La pandemia en la mina: Gualcamayo contra el COVID en la cordillera sanjuanina
Hoy hace 6 años, San Juan tuvo su primer caso de COVID-19. Mientras el pánico social aumentaba, las redes ardían, y el país se paralizaba, en la mina Gualcamayo,empezaba una batalla silenciosa: mantener viva la operación sin que el virus arrasara el campamento.
Por Lucas Laciar

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
En marzo de 2020, cuando San Juan confirmó su primer caso de COVID, la mina Gualcamayo ya estaba en alerta. Ariel Babsia, quien en ese entonces ingresó como supervisor y hoy es el jefe del área de Recursos Humanos de la operadora, reconstruye para Acero y Roca cómo improvisaron burbujas con telas, manejaron los primeros brotes y mantuvieron la operación en uno de los momentos más difíciles de la historia reciente
Eran las 20:55 del sábado 28 de marzo de 2020 cuando el entonces gobernador Sergio Uñac, publicó en «Twitter» lo que todos temían: San Juan tenía su primer caso de COVID-19.
A más de 2.000 metros de altura, en el campamento de la mina Gualcamayo, Ariel Babsia, supervisor de la operadora, llevaba apenas unos meses en su rol. No sabía que lo que se venía iba a ser la prueba más difícil de su carrera. Nadie lo sabía.
«Era un caos, no había información clara»



Babsia recuerda esos primeros días como un desastre. Lo primero que hicieron fue cambiar los rosters para reducir la rotación y los puntos de contacto con el exterior.
Tres áreas trabajaron codo a codo: Recursos Humanos, Servicios Generales y el equipo médico encabezado por Oscar Delgado. Los comedores se fragmentaron en horarios por sectores. La lógica era simple: si un área entera se contagiaba, la operación colapsaba. Había que distribuir el riesgo.
«Dividimos los campamentos para minimizar el riesgo. Me acuerdo de haber dividido el lugar con una tela para que la gente de procesos no tuviera contacto con los demás».
Una tela como primera línea de defensa

La imagen más potente es una tela dividiendo el campamento al medio. De un lado, el personal de operaciones; del otro, el resto. «Armábamos burbujas; dividimos el lugar con una tela para que el personal crítico no tuviera contacto,y además se implementaron hisopados sistemáticos antes de subir, durante la estadía y al bajar».

El primer brote: de la operación remota a las decisiones de directorio

Pronto el virus llegó a la montaña, y lo que vino después fue pura adrenalina. «Empezamos a aislar a uno y a otro. En una sola tarde, juntamos aproximadamente a 12 personas positivas«. Inmediatamente se improvisó una zona de aislamiento en un sector apartado del campamento con habitaciones individuales.
Lamentablemente, la pandemia dejó su marca más dolorosa. En total, fallecieron cinco trabajadores: tres pertenecían a la operadora y dos a empresas contratistas o proveedores. No ocurrió en el campamento, sino en sus días de descanso. Eran personas jóvenes y activas que la montaña no pudo proteger del impacto del virus en la comunidad.

La mina nunca paró

«La operación siguió con mermas y pruebas constantes, pero el resultado fue un esfuerzo colectivo en condiciones que nadie había previsto.»
Ariel Babsia, Jefe de Recursos Humanos en Minas Argentinas SA
Pese a las mermas y el aprendizaje sobre la marcha, «No se dejó nunca de trabajar», resume Babsia. Los controles estrictos se mantuvieron firmes hasta que las autoridades sanitarias flexibilizaron las exigencias.
Cinco años después, aquel inicio de la pandemia parece lejano, pero en Gualcamayo queda el aprendizaje de una gestión que priorizó la salud para que la minería no se detuviera.

Periodista y Licenciado en Comunicación Social de Acero y Roca, que cubre la actualidad política, social, económica y minera.