El renacer de los gigantes dormidos: Sierra Grande y Mina Ángela bajo la lupa técnica

Por Yenhy Navas
El inicio del 2026 marca un punto de inflexión para la minería en la Patagonia. Mientras el mercado global busca certidumbre, la industria extractiva nacional comienza a mirar con nuevos ojos sus activos históricos. No se trata de salir a buscar «tesoros escondidos» desde cero, sino de reactivar yacimientos que ya tienen historia, infraestructura y, sobre todo, una identidad minera que espera ser despertada.
Sierra Grande: El regreso del hierro argentino

La infraestructura existente en Sierra Grande reduce drásticamente el CAPEX necesario para su puesta en marcha
En una entrevista exclusiva para ACERO Y ROCA, el tecnólogo industrial José Luis Dalla Gassa desglosa dos de sus informes más ambiciosos: la reactivación del hierro en Sierra Grande (Río Negro) y el potencial polimetálico de Mina Ángela (Chubut). Para el especialista, la clave no es solo geológica, sino una cuestión de «ingeniería económica y responsabilidad ambiental real»
La reactivación del yacimiento de hierro en Sierra Grande no se presenta hoy como una simple promesa futura, sino como un activo industrial disponible con capacidad de generar un impacto territorial inmediato.
Un escenario de precios que cambia la ecuación
Para entender el presente, hay que mirar el pasado. La detención de Sierra Grande a comienzos de los 2000 coincidió con un desplome histórico del hierro (15 USD/t), frente a costos que duplicaban ese valor. Hoy, el panorama es estructuralmente opuesto.
«El mercado del hierro y el acero opera en un nuevo piso de precios muy superior a los mínimos históricos», explica Dalla Gassa. Con valores que se estabilizan en torno a los 100 USD/t, el proyecto se convierte en una ventana de oportunidad rentable. Esta estabilidad permite absorber los costos operativos actuales y proyectar una mina que no necesita ser un «gigante mundial» para ser exitosa. «No depende de ser un gigante mundial para ser rentable; depende de un precio estructural alto, inversión inicial baja y una operación ordenada«, sostiene el tecnólogo.
Según el exhaustivo análisis técnico-industrial del tecnólogo José Luis Dalla Gassa, el proyecto posee una combinación poco frecuente de recurso probado, infraestructura existente y logística verificable. Sierra Grande no requiere validar la existencia del mineral ni construir un ecosistema operativo desde cero; es un activo histórico con una ciudad minera viva que ya sabe operar. El desafío actual no es geológico, sino puramente industrial, logístico y económico.
«Operar en una ciudad con identidad minera es una ventaja social decisiva».

José Luis Dalla Gassa, tecnólogo industrial y autor de los informes técnicos de Sierra Grande y Mina Ángela.
La ventaja del modelo «Brownfield»
La mayor fortaleza de este yacimiento es su condición de proyecto brownfield. A diferencia de los desarrollos que deben construirse desde cero, Sierra Grande ya cuenta con gran parte del trabajo físico realizado:
- Labores subterráneas: Cuenta con túneles, accesos y desarrollos mineros históricos documentados y operativos.
- Instalaciones: Posee infraestructura de apoyo y servicios básicos ya instalados en la zona.
- Logística: Una red ferroviaria existente hacia el puerto, lo que reduce costos, baja la huella ambiental y mejora la competitividad.
«La infraestructura logística existente vuelve a tener un valor enorme porque reduce la inversión inicial (CAPEX) y el riesgo técnico», señala el experto. De hecho, las cifras son contundentes: reactivar Sierra Grande requiere entre 3 y 4 veces menos inversión que un proyecto nuevo equivalente. Mientras un proyecto greenfield demanda hasta 160 USD por tonelada de capacidad, aquí se estima en apenas 40 a 55 USD/t.

El nuevo equilibrio de precios internacionales, por encima de los 100 USD/t, asegura un margen operativo robusto para el yacimiento.
El impacto social: Una ciudad que late minería
La reactivación se proyecta con una producción de 1,5 a 2 millones de toneladas anuales, lo que activaría la economía real de la región con la creación de entre 800 a 1.200 puestos de trabajo directos. Sumando empleos indirectos e inducidos (talleres metalmecánicos, servicios eléctricos, transporte, logística y mantenimiento industrial local), el beneficio alcanzaría a entre 4.000 y 6.500 personas.
Mina Ángela: De pasivo histórico a activo productivo
Cruzando el límite hacia Chubut, el análisis de Dalla Gassa se enfoca en Mina Ángela. Aquí, el desafío es transformar un sitio abandonado en un modelo de eficiencia moderna. El informe, definido como un «ensayo de escenarios operativos posibles», propone que la ingeniería puede sanear el ambiente mientras genera riqueza.

