Yaw Kissi: La captura de Maduro, una señal sobre quién controla los recursos estratégicos

Por Luciana Vignoli
Desde una mirada panafricana y del Sur Global, el escritor y pensador Yaw Kissi analiza el conflicto entre Estados Unidos y Venezuela como un precedente peligroso para las naciones ricas en recursos estratégicos. En diálogo con Acero y Roca, advierte sobre la normalización del uso de la fuerza, el rol central del petróleo y los minerales estratégicos y una arquitectura de dominación que se repite en África, América Latina y Medio Oriente.
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Venezuela posee aproximadamente el 17% de las reservas petroleras conocidas del mundo, equivalentes a más de 300 mil millones de barriles.
Venezuela y el Sur Global: geopolítica de los recursos estratégicos
En un escenario de alta tensión geopolítica, la situación venezolana se convirtió en un punto de observación clave para el Sur Global. Así lo plantea Yaw Kissi, escritor y pensador especializado en geopolítica, soberanía, economía política y recursos estratégicos, quien propone una lectura que excede la coyuntura y se inscribe en una historia más larga de dominación y extractivismo.
“Desde el Sur Global, Venezuela no es solo ‘una crisis’. Es un campo de batalla sobre un principio: quién tiene derecho a poseer y dirigir el destino de una nación cuando esa nación se asienta sobre riqueza estratégica”, afirma.

Yaw Kissi advierte que la soberanía se defiende con instituciones y no solo con banderas.
La captura de Maduro y el nuevo precedente sobre la soberanía nacional
La captura de Nicolás Maduro y su traslado a custodia en territorio estadounidense, según lo reportado, marca para Kissi, un quiebre profundo. “No es solo un titular. Es una señal al Sur Global: que la soberanía puede ser anulada rápidamente si el poder dominante decide que las reglas ya no aplican”, sostiene.
Más allá de la figura del gobierno, lo que se instala es un precedente: “la posibilidad de reconfigurar el liderazgo de un Estado por acción externa. El Sur Global observa a Venezuela con otro ojo, no porque idealicemos a ningún gobierno, sino porque reconocemos un patrón: presión primero, aislamiento después, encuadre moral siempre, y luego un acto decisivo que más tarde se explica como “necesario”, remarca.
Narrativa internacional, sanciones y normalización del poder imperial
En ese marco, Kissi advierte que el rol de la narrativa internacional es central en este proceso. “La narrativa internacional dominante retira el contexto histórico y luego usa ese relato descontextualizado para justificar medidas extraordinarias”, señala y agrega que “la narrativa no es adorno, es preparación. Prepara a públicos extranjeros para ver sanciones como ‘limpias’, cambios de régimen como ‘rescate’ y acceso a recursos como ‘reconstrucción’”.
En ese sentido, alerta que cuando la captura de un jefe de Estado se presenta como un acto de orgullo y demostración de fuerza, y se entrena a la ciudadanía para celebrarlo, “ya no estamos hablando sólo de análisis, sino de la normalización pública del poder imperial”.
Consultado sobre si puede hablarse de intervención o invasión, Kissi es contundente: “Sí, puede hablarse de intervención, y en este caso se ha cruzado hacia el uso directo de la fuerza”. En ese sentido, explica que “si un Estado puede extraer a un líder de su territorio y trasladarlo al extranjero bajo su propia autoridad, eso no es un desacuerdo diplomático. Es intervención en su sentido más literal”.

Nicolás Maduro Presidente de la República Bolivariana de Venezuela.
Sanciones y fuerza directa: la arquitectura del poder sobre los recursos
El análisis se extiende a los mecanismos de presión utilizados por Estados Unidos. Para el pensador panafricano, el poder contemporáneo “opera por capas, como una red”.
Presión económica y financiera: Restricciones que determinan qué puede vender un país, dónde puede bancarizarse, quién asegurará sus envíos y qué empresas se atreverán a invertir.
Ingeniería diplomática: Construcción de coaliciones para aislar, deslegitimar procesos políticos y reducir opciones externas.
Palancas legales e institucionales: Disputas sobre activos, tenencias fuera del país y capacidad de transacción internacional.
Dominio simbólico: El mensaje que acompaña a la coerción. Cuando líderes hablan de administrar la transición de otro país o de “hacer que el petróleo vuelva a fluir” bajo términos externos, el símbolo no es sutil. A esta arquitectura se suma hoy una capa final: fuerza directa, porque la red tiene dientes.
“Las sanciones no son solo ‘política’, son una constricción lenta de capacidad estatal que a menudo golpea con más fuerza a la gente común”, afirma.
Petróleo, oro y minerales críticos como ejes del conflicto global
El conflicto, remarca, no puede separarse de los recursos. “El petróleo sigue siendo central porque el petróleo sigue siendo poder. Incluso con la conversación sobre transición energética, el petróleo financia ejércitos, estabiliza economías y define apalancamientos políticos”,explica.
Las reservas venezolanas representan “un premio estratégico de largo plazo” y advierte que cuando la acción política se vincula abiertamente con el futuro del petróleo, el retorno de empresas y la reorganización de los flujos energéticos, “la máscara se desliza”.
A esto se suma el oro y los minerales críticos. “El oro no es solo metal. Es soberanía financiera, cobertura, y a veces un salvavidas bajo presión”, explica. En tanto que “las tierras raras y minerales estratégicos son los nervios del poder moderno: electrónica, sistemas de defensa, baterías, redes, capacidad industrial”.

