San Luis: Los Cóndores y la oportunidad de liderar la minería 4.0

Durante décadas, Los Cóndores fue mucho más que una mina. En el corazón de la provincia de San Luis, este yacimiento de tungsteno (wolframio) marcó la vida de miles de familias, impulsó el desarrollo industrial y dio origen a un pueblo entero que creció al ritmo de la actividad minera. La Argentina contaba entonces con uno de los pocos yacimientos productivos de este mineral estratégico.
Por Jose Luis Dalla Gassa

La mina Los Cóndores fue descubierta a finales del siglo XIX por un lugareño
El mineral extraído de la mina era el wolframio, un mineral escaso en la corteza terrestre y muy buscado ya que se utiliza en la fabricación de armas. Por eso, las épocas de apogeo y abandono de la mina Los Cóndores estuvieron siempre vinculadas a los conflictos bélicos.
Los primeros en explotarla fueron los alemanes durante la Primera Guerra Mundial. Luego fue comprada por americanos que la explotaron durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea. Fue en estos años cuando la mina tuvo su época de máximo esplendor tanto productivo como tecnológico.
La mina Los Cóndores se explotaba las 24 horas del día, en 3 turnos de 8 horas y en cada turno trabajaban unas 400 personas. Fue tal la actividad que se desarrolló en la mina que fue necesaria la construcción de un pueblo para que vivieran en él, no solo los mineros si no también muchas familias. Se calcula que en su época de mayor actividad llegaron a vivir en el pueblo unas 4000 personas.
La mina que cambio el pueblo
El cierre llegó a comienzos de los años sesenta. No fue por agotamiento del recurso ni por un colapso geológico. Fue, simplemente, porque la tecnología y el mercado de aquella época ya no ofrecían condiciones para sostener la operación. Los Cóndores quedó en silencio, como tantos otros proyectos que la historia dejó en pausa.
El regreso del tungsteno al centro del tablero global

Hoy, el tungsteno es considerado un metal crítico estratégico a nivel mundial. Su importancia atraviesa sectores sensibles y de alto valor agregado: defensa, industria aeroespacial, energía, electrónica, semiconductores, aleaciones especiales e industria avanzada. No se trata de un mineral más. Es uno de los metales más duros y resistentes al calor que existen.
El dato que explica su renovado protagonismo es contundente: la producción global está fuertemente concentrada en China. Esa dependencia genera una creciente inquietud en los países industrializados, que buscan nuevas fuentes confiables fuera de Asia para garantizar su seguridad industrial y tecnológica.
En ese contexto, Argentina vuelve a aparecer en el mapa, San Luis vuelve a aparecer en el mapa, y Los Cóndores, que ya fue una mina productiva real, deja de ser una referencia histórica para transformarse en una posibilidad concreta.
No volver al pasado, sino dar un salto hacia el futuro
La clave del planteo no es reabrir una mina como se hacía en 1950. El verdadero diferencial está en cómo volver a mirar Los Cóndores. La propuesta es clara: convertir el yacimiento en un proyecto piloto de Minería Subterránea High Tech 4.0, diseñado desde cero con estándares tecnológicos actuales.
Esto implica pensar una mina completamente distinta a la tradicional. Una operación donde la tecnología no es un complemento, sino el corazón del sistema: sensores que monitorean gases, vibraciones y temperatura en tiempo real, fibra óptica recorriendo las galerías, drones que patrullan los túneles, un gemelo digital que replica cada movimiento de la mina, un centro de control operativo las 24 horas, con monitoreo estructural permanente y registros auditables de toda la operación.
El resultado no es solo una mina más eficiente. Es una mina más segura, más transparente y más humana, donde la tecnología reduce riesgos y eleva estándares.

Una inversión razonable para un proyecto transformador
Lejos de las cifras millonarias de los proyectos Greenfield, Los Cóndores presenta una barrera de entrada mucho más accesible. Gracias a su historia productiva y a la infraestructura existente, la inversión inicial necesaria para rehabilitar túneles, instalar ventilación moderna, montar una planta piloto, implementar sensores, crear el centro de control, desarrollar una escuela técnica y acondicionar un circuito turístico se ubica en un rango de USD 25 a 40 millones.
Tiempos cortos y resultados concretos
Con una adecuada articulación público–privada, el cronograma es claro y alcanzable. En apenas 18 a 24 meses, el proyecto podría pasar de los estudios y permisos iniciales a una producción real, atravesando etapas de rehabilitación, instalación tecnológica y pruebas piloto. En un país acostumbrado a proyectos que se eternizan, este dato no es menor.
Empleo, pymes y desarrollo local
En régimen operativo, Los Cóndores demandaría entre 150 y 400 empleos directos, además de 450 a 1.200 puestos indirectos, alcanzando hasta 2.800 empleos totales en su fase plena. A esto se suma un entramado de pymes locales vinculadas a la metalmecánica, el transporte, la logística, la construcción, la electricidad, los laboratorios y los servicios técnicos.
La minería, en este esquema deja de ser una actividad aislada para convertirse en un motor de desarrollo territorial.

Mucho más que una mina
El verdadero diferencial de Los Cóndores aparece cuando se analiza el proyecto como un ecosistema triple.
Por un lado, la producción minera, con un esquema moderado de 200 toneladas diarias, permitiría alcanzar unas 300 toneladas de tungsteno por año. Con un precio conservador de USD 42.000 por tonelada, los ingresos estimados rondarían los USD 12,6 millones anuales.
A eso se suma un segundo eje innovador: el turismo minero–tecnológico 4.0. Visitas educativas, profesionales y técnicas, demostraciones en tiempo real y experiencias controladas permitirían generar ingresos adicionales estimados en USD 3,6 millones por año.
El tercer pilar es una Escuela High Tech Mining 4.0, con programas largos, cursos cortos, certificaciones, plataforma online y streaming técnico. Este componente educativo podría aportar otros USD 3 millones anuales.
En conjunto, el ecosistema completo alcanzaría ingresos estimados de USD 19 a 20 millones por año.
El desenlace: una decisión, no una utopía

Mirado con ojos de 2025, Los Cóndores no es una mina vieja. Es un activo dormido, una oportunidad histórica y un proyecto faro capaz de posicionar a San Luis en el mapa de la minería avanzada, y podría convertirse en la mina subterránea más segura de la región, en el primer polo de minería 4.0 de América Latina, en una escuela minera para el mundo y en un símbolo de orgullo puntano.
Nota de responsabilidad – JLDG
Las cifras presentadas son estimaciones conceptuales basadas en información histórica, supuestos técnicos conservadores y benchmarks internacionales. No constituyen reservas certificadas bajo estándares NI-43-101 o JORC, ni representan una oferta pública de inversión. Toda decisión deberá basarse en estudios técnicos, económicos y legales desarrollados por profesionales independientes.