Más allá del dato: cómo la escritura de un informe incide en las decisiones mineras

En la industria minera, buena parte de las decisiones estratégicas se toman a partir de informes técnicos, ambientales, productivos o institucionales. Licenciado en Letras y especialista en comunicación estratégica y escritura profesional.
Por Alexi Jerez

La importancia del «cómo» informar
Los profesionales técnicos construyen estos documentos aplicando su conocimiento experto, datos confiables y metodologías rigurosas. En ese contexto, en la práctica operativa, no es raro que informes técnicamente correctos deriven en lecturas distintas, dudas en la gestión o definiciones que se postergan más de lo previsto.
La realidad es que si no jerarquizamos la información clave o diluimos las conclusiones en textos eternos y ambiguos, generamos que las áreas técnicas y los decisores interpreten el mismo informe de mil maneras distintas.
En esos casos, el problema no es el dato ni el laburo técnico previo; la falla está en cómo organizamos ese conocimiento para que circule y la gente pueda usarlo. En minería, un contexto productivo complejo, este desajuste tiene consecuencias concretas. Se traduce en pedidos de aclaración, instancias de relectura, interpretaciones defensivas o decisiones más conservadoras ante la falta de certezas.
Comunicar también es parte del trabajo técnico
La mayoría de los profesionales técnicos no incorpora, durante su formación, herramientas sistemáticas para trabajar la escritura de informes. Ésta aparece, muchas veces, como una exigencia formal asociada al cierre de un proceso, y no como una instancia que forma parte del trabajo técnico mismo.
Esto genera dos efectos visibles. Por un lado, algunos informes que concentran una gran cantidad de información relevante, pero organizados en secciones extensas, poco articuladas entre sí, donde no siempre resulta evidente que es central y que cumple una función contextual. Por otro, una relación tensa con la escritura, especialmente entre perfiles técnicos, que enfrentan la redacción con inseguridad o la viven como un terreno ajeno, aun cuando de ese texto dependen decisiones operativas de alto impacto.
La realidad es que pensar esto solo como un tema de estilo es quedarse corto; tenemos que cambiar el chip y mirar la comunicación. No buscamos simplificar ni perder precisión, sino organizar la complejidad para que cualquier nivel de decisión pueda usar esa información.

El esfuerzo cognitivo del lector en documentos ambientales
Si pensamos en un informe ambiental, por ejemplo, que detalla exhaustivamente variables, mediciones y antecedentes normativos, pero que no explicita con claridad cuáles son los hallazgos críticos ni qué implicancias tienen para la continuidad de una operación.
El lector (un gerente, un responsable de área o un decisor institucional) debe entonces reconstruir por su cuenta el sentido del documento. No todos interpretamos ese trabajo del mismo modo. Al final, aparecen lecturas dispares y dudas sobre los resultados, lo que nos lleva a tomar decisiones con una cautela excesiva porque nos faltan certezas. El informe, en lugar de acompañar el proceso decisional, lo vuelve más costoso.
El técnico que escribe tiene que saber que cualquiera va a leer su informe fuera del contexto donde se produjo. En otras palabras, quien lee no estuvo involucrado directamente en su construcción. Y por eso el informante necesita anticipar al lector: señalar qué información es relevante, cómo se relacionan los distintos apartados y hacia dónde conduce el análisis.
Desde esta perspectiva, escribir implica también ofrecer un recorrido de lectura (una suerte de camino) que le reduzca el esfuerzo cognitivo a quien lee y que oriente la toma de decisiones.
La revisión como instancia estratégica
En muchos entornos productivos, la revisión de un informe se limita a aspectos formales: ortografía, redacción o ajustes de estilo. Pero también es necesario aplicar una revisión estratégica que opere en otro nivel. Esto va a incluir interrogar el texto desde preguntas que no siempre aparecen en la primera escritura como qué se está comunicando, a quién, con qué objetivo y en qué contexto de decisión.
Es decir, observar la coherencia global del documento, la progresión de las ideas y la claridad de las conclusiones. Obviamente, también, identificar zonas de ambigüedad que para quien escribe resultan evidentes, pero que para un lector externo no lo son.

Escribir para decidir
Resulta fundamental explicitarlo: un informe bien escrito no elimina la complejidad del proceso decisional, pero sí reduce la incertidumbre asociada a su interpretación. Permite que las discusiones se concentren en lo sustantivo y no en descifrar qué quiso decir el documento.
En minería, donde los márgenes de error son acotados y las decisiones tienen impacto económico, ambiental y social, la calidad de la escritura no es un detalle: es una variable del proceso productivo.
Asumir que escribir bien es parte del trabajo técnico implica reconocer que las decisiones no se toman solo con datos, sino con textos que organizan, jerarquizan y dan sentido a esos datos.
Perfil profesional del autor
Alexi Jerez es Licenciado en Letras y especialista en comunicación estratégica y escritura profesional. Trabaja en la revisión y optimización de informes técnicos, institucionales y socioambientales en contextos productivos, con foco en la toma de decisiones.