Los regantes denuncian recortes de agua y falta de financiamiento

Eduardo Garcés, dirigente viñatero y referente de los regantes sanjuaninos, denuncia que esta temporada los productores recibirán menos agua y deberán enfrentar más de 100 días sin riego. A su vez, expone un proyecto que ayudaría a solventar problemas hídricos, pero reclama la imposibilidad de acceder a financiación.
Por Lucas Laciar

Mientras los productores de uva, almendros y semilleros de la provincia encaran una de las temporadas más difíciles de los últimos años, con una entrega oficial de apenas 633 hectómetros y 142 días sin agua por delante, los diques acumulan más de 630 hectómetros por encima de la cota mínima de riego. ACERO Y ROCA dialogó con Eduardo Garcés, dirigente viñatero y uno de los referentes más activos del sector, quien expuso con números la crisis actual y presentó un proyecto técnico de entubamiento de canales que lleva años esperando que alguien financie.
Una temporada que empezó mal y terminó peor
El punto de partida de la crisis actual es meteorológico. El pronóstico oficial para esta temporada indicaba la llegada de 934 hectómetros de agua desde la cordillera, una cifra que llevó al gobierno a comprometer una entrega de 700 hectómetros a los productores, similar a la del año anterior.
Pero la cordillera no cumplió. «La primavera fue muy fría por las noches, por lo que la nieve no se derritió en ese período. Cuando finalmente llegó el calor, se produjo un fenómeno llamado sublimación: la nieve, en el momento en que debía derretirse, se evaporó directamente. Por eso hubo tantas tormentas en la cordillera», explica Garcés.
El resultado fue una caída abrupta en el caudal disponible. «En enero y diciembre apenas llegaban 20 metros cúbicos por segundo», detalla. Ante esa emergencia, el gobierno redujo la cantidad de agua acordada.

Del compromiso de 700 a los 633 hectómetros: una promesa incumplida
A mediados de noviembre, trascendió que el gobierno evaluaba bajar la entrega a 630 hectómetros. «Se armó un revuelo. Hidráulica se llenó de gente; había mucha presencia policial y no me dejaban entrar», recuerda Garcés. Asimismo, relata que en esa reunión, el ministro de Producción, Gustavo Fernández, junto al secretario de Agricultura, Ganadería y Agroindustria, Miguel Moreno, y los directores del área Juan Carlos Hidalgo (Desarrollo Vitivinícola) y Alberto Gallardo (Contingencia Climática y Registro Productor), aseguraron que la información era errónea y ratificaron los 700 hectómetros prometidos, añade.
Pero en diciembre volvieron a hablar de 633. Y la semana pasada lo confirmaron oficialmente: 633 hectómetros para toda la temporada y 142 días sin agua. «Hoy en la reunión nos confirmaron que no habrá 700 hectómetros, así que nos levantamos todos y nos fuimos», relató Garcés sin ocultar la bronca.

El costo de la sequía: granos más chicos y una pérdida del 40% en kilos
El impacto ya se siente en el campo. En su propia finca de 15 hectáreas, Garcés pudo dar apenas dos riegos completos y tres a la mitad desde septiembre, cuando lo habitual son seis o siete por temporada.«El resultado es que tengo uva con granos de 10 milímetros de diámetro cuando lo normal serían 16 milímetros. Esa diferencia de tamaño significa un 30% o 40% menos de uva en kilos», describe. «Estamos cosechando mucho menos de lo que deberíamos, porque cortan el agua para mantener los diques por el turismo o el deporte«, denuncia.
La agroindustria es uno de los motores más relevantes de la economía argentina. Aporta más del 15% del PBI, genera más de dos millones de puestos de trabajo y significa cerca del 65% de las exportaciones del país.
El dilema de los diques: ¿Riego agrícola o generación eléctrica?
Uno de los puntos más llamativos que plantea Garcés tiene que ver con las cotas mínimas de los diques, es decir, el volumen de agua que el sistema debe mantener como reserva intocable.
«Yo estuve cuando se puso la piedra fundamental del dique de Ullum. El manual del usuario decía que el dique debía tener 32 hectómetros como mínimo para evitar problemas con las crecientes y los descargadores de fondo», recuerda.
Con la incorporación de los diques Punta Negra y Caracoles, los mínimos se fijaron en 20 hectómetros para cada uno. Hasta ahí, la lógica era técnica y estructural.

Pero algo cambió. «Hace unos años se decidió que la cota mínima entre los tres diques debía ser de 285 hectómetros, y recientemente la subieron a 585 hectómetros», señala Garcés. Y agrega: «He pedido estudios que justifiquen esta razón, porque curiosamente esa cifra coincide exactamente con la cota de generación eléctrica de todos los diques. No es por un posible daño estructural, sino para tener los diques listos para generar energía, algo que cuando se hicieron las obras nos dijeron que era una cuestión secundaria frente al riego».
Entubamiento de canales: la solución técnica que espera financiamiento político

Garcés lleva años empujando una propuesta técnica que, según él, resolvería de raíz el problema histórico del riego en San Juan: el entubamiento de los canales principales. El proyecto lo entregó en mano al gobernador Marcelo Orrego, cuando todavía no había asumido.
La lógica es simple pero poderosa. Hoy, para llevarle 200 litros de agua a un productor en Sarmiento, hay que soltar unos 5.000 litros en el canal, porque el resto se pierde por infiltración en el camino. Con los canales entubados, si se sueltan 100 litros en el dique, llegan 100 litros al destino.
Beneficios del entubamiento
Este sistema elimina el desperdicio y paralelamente genera presión natural aprovechando la diferencia de altura entre los diques y las fincas. «Actualmente necesitamos 3 kilos de presión. Este sistema podría dar hasta 10 kilos por nivel», explica Garcés. Eso significa que el agua llegaría presurizada directamente a la puerta de cada finca, abaratando radicalmente el costo de tecnificación para el productor.
«Poner riego por goteo cuesta unos 3.500 dólares por hectárea. Si el Estado entrega el agua presurizada en la puerta de la finca, ese costo baja a 2.000 dólares, porque el productor no necesita bombas ni electricidad», detalla. Además, propone un sistema de medición individual similar al de la electricidad: cada productor tendría un medidor y una llave. Cuando se agotan los hectómetros asignados, se cierra. Si alguien rompe el precinto, pierde el agua por un año.
La respuesta del gobernador fue clara: apoyo político, pero sin financiamiento. «Orrego me dijo: ‘Eduardo, yo te apoyo, pero no hay plata’. Yo le respondí que busquemos los recursos en las regalías mineras o donde sea necesario, porque es la mejor forma de que el agua llegue y que se termine el desperdicio», relata Garcés. Y recuerda que el problema no es nuevo:«El gobernador anterior tampoco quiso firmar el proyecto».
La advertencia final
La postura ahora es de confrontación abierta: si no hay agua para terminar la cosecha, no habrá para nadie. «Hemos decidido que si no hay agua para nosotros, no habrá para nadie; se acabaron las contemplaciones con los semilleros o los chacareros en el invierno, si no nos dejan terminar la cosecha dignamente», advierte.
Y antes de cerrar, Garcés dejó una frase que no necesita explicación: «No somos enemigos de la minería, pero si nos cortan el agua a nosotros, también deberían cortársela a las mineras».