Un informe alerta que muchas empresas mineras “descuidan” sus planes de descarbonización

En 2026, la minería enfrenta una encrucijada crítica: no basta con extraer minerales esenciales para la transición energética, sino que las propias operaciones deben ser parte de la solución climática. Un reciente informe señala que muchas empresas mineras están quedando rezagadas con sus estrategias de descarbonización, pese a la urgencia de reducir emisiones y acelerar la electrificación de sus equipos y procesos.
Por Sergio Álvarez

Metas climáticas que no se traducen en acción
Según el informe «Powered for Change 2025 industrial descarbonización in the age of gen AI«, muchas compañías se han limitado a publicar informes de sostenibilidad o a fijar metas generales sin traducirlas en cambios operativos sustanciales, especialmente en lo que respecta a la electrificación de equipos de mina y el reemplazo de combustibles fósiles por energía limpia.
El reporte también destaca que solo un 14% de las empresas de recursos naturales está en camino de cumplir con las metas climáticas hacia 2050, un porcentaje que apenas se ha reducido desde 2024, a pesar del crecimiento de las demandas regulatorias y sociales sobre descarbonización. En muchos casos incluso, el 57% de las empresas está aumentando sus emisiones en lugar de reducirlas.

Electrificar flotas y eliminar diésel: el corazón del desafío
El reemplazo de vehículos y maquinaria minera que funcionan con combustibles fósiles por flotas eléctricas es una de las palancas más importantes para reducir las emisiones de Scope 1 y Scope 2 (directas e indirectas). El informe resalta que muchas compañías todavía operan con flotas diésel debido a limitaciones de infraestructura eléctrica en áreas remotas y a la falta de redes de alta tensión capaces de soportar grandes demandas eléctricas, obligándolas a depender de generadores fósiles.
Este atraso es particularmente urgente considerando que la electrificación reduce emisiones y mejora la eficiencia operativa y la competitividad en un mercado global que valora cada vez más los productos con huella de carbono reducida. La electrificación de equipos pesados, como camiones de extracción, palas mecánicas y sistemas de procesamiento, exige una infraestructura eléctrica robusta, redes inteligentes y fuentes de energía renovable confiables.
Otro dato alarmante que surge del informe es que el 57% de las empresas del sector no sólo no está bajando sus emisiones, sino que las está aumentando.
En este aspecto, datos de estudios sectoriales coinciden en que la electrificación es vista como un pilar fundamental para la descarbonización: un 91% de líderes mineros considera esencial la electrificación para lograr reducciones significativas de emisiones, subrayando su rol crítico para alcanzar los objetivos climáticos en minería.
La empresa minera australiana Fortescue un ejemplo de minería descarbonizada y electrificada
Fortescue ha venido realizando una inversión millonaria en vehículos mineros eléctricos de XCMG por más de 400 millones de dólares estadounidenses. El pedido entregado forma la actual flota de la compañía con más de 100 cargadoras de ruedas, bulldozers, niveladoras y otros equipos alimentados por batería para las operaciones mineras de Fortescue en Pilbara hasta 2030.

Según informes procedentes de China, XCMG es el mayor fabricante de maquinaria de construcción del país. La también china BYD había presentado tres paquetes de baterías especiales para maquinaria de construcción eléctrica que permiten diferentes configuraciones de conducción. Estos packs se estrenarán en vehículos fabricados por XCMG. Como es habitual en BYD, los packs se basan en celdas LFP.
Fortescue también es pionera en soluciones de energía limpia en todas sus operaciones. La empresa se ve impulsada por el auge internacional de los minerales de tecnología verde y las energías renovables para su extracción y transporte, dos recursos que Australia Occidental posee en gran abundancia.

El rol de la información, la comunidad y la gobernanza
El informe destaca que no basta con redactar planes de descarbonización; es indispensable integrar estos planes con modelos de negocio sostenibles, transparencia en datos de emisiones y colaboración con comunidades locales y proveedores. Esto incluye prácticas como la gestión inteligente de datos de carbono, alianzas estratégicas para cadenas de suministro bajas en emisiones y la incorporación de beneficios sociales reales que aceleran la aprobación de proyectos verdes.
Adicionalmente, iniciativas público-privadas ya están tomando forma en países vecinos. Por ejemplo, en Chile se firmó un acuerdo entre el Gobierno y el sector minero para avanzar hacia la carbono-neutralidad antes de 2050, incluyendo metas claras sobre electrificación y energías renovables en el consumo eléctrico del sector.
Oportunidades y retos locales
En la región, la electrificación de la minería y la implementación de planes de descarbonización también pueden traer beneficios económicos importantes, como reducción de costos operativos a largo plazo y mayores inversiones. En Argentina, iniciativas como el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) han impulsado proyectos de cobre masivos que posicionan al país como un actor clave en la transición energética global, y al mismo tiempo exponen la urgencia de integrar estrategias climáticas robustas desde la fase de planificación.
No obstante, desafíos específicos, como la necesidad de expandir la infraestructura eléctrica en zonas remotas, ajustar la normativa ambiental y mejorar las capacidades tecnológicas de las empresas locales, son factores que deberán resolverse para que la minería pueda cumplir con sus metas climáticas sin comprometer la productividad ni la competitividad.

Electrificación, datos y transición real
En el corazón de la transición energética en minería está la electrificación de flotas y sistemas operativos, la profundización tecnológica y la gestión estratégica de datos de emisiones. El informe que acusa a las empresas de “descuidar” sus planes de descarbonización muestra que la brecha entre intención y acción es amplia.
Sin embargo, con políticas públicas claras, inversión en infraestructura eléctrica, capacitación del talento y adopción de tecnologías maduras, la industria puede transformar su modelo operativo y reducir de manera significativa su huella de carbono. El futuro de la minería, en definitiva, dependerá tanto del acceso a minerales como de la capacidad de operar de forma baja en emisiones, sólida y sostenible.