Minería de primer mundo con rutas de tercer mundo: el duro reclamo de los proveedores

Las lluvias del fin de semana volvieron a dejar una postal conocida en San Juan: rutas nacionales transitables con máxima precaución, banquinas erosionadas, badenes con arrastre de material y cortes preventivos en zonas clave para la actividad productiva.
Por Lucas Laciar

El último fin de semana, las precipitaciones obligaron a circular “con máxima precaución” en tramos clave de la red vial sanjuanina. El parte oficial de Vialidad volvió a enumerar badenes afectados, calzadas deterioradas y pasos comprometidos. Sin embargo, para los proveedores, transportistas y trabajadores mineros, la lluvia no es la noticia: es apenas el disparador de un problema que se repite año tras año.
Un patrón que se repite: rutas nacionales bajo “máxima precaución”
Las rutas nacionales 40, 150, 149 y 153, junto con el corredor internacional del Paso de Agua Negra, forman parte del entramado vial que sostiene gran parte de la actividad minera y productiva de San Juan. Son caminos que, cada temporada de lluvias, entran en un régimen casi permanente de advertencias, cortes parciales y circulación restringida.
El concepto de “transitable con máxima precaución” se ha vuelto una fórmula habitual en los informes oficiales. Una normalización discursiva que, en la práctica, traslada el riesgo y la incertidumbre a quienes dependen de esas rutas para garantizar turnos, relevos, servicios y abastecimiento.
“Queremos minería de primer mundo con rutas de primer mundo”

Desde la Cámara de Proveedores Interdepartamentales Mineros de San Juan (CAPRIMSA), su presidente Fernando Godoy fue contundente al describir la situación. “En San Juan queremos el beneficio de una minería de primer mundo con rutas en tercer mundo”.
Godoy enumeró tramos críticos que se repiten en cada evento climático: Angualasto, El Chinguillo, la ruta hacia Jáchal, el acceso a Iglesia por El Colorado y el trayecto entre Gualcamayo y Guanacache.
“La ruta que va a Jáchal se viene rompiendo siempre, pero estos últimos años está muy afectada. La ruta de Iglesia por el Colorado también es un desastre. En general, las rutas necesitan un mantenimiento que hay que hacerlo”.
Costos ocultos: roturas, demoras y doble impacto económico

El deterioro vial no solo implica incomodidad. Tiene consecuencias económicas directas y acumulativas para las pymes proveedoras.
“Afecta en costos: rotura de gomas, vehículos parados, demoras. Me avisan que ni los vehículos de una empresa socia podían pasar. La demora afecta y el personal que no sube también, porque es un doble costo: el de la persona que no baja y no puede ser reemplazada”.
Pero el impacto va más allá de los números, Godoy afirma que “no es solamente un costo económico, también repercute en el estado de ánimo de la persona que sube y baja del campamento, del que rompe una goma y tiene que pagarla. Esto afecta al empresario y al empleado”.
Iglesia: un problema estructural de conectividad

Desde el norte provincial, el diagnóstico es aún más crudo. Víctor Grau, presidente de AITURIC una de las cámaras empresariales más importantes de Iglesia, describió un escenario de fragilidad logística histórica.
“Iglesia tiene un grave problema estructural de logística y accesibilidad. Cuenta únicamente con dos accesos viales, uno desde Jáchal y otro por El Colorado, ambos en muy mal estado y sin alternativas reales. No hay tren, no hay conectividad aérea regular y no existe una infraestructura logística acorde a la actividad minera y turística que se pretende sostener”.
Según Grau, cada corte o deterioro vial genera una cadena de sobrecostos: roturas de vehículos, mayor consumo de combustible, horas improductivas, reprogramaciones y servicios de emergencia. “Para un proveedor local, que ya opera con márgenes ajustados, estas contingencias pueden significar perder rentabilidad o directamente quedar fuera de competencia”, afirma el referente empresarial.
Servicios demorados y decisiones en tiempo real
El último fin de semana no fue la excepción. “Se han registrado demoras concretas, servicios reprogramados y, en algunos casos, directamente imposibilidad de circular durante varias horas debido a crecientes o cortes preventivos. Esto afectó tanto a la provisión de insumos como a servicios técnicos”.
El problema, remarcó, no impacta solo en los proveedores: “Afecta a toda la cadena, incluidas las operadoras mineras, que dependen de un flujo logístico continuo, previsible y seguro”.
La logística humana: seguridad, turnos y desarraigo
Desde la mirada operativa, Nicolás De Vincenzi – Gerente de Operaciones Mineras de la empresa HUARPE Seguridad Integral, puso el foco en la dimensión humana del problema. “Lo que afecta, primero y principal, es una cuestión de seguridad. Ante las crecientes, arriesgarse no es una opción. Siempre priorizamos la seguridad del personal; nuestro trabajo termina cuando la gente vuelve a su casa”.
Las rutas cortadas alteran relevos, turnos y expectativas. “No poder cumplir con la expectativa de bajar para reunirse con los seres queridos es complicado y genera malestar. El trabajo en minería tiene mucho que ver con el desarraigo”, agrega De Vincenzi.
Incluso demoras que desde lo técnico parecen menores tienen un peso real: “Para una persona que necesita bajar de sitio, doce horas de demora es mucho”.
Emergencia permanente y planificación pendiente
Las respuestas oficiales, coinciden los actores privados, suelen ser reactivas. “Muchas veces se apela al clima o al concepto de ‘emergencia’ como explicación permanente”, señala por su parte Grau. “Pero no se trata de un reclamo coyuntural, sino de un problema estructural de larga data.”
Godoy lo resume sin confrontación, pero con claridad: “No es ir contra el gobierno. En algún momento hay que sentarse a charlar este tema y hoy es el momento. El transporte es prioridad uno; todo suma.”
Otra temporada de lluvias, el mismo debate abierto
Cada lluvia vuelve a poner sobre la mesa una discusión conocida: infraestructura vial, planificación climática y una minería que aspira a estándares internacionales, pero se apoya en rutas frágiles.
No es una catástrofe climática excepcional. Es una forma de trabajar en emergencia permanente, donde cada creciente redefine costos, tiempos, decisiones y riesgos humanos. Y donde la lluvia, una vez más, solo actúa como espejo de un problema que San Juan todavía no logra resolver.