Venezuela tiene reservas sustanciales de oro y es líder en América Latina, con reportes recientes mencionando alrededor de 161 toneladas.
La transición energética y la nueva disputa por los minerales estratégicos
En el marco de la transición energética, Kissi advierte “La transición energética no termina la extracción, la desplaza hacia minerales que decidirán el próximo siglo”, señala y agrega que “Venezuela no es solo petróleo, también es apalancamiento futuro y cuando el futuro está en disputa, los territorios ricos en recursos se vuelven tableros de ajedrez, quieran o no”.
Lejos de ver la transición energética como un alivio, plantea una paradoja. “El mundo habla de responsabilidad climática, pero la transición intensifica la competencia por minerales, cadenas de suministro y posicionamiento estratégico. El mapa de la dominación se está redibujando, no borrando” advierte el pensador.
“Para Venezuela, la transición implica dos presiones simultáneas: una vieja, atada al petróleo, y una nueva, atada a minerales críticos y alineamientos geopolíticos. Por eso la soberanía se vuelve más frágil si no se construyen instituciones fuertes y alianzas regionales”.
Lecciones africanas: recursos estratégicos y soberanía en el espejo de Venezuela
Kissi encuentra paralelismos claros con otras regiones. “El paralelismo más fuerte es el guión repetido: ‘debemos actuar por estabilidad y valores’, seguido de consecuencias que se parecen demasiado a desorden, dependencia y extracción”.
Cambia el vocabulario, democracia, antiterrorismo, antidrogas, preocupación humanitaria, pero el resultado suele ser el mismo: soberanía debilitada y control externo sobre activos estratégicos. “África conoce ese lenguaje. Oriente Medio conoce ese lenguaje. América Latina también”, advierte.
Extractivismo sofisticado
Para Kissi, el mundo asiste a una nueva forma de extractivismo. “El viejo extractivismo era control directo. El nuevo opera con contratos en lenguaje legal externo, mercados dominados por centros financieros lejanos, sanciones que empujan a pactos desesperados y presión política que decide quién es “aceptable” para gobernar”.
Un modelo de extractivismo donde “la desigualdad persiste: salen materias primas, el valor se agrega fuera y los costos ambientales y sociales y la “ayuda” posterior suele llegar como deuda o reestructuración condicionada”.
El rol del RIGI y la autodeterminación regional
En la disputa por recursos y control estratégico “América Latina es central, no secundaria, porque tiene recursos que alimentan industrias, rutas que modelan comercio, y una geografía que la hace estratégicamente sensible. Pero también tiene una posibilidad histórica: autodeterminación regional”, explica y plantea una disyuntiva histórica: “La pregunta de fondo es si la región seguirá siendo un conjunto de fronteras extractivas separadas o si construirá coordinación para negociar como igual. Este momento obliga a preguntar: cuánto vale la soberanía si puede ser anulada por fuerza externa”.

Trump declaró la tarde del domingo que EE.UU. estaba dirigiendo Venezuela a través de su presión sobre Delcy Rodríguez.
Mundo multipolar
A nivel global, el conflicto venezolano “endurece las líneas de un mundo multipolar” afirma y advierte que “cuando se reporta una intervención tan directa, el mensaje para China, Rusia y otros actores es que Estados Unidos está dispuesto a actuar dramáticamente en lo que considera su esfera estratégica. Para Estados más pequeños, el mensaje es que la neutralidad puede volverse cara”.
Venezuela, sostiene, se ha convertido en un símbolo. “Venezuela es símbolo porque se usa como ejemplo. No solo para venezolanos, también para el Sur Global: “miren lo que pasa si no se alinean”. Así enseñan los imperios”, explica. Sin embargo, aclara que la verdadera resistencia requiere “instituciones, legitimidad y resiliencia económica”.
Tres lecciones para África desde el caso venezolano
Desde una visión panafricana, Kissi identifica tres lecciones centrales para los países africanos ricos en recursos naturales.
Primera lección: los recursos atraen depredadores. La riqueza bajo tierra puede convertirse en maldición si la gobernanza es débil.
Segunda lección: la narrativa es un campo de batalla. Si no controlás tu historia, otros te nombran “inestable” y reclaman el derecho a administrarte.
Tercera lección: agregar valor es defensa. Exportar materias primas genera vulnerabilidad. Procesar, refinar e industrializar construye poder de negociación.
“África debe mirar a Venezuela como advertencia: la soberanía no está garantizada por banderas, se defiende con instituciones y estrategia”, sostiene.
Soberanía, estrategia y futuro
Finalmente, consultado sobre los escenarios posibles, Kissi anticipa “turbulencia, legitimidad disputada y negociación internacional intensa” en el corto plazo y advierte que estas rupturas “raramente producen armonía rápida. Producen ondas largas”. Aun así, ve un margen posible: “Soberanía no es sólo resistir presión externa, también es construir legitimidad interna”.
El mensaje final trasciende a Venezuela. “Esto no es solo Venezuela. Es el tipo de mundo que se está normalizando”, concluye Kissi y advierte que “el mundo que toleramos hoy se convierte en el precedente que heredarán nuestros hijos”. Para Kissi, el desafío es claro: “Convertir memoria en estrategia, indignación en construcción institucional, y recursos en soberanía real”.