Vaca Muerta no es todo: el plan para reactivar pozos convencionales y ganar millones

En el complejo tablero energético argentino, la discusión suele simplificarse en una falsa dicotomía: apostar al futuro de Vaca Muerta o sostener el pasado de los yacimientos tradicionales.
Por José Luis Dalla Gassa, tecnólogo industrial

Argentina posee una combinación que pocos países ostentan: uno de los mejores recursos de shale a nivel global junto a una de las redes de instalaciones convencionales más extensas de América Latina. No se trata de reemplazar el motor del crecimiento incremental que representa el no convencional, sino de no apagar el «motor olvidado» que sostiene la base del sistema.
El declive de las cuencas y el costo social de la desinversión
Para entender el porqué de esta urgencia, es necesario mirar los datos duros del retroceso. El desplazamiento masivo de capital hacia el shale ha dejado «silenciosas» a regiones enteras. La Cuenca del Golfo San Jorge ha perdido una capacidad de producción de 270.000 barriles por día respecto a su pico histórico, mientras que la Cuenca Cuyana en Mendoza opera hoy a niveles mínimos de entre 20.000 y 25.000 barriles diarios.
Este fenómeno no es solo una estadística de producción; es un golpe al federalismo productivo. El abandono de estos pozos ha provocado la pérdida de más de 12.000 puestos de trabajo directos y el cierre de decenas de pymes locales que constituían el tejido social de pueblos petroleros en Santa Cruz, Chubut y Mendoza.
La reactivación permitiría capturar un valor estimado de entre USD 1.000 y 1.800 millones anuales adicionales, dinero que hoy queda atrapado bajo tierra por falta de una mirada técnica integradora.

Tecnología EOR 4.0 o cómo aplicar fracking inteligente en pozos viejos
La pregunta fundamental es como volver a hacer rentables estos pozos. La respuesta reside en la ingeniería de Recuperación Mejorada (EOR) y tratamientos fisicoquímicos de última generación. A diferencia del fracking masivo, estos métodos se enfocan en la eficiencia por pozo utilizando biosurfactantes, polímeros y sistemas de activación por protones que reducen la tensión interfacial y liberan el crudo atrapado en los poros de la roca.
Estas intervenciones presentan un payback (retorno de inversión) excepcionalmente corto, que oscila entre los 6 y 24 meses. Al aprovechar pozos e infraestructura ya existentes, el costo de capital (CAPEX) es prácticamente cero en comparación con la perforación de un pozo horizontal en Vaca Muerta, que demanda entre USD 9 y 13 millones.
Cada pozo viejo se convierte en un laboratorio de alta rentabilidad, permitiendo una recuperación incremental de hasta el 20% en yacimientos que se daban por agotados.

Eficiencia de capital: cuánta energía se recupera por cada dólar invertido
El análisis comparativo de costos revela una oportunidad económica sin precedentes. En términos de eficiencia de capital (USD/MMBtu), la reactivación inteligente puede ser de 2 a 6 veces más eficiente que el shale. Mientras que el costo del gas de shale se sitúa entre 0,8 y 1,8 USD/MMBtu, en proyectos de reactivación y EOR escalados, el costo cae drásticamente a un rango de 0,3 a 0,4 USD/MMBtu.
Esta ventaja financiera es el motor que permitiría reducir las importaciones energéticas de forma inmediata. Al no depender de las gigantescas logísticas de arena y agua que requiere el fracking masivo, los tiempos de puesta en producción se reducen de años a meses.
La reactivación no compite por el capital del shale, sino que ayuda a financiarlo al generar flujo de caja rápido con baja inversión inicial, permitiendo que las operadoras medianas y pymes recuperen protagonismo en el sector.

Sustentabilidad y huella hídrica en los yacimientos de tipo Brownfield
El para qué de esta estrategia también responde a las crecientes demandas ambientales globales. La reactivación de campos maduros (Brownfield) tiene una huella ambiental significativamente menor por barril producido. Mientras un pozo de Vaca Muerta requiere entre 10 y 20 millones de litros de agua dulce iniciales, una intervención de reactivación inteligente utiliza apenas entre 50.000 y 300.000 litros.
Además, el costo ambiental residual —vinculado al manejo de agua de formación y residuos— se reduce de los USD 2-6 por barril en el shale a apenas USD 0,3-1,5 en el convencional reactivado.
Producir energía con menor impacto hídrico y aprovechando lo ya construido no es solamente una decisión económica, sino una postura ética frente al recurso.