La «ecuación imposible»: por qué la minería prefiere revivir minas muertas antes que explorar

La «ecuación imposible» de los nuevos proyectos amenaza con dejar a la transición energética sin combustible antes de arrancar. Felipe G. Coto, PhD en Ingeniería y exdirectivo de HUNOSA, analiza por qué la industria europea ha dejado de buscar nuevos yacimientos para centrarse obsesivamente en revivir minas dadas por muertas.
Por Yenhy Navas

En la industria minera actual se respira una paradoja inquietante: mientras la demanda global de minerales críticos se dispara a niveles históricos, la exploración de nuevos yacimientos, los llamados proyectos Greenfield, parece estar en vías de extinción en Europa. Ya no se trata de una falta de ambición geológica, sino de una estrategia de supervivencia financiera.
Para entender este fenómeno que redefine el tablero energético, en Acero y Roca conversamos con Felipe G. Coto, una voz autorizada que combina la experiencia técnica del laboreo de minas con la visión estratégica de la transición energética. Su diagnóstico es contundente: la burocracia y la polarización social han convertido a la exploración tradicional en una misión casi imposible, obligando al sector a volcarse hacia el Brownfield, o el arte de exprimir con alta tecnología las viejas cicatrices de la tierra.

Felipe G. Coto: «Sin Greenfields, la transición energética se quedará sin combustible».
Trámites, leyes y rechazo social: los tres jinetes que frenan al Greenfield
¿Por qué la minería ha guardado los mapas de exploración? Según explica Coto, la inviabilidad de los proyectos Greenfield hoy en día no es un «mito retórico», sino la consecuencia directa de una ecuación de riesgo que espanta a los inversores.
El experto detalla tres variables críticas que, al interactuar, frenan cualquier iniciativa desde cero:
- Trámites eternos: Los plazos administrativos y el riesgo regulatorio disparan el costo financiero antes de mover la primera roca.
- Restricciones sobredimensionadas: Las normativas ambientales y urbanísticas reducen los márgenes de retorno hasta hacerlos inviables.
- La barrera social: La falta de confianza ciudadana y la polarización actual no solo dificultan los acuerdos tempranos, sino que a menudo terminan judicializando y cancelando proyectos.
«No es un solo factor, es la combinación de riesgo de capital, requisitos ambientales y oposición social la que desincentiva estos proyectos», afirma Coto. Basta mirar el mapa de España para encontrar ejemplos dolorosos de esta parálisis: el yacimiento de oro en Salave (Asturias) o el proyecto de uranio en Salamanca, ambos frenados o judicializados pese a su potencial estratégico.
El despertar tardío de Europa

La raíz de este estancamiento no es nueva. Coto sitúa el punto de inflexión en la década de 1970, cuando Europa implementó una legislación ambiental rigurosa que, si bien necesaria, marcó el fin de la autosuficiencia minera del continente. Sin embargo, el escenario se agravó drásticamente entre 2008 y 2020.
Los números son elocuentes: Europa pasó de identificar 14 materias primas críticas en 2011 a 34 en 2023. La vulnerabilidad estratégica es evidente, pero la respuesta administrativa no ha estado a la altura. «Los tiempos de tramitación llegaron a 5-10 años solo para permisos, y entre 15-20 años desde el descubrimiento hasta la primera tonelada comercial», detalla el ingeniero.
Aunque la reciente Ley de Materias Primas Críticas (CRMA) intenta corregir el rumbo fijando plazos máximos de 27 meses para la extracción, la realidad es que los marcos legales nacionales no se han adaptado a la urgencia. «Europa llega tarde, y ese retraso condiciona severamente nuestro margen de maniobra actual», sentencia Coto.
Cómo la tecnología transforma el descarte en mineral crítico
Ante la imposibilidad de abrir nuevas puertas, la industria ha optado por reabrir las viejas. Pero reactivar una mina no es tarea sencilla; transformar «minas dadas por muertas» en activos productivos requiere una ingeniería de altísima complejidad.

Hablamos de procesar minerales de baja ley o con distribuciones heterogéneas que décadas atrás se consideraban estériles. Coto ilustra este desafío con casos emblemáticos:
- Rio Tinto: Donde se trabaja sobre labores con más de un siglo de antigüedad, muchas veces sin planos fiables de las galerías existentes.
- Neves-Corvo (Portugal): Donde hoy se procesan minerales con leyes del 0,6%, una concentración que hace 20 años «no justificaba ni el análisis de laboratorio».
Para lograrlo, el sector se apoya en tecnologías de punta: sensores avanzados de perforación, geomodelado con Inteligencia Artificial y técnicas metalúrgicas de recuperación secundaria. Es una minería quirúrgica, intensiva en capital y conocimiento, diseñada para operar donde la geología fácil ya se agotó.
Porqué los Brownfields no alcanzan para el litio y el cobre
La pregunta inevitable es: ¿Alcanza con reciclar y exprimir lo viejo? La respuesta de Felipe G. Coto es un rotundo no. Si bien el modelo Brownfield ofrece menor incertidumbre y plazos más cortos, aportando quizás entre el 50% y el 70% de la oferta a medio plazo, es insuficiente para la ola que se viene.
Las proyecciones son abrumadoras: se estima que la demanda de litio se quintuplicará para 2030-2050, mientras que la de cobalto y tierras raras crecerá entre un 50% y un 60%. «Los brownfields por sí solos no pueden generar ese volumen de recursos», advierte el especialista.
La conclusión es lapidaria: «Sin greenfields, la transición energética se quedará sin combustible antes de arrancar». Es un parche necesario, sí, pero no sustituye la necesidad imperiosa de volver a explorar.
El equilibrio necesario: Redefinir, no renunciar
Para Coto, quien lideró la transición en el Grupo HUNOSA, el futuro no pasa por elegir entre minería o sostenibilidad, sino por integrarlas en un equilibrio dinámico. Su experiencia cerrando minas de carbón mientras se abrían nuevos usos para el territorio (geotermia, hidrógeno verde, reconversión industrial) demuestra que es posible.

El camino exige apoyar los proyectos locales de minerales críticos, potenciar la minería urbana y el reciclaje, y sobre todo, recuperar la exploración con garantías ambientales y sociales desde el minuto cero. España, de hecho, ha comenzado a impulsar su primer programa nacional de exploración en 50 años.
La tecnología jugará, nuevamente, un rol vital. La incorporación de hidrógeno verde en el transporte interno de mina y el uso de renovables en procesos electrometalúrgicos reducen costos operativos y son la llave para recuperar esa licencia social perdida, demostrando que la minería del futuro puede ser limpia, segura y, sobre todo, posible.