Vista del antiguo sitio de Mina Ángela, mostrando la infraestructura abandonada y el pasivo ambiental actual, un ejemplo de un sitio sin operador responsable. Imagen ilustrativa de ACERO Y ROCA.
El control ambiental frente al abandono
. Una reactivación regulada permitiría implementar un «Cierre Integrado«, donde la rehabilitación es progresiva y se financia con la propia operación.
Escala media: El camino de la sostenibilidad
Para Mina Ángela, se propone un escenario de 2.000 toneladas por día (t/día). Esta escala no es caprichosa; busca optimizar el impacto y la viabilidad técnica. «Esta escala reduce el impacto inicial en términos de huella y tráfico, permitiendo aprender y ajustar con control», señala el entrevistado.
Este volumen permite establecer acuerdos de beneficio compartido con las comunidades locales sin saturar la infraestructura desde el primer día. Si bien el experto aclara que la escala por sí sola no garantiza la licencia social, sí facilita una gobernanza transparente donde los indicadores sean precisos y auditables.

Una moderna planta de procesamiento de mineral de escala media, similar a la propuesta de 2.000 t/día para la reactivación de Mina Ángela. Imagen ilustrativa de ACERO Y ROCA.
El «Espejo de San Juan» y el empleo regional
El análisis para Chubut proyecta más de 2.000 puestos de trabajo totales. Para que localidades como Gastre o Gan Gan absorban esta demanda, Dalla Gassa propone replicar el exitoso modelo de desarrollo de proveedores de San Juan.
«Las PyMEs pueden adaptarse, pero no solas ni de golpe», advierte. La estrategia incluye segmentar la demanda, diferenciando los servicios inmediatos de los especializados, programas de capacitación intensiva en calidad y seguridad y un crecimiento escalable de los contratos, que crezcan en función de la complejidad técnica. «El modelo San Juan es un buen espejo: los clusters se forman con tiempo y reglas claras», cita el entrevistado, subrayando que la capacidad local se fortalece solo mediante mecanismos formales.

Trabajadores locales participando en una sesión de capacitación como parte de un Programa de Desarrollo de Proveedores, clave para replicar el «Modelo San Juan». Imagen ilustrativa de ACERO Y ROCA.
El salto a la certidumbre: Certificación y Transparencia
Para que ambos gigantes patagónicos atraigan la inversión institucional necesaria, Dalla Gassa identifica una decisión crítica: pasar del análisis preliminar a la certificación internacional bajo normas como la NI 43-101.
«La decisión crítica es pasar de un análisis preliminar a un proceso formal», indica el especialista. Esto requiere financiar programas de control de calidad (QA/QC), contratar profesionales independientes y realizar estudios económicos de alcance (PEA). En el mundo de las grandes finanzas, la fe no existe. «Para el inversor, el punto no es ‘creer’: es decidir financiar la transición a evidencia certificable», concluye el tecnólogo.
Conclusión: Minería con datos e ingeniería
Tanto Sierra Grande como Mina Ángela representan una oportunidad de desarrollo territorial sostenible que no depende de milagros geológicos, sino de decisiones políticas e industriales firmes. Son sitios con «huella minera previa» que mitigan la incertidumbre logística y de servicios.
Como concluye el informe de José Luis Dalla Gassa, la Patagonia tiene en sus manos la posibilidad de volver a latir con fuerza. La minería argentina del 2026 no se trata solo de extraer rocas; se trata de recuperar la historia industrial, sanear el entorno y generar empleo calificado en el corazón de nuestra geografía.

La certificación NI 43-101 es el paso crítico para atraer inversión institucional a los proyectos patagónicos. Imagen ilustrativa de ACERO Y ROCA.
Gestión ambiental bajo estándares de control real
Finalmente, los análisis de las minas Ángela y sierra Grande abordan la responsabilidad sobre el entorno con una premisa clara: «El abandono no protege el ambiente; la operación regulada, monitoreada y trazable sí«. Una mina cerrada no remedia pasivos, «La operación formal obliga a medir, reportar, auditar y ejecutar planes«, afirma el especialista.
Asimismo una operación formal tiene obligaciones legales y técnicas constantes y exige monitoreos continuos de agua y aire, además de planes de cierre progresivo y auditorías independientes que involucren a la comunidad.