La redefinición estructural de la minería en el mundo y el nuevo orden industrial

En su libro “La Minería ha Muerto. Larga Vida a la Minería Geopolítica: Por qué los Minerales Críticos y el Poder Estratégico Definirán el Nuevo Orden Global”, la analista Marta Rivera Muñoz, coautora junto a Eduardo Zamanillo, plantea que la minería dejó de ser un sector periférico para convertirse en la base material del nuevo orden económico e industrial.
Por Luciana Vignoli

Marta arranca la entrevista con una frase contundente:
“Durante mucho tiempo la minería fue vista como un silo independiente, desconectado simbólicamente del resto de la economía, cuando en realidad está físicamente presente en todo. Ese desacople debilitó su legitimidad pública y la empujó a una narrativa defensiva. Se convirtió en esto de pedir perdón por existir”.
Del aislamiento sectorial a la centralidad sistémica global
El cambio de paradigma se inscribe en transformaciones geopolíticas de gran escala. La concentración del refinamiento de minerales en China, el resurgimiento de políticas industriales en distintas potencias y las disrupciones provocadas por la pandemia reubicaron a los recursos minerales en el núcleo de las cadenas de suministro globales.
“Estamos regresando de una economía predominantemente financiera a una economía nuevamente industrial. En ese contexto, la minería es la base material de todo lo que conocemos”, afirma.
Desde esta perspectiva, la minería deja de entenderse solamente como extracción y pasa a ser un fenómeno sistémico que atraviesa dimensiones políticas, tecnológicas, sociales y económicas. Su alcance, además, excede ampliamente la transición energética: involucra defensa, inteligencia artificial, infraestructura, salud y alimentación.

Riesgos estratégicos y el desarrollo de la cadena de valor
Ignorar esta reconfiguración implica un riesgo concreto para numerosos países. “Si no se entiende bien el momento que estamos viviendo, muchos pueden perder oportunidades. Lo que se está abriendo son verdaderas ventanas de desarrollo”. El punto crítico es avanzar más allá del extractivismo primario.
“No basta con explotar y extraer. Hay que desarrollar la parte intermedia y final de la cadena: refinamiento, tecnología e industrias basadas en minerales”.
Para América Latina, esto configura una coyuntura excepcional. La región concentra recursos estratégicos, pero su capacidad de capturar valor dependerá de estabilidad política, reglas claras y planificación de largo plazo.
La minería, recuerda la analista, es una industria de ciclos extensos: “La incertidumbre legislativa impacta directamente en las decisiones de inversión”.

Legitimidad social: la condición indispensable para el sector
La relación entre minería y sociedad aparece como uno de los ejes decisivos. Rivera Muñoz distingue entre licencia social y legitimidad social: esta última surge cuando las personas comprenden de manera consciente la importancia de la actividad en su vida cotidiana. “Cuando las personas entienden la importancia real de la minería en su vida cotidiana, comienza la legitimación”, explica.
Rivera Muñoz también subraya la necesidad de diferenciar la minería formal de prácticas ilegales o precarias que distorsionan la percepción pública. Muchas veces, señala, el imaginario colectivo asocia la minería a tragedias o accidentes que “no representan a la minería industrial que opera con estándares de seguridad y control ambiental”. Aquí es donde la comunicación se vuelve entonces determinante.
“Existen planes de sustentabilidad robustos, pero la narrativa sectorial no logró conectar con el aporte real de la minería a la vida moderna. Explicar qué es la minería, qué tipos existen y cuáles son sus impactos concretos aparece como una condición necesaria para construir legitimidad”.
Demanda creciente y el surgimiento de un nuevo orden industrial

La presión sobre los recursos minerales responde a múltiples vectores simultáneos: infraestructura digital, tecnologías avanzadas, defensa y exploración espacial. El resultado es una demanda sostenida que reconfigura el mapa económico global.
“La demanda ya existe y es mayor de lo que se pensaba. Es como un río: lo encauzás o se desborda, porque el río viene”.
En paralelo, la competencia internacional se intensifica. China consolidó posiciones en refinamiento y procesamiento, mientras otras potencias aceleran estrategias de aseguramiento de suministro. El tablero geopolítico se encuentra en plena mutación.
Hacia una redefinición estructural de la actividad
“La Minería ha Muerto..» no propone un eslogan, sino una redefinición conceptual. El libro plantea que el verdadero debate consiste en cómo insertarse estratégicamente en una economía global que vuelve a industrializarse.
Porque la minería del siglo XXI ya no se juega únicamente en los yacimientos, sino en la arquitectura misma del poder económico global y comprender esa transformación, sostiene la autora, es la condición para no quedar al margen de una disputa que ya está en marcha.