Yaw Kissi: «La verdadera batalla de la minería no está bajo tierra, sino en los contratos»

En diálogo con ACERO Y ROCA, el escritor y pensador del Sur Global Yaw Kissi analiza el rol estratégico de África en la minería global, la transición energética y la persistencia de un modelo extractivo que reproduce estructuras coloniales y limita la soberanía real sobre los recursos.
Por Luciana Vignoli

Para Yaw Kissi, la soberanía mineral y el desarrollo van de la mano con la capacidad de procesar recursos en origen. Imagen de Acero y Roca
Para Kissi, la minería en África es uno de los pilares invisibles de la economía contemporánea. “África ocupa una posición crítica, pero infravalorada, en el sistema mineral global”, afirma, al tiempo que subraya que gran parte de los minerales estratégicos que sostienen las economías modernas provienen del continente africano.
África en el sistema mineral global
Los datos respaldan esa afirmación. “La República Democrática del Congo produce más del 70 por ciento del cobalto del mundo. Guinea produce aproximadamente un tercio de la bauxita global y Namibia y Níger se encuentran entre los principales productores de uranio del planeta”, afirma Kissi. Sin embargo, esta centralidad geológica no se traduce en control sobre la cadena de valor ni en desarrollo industrial.
“África no es marginal en cuanto a los minerales a nivel mundial. África es estructuralmente central, pero económicamente marginada”, advierte.
Según Kissi, el problema no es la falta de recursos, sino la posición que África ocupa dentro del sistema minero global. “La mayoría de los países africanos exportan minerales en bruto y luego recompran productos terminados a un precio mucho mayor”, explica. En ese esquema, el continente queda relegado al tramo más débil de la cadena de valor, donde las ganancias son menores y los riesgos económicos, sociales y ambientales son mayores.

Transición energética, minerales críticos y control del poder
En el marco de la transición energética global, Kissi advierte que “No se trata de energía verde, sino de control de minerales”. Vehículos eléctricos, baterías, paneles solares, turbinas eólicas, centros de datos y tecnologías digitales dependen de minerales críticos extraídos en África.
“Sin África, la transición energética se ralentiza de inmediato”, sostiene. Aun así, el continente permanece prácticamente excluido de actividades clave como la fabricación de baterías, la fundición a gran escala y la producción de componentes industriales. “África proporciona la materia prima, mientras otros convierten ese poder en dominio industrial”, sintetiza.
Esta dinámica, señala Kissi, reproduce un patrón histórico de dependencia: exportación de recursos sin captura significativa de valor agregado, mientras las decisiones estratégicas y los beneficios se concentran fuera del continente africano.

Riqueza mineral sin desarrollo económico
La abundancia de recursos naturales no garantiza desarrollo. Kissi señala que “muchos países africanos ricos en minerales continúan enfrentando desempleo estructural, infraestructura deficiente y servicios públicos precarios. La minería es intensiva en capital, genera pocos empleos directos, presenta ingresos volátiles y suele atraer corrupción en contextos institucionales débiles”.
Incluso los casos citados como relativamente exitosos muestran límites claros. Al referirse a Botsuana, aclara que “su desempeño no se explica sólo por los diamantes, sino por instituciones sólidas y una gestión disciplinada. Los minerales pueden financiar el desarrollo, pero no crean el desarrollo por sí solos”.

Un modelo minero con estructura colonial
El especialista sostiene que el modelo extractivo vigente reproduce, en gran medida, el modelo colonial, a lo que él define como colonización verde. “Este sistema era simple: extraer materias primas en África, procesarlas en otro lugar y vender productos terminados de regreso al continente”, recuerda.
Aunque hoy los Estados africanos son formalmente independientes, la estructura de poder permanece intacta. “El modelo minero ya no tiene apariencia colonial, pero mantiene esa estructura. Es una antigua extracción con un nuevo lenguaje”, sentencia.
El control ya no se ejerce sobre el territorio, sino sobre contratos, datos geológicos, tecnología, financiamiento y sistemas de fijación de precios.
Según Kissi, los errores se repiten de manera sistemática: negociaciones desde la urgencia, falta de monitoreo independiente, exportación exclusiva de materias primas y uso ineficiente de la renta minera. “las mayores pérdidas no ocurren en las minas, sino en las decisiones políticas y en instituciones débiles”.
Soberanía mineral y poder de negociación de los Estados
La soberanía mineral es uno de los ejes centrales de su análisis. Para Kissi, no alcanza con la propiedad formal de los recursos. “La soberanía mineral no es una declaración. Es capacidad, cumplimiento y visión a largo plazo”, explica.
La soberanía mineral implica decidir si se extraen los minerales, cómo se extraen, hacer cumplir normas ambientales y laborales, renegociar contratos injustos y utilizar la renta minera para construir otros sectores productivos.
El caso del cobalto y la respuesta estatal
Como ejemplo usa el caso de República Democrática del Congo que“reclasificó el cobalto como «mineral estratégico» y aumentó las regalías. Esto fue un intento de recuperar el control sobre la distribución del valor. Pero la soberanía sin ejecución no tiene sentido”.

Lingotes de oro, supuestamente de contrabando, incautados por las Fuerzas de Apoyo Rápido sudanesas en Jartum en 2019. Imagen: Mohamed Nureldin Abdallah -Reuters
La relación entre los Estados africanos y las multinacionales mineras está marcada por una profunda asimetría. Mientras las empresas cuentan con equipos legales, técnicos y financieros globales, muchos países operan con reguladores subfinanciados, datos incompletos y fuerte presión política. A esto se suma la competencia entre países africanos por atraer inversiones, lo que debilita aún más la capacidad de negociación colectiva.
“La debilidad de África no es la falta de recursos. Es la fragmentación y el poder de negociación desigual”, advierte Kissi.
Impacto social y ambiental de la minería en África
En este sentido, Kissi describe un patrón recurrente: tierras restringidas, contaminación del agua, aumento del costo de vida y profundización de los conflictos sociales. “La minería a menudo crea una economía fronteriza dentro de un país: riqueza dentro de la concesión, pobreza fuera de ella”, advierte.
“El objetivo de una buena política minera no es minar para siempre. Es superar la minería”,
En el plano ambiental, subraya que la destrucción del agua es uno de los daños más graves y persistentes. “Los impactos ambientales de la minería pueden durar entre cincuenta y cien años, incluso después del cierre de una operación”, señala.

Minería, futuro y disputa geopolítica
Para finalizar, Yaw Kissi deja una definición que sintetiza su mirada: “África no es pobre porque carece de recursos. África sigue siendo pobre porque exporta energía bruta e importa energía elaborada. La verdadera batalla no está bajo tierra. Está en los contratos, las instituciones, el conocimiento y el coraje político”.
¿Qué puede aprender San Juan de la mirada de Kissi?
La reflexión de Kissi sobre la soberanía mineral y desarrollo resuena con fuerza.
Mientras la provincia celebra la llegada de grandes capitales bajo el paraguas del RIGI, el pensador africano deja una advertencia silenciosa: la riqueza no está solo en el pozo, sino en el control de la información y la calidad de las instituciones. En definitiva, el desafío local para este 2026 no es solo extraer cobre o litio, sino evitar que la urgencia por la inversión opaque la construcción de una cadena de valor que quede en casa cuando los precios de los commodities decidan bajar.