Paulino Villafañe: 50 años de historia y el grito de auxilio en Valle Fértil

Con más de cinco décadas de trayectoria, Paulino Nicasio Villafañe representa la historia viva de la minería tradicional en Valle Fértil. Productor de mica, cuarzo y feldespato, analiza la evolución del sector, el impacto de las crisis económicas y los desafíos que enfrenta hoy la pequeña minería en San Juan.
Por Daniela Albarez

Paulino es productor de mica, cuarzo y feldespato, su perfil bajo contrasta con una historia marcada por el esfuerzo, la constancia y una fuerte identidad familiar ligada a la actividad minera. Hoy tiene 80 años y forma parte de una de las familias más antiguas dedicadas a la producción de minerales en la zona. Su recorrido, atravesado por generaciones de trabajo en la pequeña y mediana minería, respalda cada una de sus palabras cuando habla del sector.
“La labor del minero es una de las más sacrificadas y apasionadas que existen. Para nosotros no es solo una industria: es un modo de vida, es historia y es tradición”.

Una tradición minera que atraviesa generaciones
A partir de la década del ’70, Paulino Villafañe se registró formalmente como productor minero en la provincia de San Juan. Hasta entonces, había trabajado durante años junto a su padre y sus hermanos, en un esquema familiar y artesanal que caracterizó a la minería vallefertilense durante gran parte del siglo XX.
Con el paso del tiempo, decidió expandir la actividad hacia la producción de cuarzo y feldespato, convirtiéndose en testigo directo de la evolución del sector. “Cuando empecé, salíamos muy temprano a trabajar la mica de corte con barreta, maza y punta. Eran jornadas largas y duras. Hoy las nuevas herramientas tecnológicas han facilitado algunas tareas, aunque en la minería de pequeña escala los avances todavía son limitados”, explica.

Del trabajo artesanal a los cambios tecnológicos
A diferencia de la gran minería, la actividad artesanal depende en gran medida del mercado, de la logística y del acceso a infraestructura básica.
Villafañe remarca que la tecnología no siempre llega a los productores de menor escala, quienes continúan trabajando con recursos limitados y márgenes cada vez más ajustados.
Crisis económicas y el impacto en la producción local
Lamentablemente, las distintas crisis económicas que atravesó el país desde la década del ’90 impactaron de lleno en la minería de Valle Fértil. Según Villafañe, estas situaciones lo obligaron a sostener apenas un nivel mínimo de producción para mantener a su familia.
“Hoy la actividad esta caída. En Valle Fértil quedan muy pocos productores, lo que generalmente tiene un poco más de mercado es el cuarzo, el feldespato y el carbonato de calcio que son de muy buena calidad. Lamentablemente lo que se saca no se vende mucho”, señala con preocupación.

Los minerales de Valle Fértil hoy
Actualmente Paulino y sus hijos trabajan en la mina «Cascada I», que inició su explotación en marzo de 2024. Desde entonces, «las actividades se desarrollan en la explotación a cielo abierto y mediante perforación y voladura, lo que se traduce en la explotación de bancos de producción ricos en minerales. El mineral arrancado se clasifica con una grilla a 45° y transportado hasta una playa de acopio, desde donde posteriormente es comercializado a granel con camiones contratados», comenta Paulino.

Calidad de exportación, pero con bajo valor agregado
Uno de los principales problemas del sector es la falta de infraestructura para agregar valor a la producción.
“Nuestros minerales son de excelente calidad. El cuarzo tiene entre un 98 y 99 por ciento de pureza silícica, y el feldespato alcanza hasta un 68 por ciento”.
No obstante, al no contar con plantas de molienda en el departamento, los minerales pierden origen provincial en los registros oficiales y se comercializan como productos de otras provincias, lo que reduce su valor final.

El fin de la Cámara de Productores y el peso del empleo público
Además de su trabajo como productor, Paulino Villafañe fue presidente de la Cámara de Productores Mineros de Valle Fértil. Desde ese espacio impulsó la organización del sector y la defensa de los pequeños mineros.
Sin embargo, la falta de ventas y la retracción del mercado provocaron la caída de la institución. “La cámara dejó de funcionar hace unos seis años. Era una lástima, porque estaba organizada y tenía personería jurídica, pero sin actividad minera no pudo sostenerse”, recuerda.
Como parte de su gestión como presidente, encabezó la presentación de las mejoras en la Huella Minera Troncal de Valle Fértil, un tramo clave que conecta Usno con San Agustín pasando por Los Bretes y Quimilo. El proyecto formaba parte de un plan provincial integral, gestionado por el Ministerio de Minería, que utilizaba fondos locales para optimizar y ampliar los caminos hacia zonas de producción minera.
Hace una década, la minería era el sustento directo de alrededor de 150 familias en Valle Fértil. Hoy, esa realidad cambió drásticamente. “La mayoría de esas familias terminó trabajando en la administración pública. La minería dejó de ser una opción viable para muchos”, explica.
Si bien existe una cooperativa vinculada a capitales de Buenos Aires que emplea mano de obra local, la cantidad de trabajadores es reducida y no alcanza a reactivar el entramado productivo histórico del departamento.

El futuro de la minería y el legado familiar
A pesar de su extensa trayectoria y de los años dedicados al sector, Villafañe no pierde de vista el futuro. Sus hijos trabajan junto a él y continuarán con la actividad, manteniendo viva una tradición que atraviesa generaciones. “Tenemos herramientas, estamos medianamente equipados y contamos con yacimientos importantes. Si el mercado vuelve a abrirse, podríamos retomar la actividad con más fuerza”, concluye.
El desafío del valor agregado y el arraigo local
La situación de Paulino Villafañe pone de manifiesto una problemática estructural: la fuga de valor agregado. Al no contar con plantas de molienda locales, el mineral de Valle Fértil se vende «en bruto», lo que reduce drásticamente el precio de venta y, por decantación, el impacto de las regalías que retornan al departamento. Esta realidad, sumada a la falta de mercados consolidados, empuja a las familias mineras hacia el empleo público, poniendo en riesgo un patrimonio cultural y productivo que ha sostenido a la región por más de 50 años. Reactivar la minería no metalífera no es solo una cuestión económica, es una deuda pendiente con la identidad misma de San Juan.