¿Por qué la minería necesita contadores que sepan de costos y no solo de balances?

Más que especialistas en minería, el sector empieza a demandar profesionales con formación profunda en costos. Un perfil escaso en San Juan y clave para que la cadena de valor local pueda competir, crecer y sostener el empleo.
Por Lucas Laciar

Cuando uno empieza a investigar qué perfiles profesionales demanda hoy la minería en San Juan, la respuesta parece obvia: especialistas en minería, contadores “mineros”, técnicos formados para yacimientos. Sin embargo, al profundizar un poco más, y sobre todo al escuchar a quienes están dentro del sistema productivo aparece una sorpresa que cambia el eje del debate.
La minería no demanda tantos especialistas en minería como especialistas en costos. Y no solo para las empresas operadoras, sino para toda la red de proveedores que aspira a integrarse, sostenerse y crecer en la cadena de valor.
Sobre este punto dialogó con ACERO Y ROCA Jorge Luis Dávila Puebla, contador, docente universitario y consultor con amplia experiencia en gestión de costos y finanzas, quien planteó una idea tan simple como contundente: la minería es, antes que nada, un negocio de eficiencia.
Un negocio donde manda el costo
A diferencia de otras actividades, la minería metalífera opera bajo una regla ineludible: el precio lo define el mercado internacional. El oro, la plata o el cobre que se extraen en San Juan valen lo mismo que los producidos en Chile o Perú. Esa homogeneidad obliga a competir por eficiencia.
“La minería, como muchas de las actividades extractivas, obedece a un precio de un commodity”, explica Dávila Puebla. “Eso lleva a que los precios no los ponés vos como empresa, sino que lo que ponés es la producción y el mercado paga un precio determinado”.

Esa lógica empuja a las operadoras a buscar permanentemente productividad y bajos costos. Pero no lo hacen solas: trasladan esa exigencia a toda su cadena de proveedores, desde transporte y logística hasta servicios especializados.
La presión baja por la cadena de valor
Cada proyecto, más allá de sus particularidades geográficas o climáticas, responde a la misma premisa: ser eficiente. No importa si se trata de un yacimiento en el llano o de una operación en alta montaña; la presión por reducir costos es constante.
Ese mandato impacta directamente en los proveedores. Para Dávila Puebla, allí aparece el primer cuello de botella: empresas que quieren insertarse en la cadena minera, pero no cuentan con un conocimiento acabado de su propia estructura de costos.
“La única forma de asegurar un proyecto durante muchos años y que sea atractivo para que los inversores reinviertan es que sea muy eficiente y de muy bajos costos”.
La consecuencia es concreta: quien no puede justificar sus números queda fuera. Licitaciones, ajustes de precios, análisis de rentabilidad y planificación financiera dejan de ser herramientas accesorias para convertirse en requisitos básicos de supervivencia.
Costos: el saber que define quién entra y quién queda afuera
En ese punto, la figura del profesional en ciencias económicas adquiere un rol central. No desde la contabilidad normativa, sino desde la gestión.
Dávila Puebla remarca que conceptos como costos directos e indirectos, puntos de equilibrio, capacidad instalada, estructura logística o absorción de costos fijos son determinantes para competir. “Es un negocio de costos, de productividad y de bajos costos”, sintetiza.

“Un proveedor que no sabe cómo estructurar una polinómica para ajustar sus precios cuando haya variación de costos, cambios en el tipo de cambio del dólar, inflación o variaciones en la mano de obra, muy difícilmente puede ser un proveedor en el largo plazo porque se termina fundiendo o termina siendo muy caro”.
Un déficit formativo que no es coyuntural
Lejos de ser un problema reciente, la falta de especialistas en costos es, según Dávila Puebla, el resultado de años de desatención dentro de la propia profesión. “Lamentablemente es un área que se ha descuidado”, señala. “Hoy no existen muchos especialistas en costos, son muy poquitos”.
Existen especializaciones específicas, como la que se dicta en Mendoza y Córdoba, pero su alcance sigue siendo limitado. Incluso dentro de las universidades locales, las materias optativas vinculadas a costos para la gestión tienen baja matrícula.
El dato no es menor: mientras la minería demanda perfiles cada vez más sofisticados, la oferta de profesionales preparados en costos crece lentamente.
Indicadores que no figuran en los balances
La importancia del área se refleja en los propios indicadores que utilizan las grandes mineras a nivel global. Los dos principales no surgen de la contabilidad tradicional, sino de la gestión.
“El cash cost (costo directo y efectivo por onza o libra producida) y el all in sustaining cost (costo integral que incluye operación y reposición de activos) no son costos contables”, explica Dávila Puebla. “Son convenciones hechas por las mismas empresas mineras para poder comparar operaciones”.
Ambos indicadores sintetizan eficiencia operativa, capacidad de reposición de activos y sostenibilidad del negocio. Y ese mismo nivel de exigencia se traslada a los proveedores.

Tecnología, sistemas y una práctica que quedó atrás
Otro aspecto crítico es la infraestructura interna de las empresas. “Todavía hay mucha gente que va a cotizar a una minera usando un Excel”, advierte. Sin sistemas de información robustos, la toma de decisiones se vuelve limitada y riesgosa.
La gestión moderna de costos requiere bases de datos sólidas, sistemas flexibles y capacidad de análisis adaptada a cada rubro. No es lo mismo costear transporte de personas que servicios de residuos o provisión de combustibles en alta montaña.
Inteligencia artificial: apoyo, no reemplazo
En medio de este escenario, la irrupción de la inteligencia artificial abre nuevas preguntas. Para Dávila Puebla, su impacto será fuerte, pero no absoluto. “La Inteligencia Artificial va a reemplazar lo mecánico”, sostiene, pero no el vínculo humano. La interpretación del negocio, la comprensión del cliente y la traducción de los datos en decisiones siguen dependiendo del profesional.
“El cliente no es un número; el cliente es una persona y yo tengo que identificar cómo piensa y hasta dónde está dispuesto a tomar riesgo”.
Formación, especialización y futuro laboral
El mensaje final del especialista apunta directamente a quienes hoy se están formando. En un mundo cada vez más “comoditizado”, la diferenciación no pasa por saber un poco de todo, sino por dominar áreas clave. “Los generalistas van a tener trabajo, pero los especialistas van a ser cada vez más demandados”, afirma. Costos, tecnología, análisis y una impronta personal orientada al valor agregado aparecen como el combo indispensable.
Un debate que define el derrame
La minería avanza, los proyectos crecen y las inversiones llegan. Pero el verdadero derrame no se jugará solo en toneladas producidas o en exportaciones, sino en la capacidad del entramado local para adaptarse a un negocio cada vez más exigente.
En esa ecuación, la formación en costos y gestión deja de ser un tema académico para convertirse en una condición estructural del desarrollo minero sanjuanino.