Soberanía tecnológica: el plan para que Sudamérica deje de ser solo exportadora de rocas

La transición energética global posiciona a Sudamérica en el centro de la escena. Luis Antonio Leiva Olea, docente y especialista, desglosó para ACERO Y ROCA la nueva Estrategia Nacional de Minerales Críticos. A través de su análisis, Leiva Olea explica por qué la riqueza geológica no garantiza el éxito económico y cómo la región debe transformar su modelo para no quedar atrapada en la exportación básica.
Por Yenhy Navas

La hoja de ruta de Chile como espejo para la minería argentina
El escenario actual para el subcontinente es una paradoja. Por un lado, Sudamérica posee distritos vitales de cobre y litio. Por otro lado, el experto señala que la región aún no convierte esa ventaja natural en potencia tecnológica.
«Ese liderazgo geológico no se traduce automáticamente en liderazgo económico. Seguimos insertos en cadenas de valor de forma asimétrica», detalla Leiva Olea. En consecuencia, el problema no es la falta de minerales, sino la capacidad de gobernarlos con estrategia, superando brechas en innovación y capital humano.

Hoja de ruta chilena: Un modelo para Argentina
En cuanto a la relevancia del plan chileno para países como Argentina, Leiva Olea sostiene que el valor principal está en la metodología de planificación. El enfoque propone un cambio radical: dejar las políticas reactivas y adoptar una visión de largo plazo.
El especialista destaca que esta hoja de ruta prioriza minerales según su rol geopolítico. «Para Argentina, esto es especialmente relevante en el contexto del litio y el cobre de la cordillera», afirma. De este modo, el desarrollo minero sólido solo nace de la coherencia entre exploración, regulación y sostenibilidad. Sin estos elementos, el crecimiento resulta frágil.
Soberanía tecnológica: el conocimiento como verdadero recurso natural
La soberanía ya no es solo controlar el yacimiento. Leiva Olea es tajante: «La soberanía minera hoy debe entenderse como soberanía tecnológica y de conocimiento«. Para lograrlo, propone fortalecer las capacidades internas en procesamiento avanzado y minería digital.
Efectivamente, cuando el conocimiento queda fuera del territorio, el recurso pierde soberanía. El polo tecnológico se construye exportando patentes y capacidad humana, no solo toneladas de roca.
El valor del cobre y el litio en la región
Asimismo, el ingeniero prefiere hablar de un sistema interconectado. El cobre sostiene la electrificación mundial y el litio es el eje de la movilidad eléctrica. No obstante, la competencia no se definirá por volumen. «La verdadera competencia será por cómo se produce: eficiencia hídrica, baja huella de carbono y procesos sostenibles«, explica.

Sostenibilidad y comunidades: las claves de la nueva licencia social
La investigación de Leiva Olea busca superar la relación tradicional entre mina y entorno. El «desarrollo territorial integrado« busca que los beneficios no sean sólo empleos temporales. Por el contrario, deben traducirse en formación técnica y proveedores regionales fuertes.
«Cuando la minería se inserta en una estrategia territorial, las comunidades la integran como un proyecto de largo plazo», señala. Por lo tanto, esta integración es la base de la legitimidad social, un factor tan crítico como la viabilidad económica.

Integración binacional y el futuro de la innovación
Finalmente, Leiva Olea destaca el potencial de una mirada compartida entre Chile y Argentina. Muchos distritos no responden a fronteras políticas. Una cooperación binacional permitiría optimizar logística e infraestructura.
«La cadena de valor no debe pensarse país por país, sino como un ecosistema regional«, afirma. La innovación local es la clave, pues responde a la altura y la escasez hídrica de la zona. En definitiva, la minería del siglo XXI solo se justifica si deja un legado de conocimiento para las próximas generaciones.