El impacto social de la minería artesanal en Valle Fértil: el motor de 200 familias

El departamento del este sanjuanino sostiene a 200 familias mediante la minería no metalífera. Sin embargo, la falta de inversión tecnológica y el conflicto ambiental en Villa San Agustín ponen en jaque a una actividad ancestral que busca su lugar en la industria moderna.
Por Antonela Rodriguez Echenique

Minería social: el sustento de 200 familias vallistas
En Valle Fértil la minería no es una planilla de Excel; es el motor que pone comida en la mesa de unas 200 familias. En diálogo exclusivo con ACERO Y ROCA, el intendente Mario Riveros fue contundente: la extracción de cuarzo, feldespato y dolomita es la columna vertebral de un ecosistema de pequeños emprendedores artesanales que transforman la piedra en un medio de vida.

Es importante destacar que no hablamos de mega-proyectos, sino de trabajadores que suben a la sierra por huellas mineras para extraer materiales que terminan en los sanitarios, cerámicas y filtros de piscina de media Argentina. «Es una labor social determinante», asegura Riveros, destacando que la calidad del cuarzo vallisto es, probablemente, la mejor del territorio nacional.
El cuello de botella: procesar o morir en el intento
A pesar de la riqueza geológica, el departamento enfrenta un desafío estructural: la industrialización en origen. «Hoy, gran parte del mineral se va en bruto hacia Albardón o incluso a La Toma, en San Luis», explica el intendente.

En el departamento predominan los pequeños emprendedores mineros, quienes encuentran en la piedra un medio de vida.“Siempre se ha realizado la extracción como es del cuarzo, feldespato y también desde hace varios años se viene realizando la extracción de dolomita. Estos son minerales que tiene nuestra sierra en gran cantidad”, detalló Riveros.
Para entenderlo, el sueño del departamento es atraer inversores que permitan procesar la materia prima localmente. «Debería encontrarse la posibilidad de que alguien quiera invertir para generar más fuentes de trabajo genuinas», sostiene el jefe comunal. El objetivo es claro: dejar de ser solo proveedores de roca para pasar a ser productores de valor agregado.

Villa San Agustín: cuando el pueblo «se comió» a la planta
El punto de mayor tensión se vive en la planta procesadora de la Villa San Agustín. Lo que antes era una zona industrial, hoy está rodeada de barrios y viviendas nuevas. Este crecimiento urbano desordenado generó un choque inevitable por el polvo en suspensión que emite la molienda.
Resulta que las exigencias de la Secretaría de Ambiente, como la instalación de filtros húmedos, no pudieron concretarse, lo que llevó a la planta a un estado de parálisis casi total. De procesar las 24 horas, hoy escasamente opera algunas horas y algunos días a la semana. «La piedra se transforma en un talco dañino si no se controla, y hoy la actividad es casi nula por la cercanía con los vecinos«, explica Riveros con preocupación.
El proceso: martillo, dinamita y «cabeza de caballo»
- Acceso: Jornadas de 6 horas en los cerros de Usno, Astica y Las Tumanas.
- Extracción: Combinación de explosivos y clasificación manual.
- Logística: El mineral se fragmenta al tamaño de una «cabeza de caballo» para ser cargado en camiones.
- Destino final: Industrias de revestimientos, esmaltes sintéticos y filtros.

Un futuro en transición
Para Riveros, la minería es un pilar de desarrollo que se mantiene firme junto a la ganadería y el turismo, pero Valle Fértil no quiere elegir entre turismo y minería; quiere que ambos convivan. Sin embargo, para que el sector no metalífero no desaparezca bajo el avance de los loteos, hace falta una modernización urgente de las plantas de tratamiento.
La minería artesanal vallista está en una encrucijada: o se industrializa con tecnología limpia, o el «mejor cuarzo del país» seguirá viajando a otras provincias para generar riqueza lejos de casa.