sanjuanino.
En conclusión, la campaña de ALH Geofísica en San Juan demuestra que la calidad del dato técnico es indisoluble de la calidad logística. Al identificar con precisión los espesores de materiales y la roca sana, «el equipo de ingeniería puede dimensionar fundaciones, taludes o plataformas con criterios precisos».
Transformar la incertidumbre del terreno en un modelo seguro permite tomar decisiones «sobre una base técnica comprobada y no sobre supuestos», optimizando costos y garantizando la seguridad operativa desde el minuto cero.