Walter Lino, ingeniero en minas y consultor internacional especialista en seguridad minera con más de 20 años de experiencia en megaproyectos, desafía el pensamiento tradicional. Sostiene que operar sin accidentes en el corto plazo es solo una “cultura de la sandía” que esconde señales de alarma. Advierte que en San Juan, con la llegada de Los Azules y Vicuña, hay una oportunidad única para diseñar controles duros desde el inicio y no repetir errores que ya cobraron vidas.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Para Walter Lino, la seguridad minera no se logra exigiéndole más cuidado al operario. Se logra diseñando sistemas donde el error humano sea físicamente incapaz de generar una fatalidad. Critica la “cultura de la sandía”: KPIs verdes que ocultan riesgos latentes. Propone controles duros, segregación física de flotas y un proceso de onboarding que verifique competencias, no solo charlas. Con la llegada de Los Azules y Vicuña a San Juan, dice que hay que aprovechar el momento greenfield para invertir en ingeniería segura desde el diseño, antes de que sea tarde.
Walter Lino arranca la entrevista con una autocrítica:

“No era consciente de todo lo que conlleva mantener en el centro a las personas. Más allá de lo duro o lo técnico que puede existir dentro del sector minero, pero luego me empezó a jalar la parte humana. El porqué las personas se exponen a veces de manera injusta donde inclusive hay riesgo de perder la vida”.
La mentira de los KPIs verdes: la “cultura de la sandía”
Una de las frases que mejor resume su pensamiento es también la más inquietante: operar sin incidentes no significa que el sistema sea seguro. Lino explica que en la industria pesada, minería, petróleo y gas, existe una tendencia a mostrar reportes impecables. Todo en verde. Los accidentes no pasan. Las tasas de incidentes bajan. Y los directivos se premian.
“Los líderes, mostramos unos KPIs todo en verde para tener contentos a los accionistas y a los inversionistas en los reportes. Y son las empresas globales principalmente, porque no se quieren exponer.” Pero detrás de esa cáscara verde, advierte, hay una realidad roja que tarde o temprano florece con resultados catastróficos. En Chile y Perú, esa dinámica se conoce como “cultura de la sandía”: verde por fuera, roja por dentro.

Lino pone el foco en los grandes desastres: explosiones, incendios gigantescos, fallas de presas de relave que han inundado poblaciones completas, como los casos trágicos ocurridos en Brasil. Sobre esos eventos, sentencia: “Solamente era cuestión de esperar. Estábamos jugando con las probabilidades porque no pasaba nada y todos estábamos premiándonos.”
Para ilustrar esto el especialista una una metáfora interesante: “Si el médico me dice con anticipación que yo tengo un riesgo potencial de cáncer, puedo recibir un tratamiento a tiempo. Pero a veces no nos gusta escuchar al médico diciendo que tiene que hacer una biopsia. Algunos simplemente no quieren ir al médico para no escuchar malas noticias, a pesar de que no duermen bien. En minería es lo mismo: todo está bien, no hay incidentes, pero de pronto la empresa termina teniendo grandes problemas que ya no tiene n marcha atrás.”
Barreras físicas frente a la falibilidad humana

La principal solución que propone Lino es dejar de pedirle al operario que sea más cuidadoso. En lugar de eso, hay que diseñar sistemas donde el error sea físicamente imposible de transformarse en fatalidad.
“El factor humano siempre va a fallar. Por lo tanto, los controles deben anticiparse a esos errores naturales, ya sea en el personal de alta experiencia o en plena etapa de aprendizaje. Hay que pensar en ese escenario poniéndole barreras duras”, expone el ingeniero.
Uno de los ejemplos que más le gusta es la segregación física de flotas: muros de material que separen los caminos de camiones gigantes (de hasta 300 toneladas) de los vehículos livianos. No carteles, no conos, no reglas. Una barrera de verdad.
También menciona controles redundantes. “Si falla un control, se dispara el otro, evitando arriesgar a la persona. Por último, si tenés personal expuesto pero con sistemas redundantes, el objetivo no es eliminar esa exposición, que quizás sea imposible, sino minimizar la consecuencia: que no pierdan la vida», detalla Walter.
Negociar la inversión con la mesa ejecutiva

Uno de los desafíos más grandes, admite Lino, es convencer a los directivos y a los inversores de que inviertan más en diseño y controles cuando todo parece estar funcionando. «Hace un momento tenía en mi oficina a un vicepresidente que toma grandes decisiones. Le mostraba fotos de eventos catastróficos y le explicaba que si se hubiese invertido a tiempo en un control de este tipo, que en su momento costaba pocos dólares, y se hubieran hecho las cosas bien desde el diseño, hoy no tendríamos gente expuesta innecesariamente», narra.
El lenguaje de los decisores debe ser siempre pensando en riesgos. Cualquier decisión, por pequeña que parezca, tiene que estar conectada con las consecuencias. Y cuando el diseño nace con fallas, hay que tener la humildad de parar, pedir una segunda opinión y esperar.
“Las personas o los líderes que sí aceptan este enfoque y son humildes, dejando de lado ese orgullo de ‘yo tengo 30 años operando minas y siempre lo hice así’, pueden cambiar las cosas. Ellos podrían no estar dentro de 5 años, pero ya dejaron las bases: los controles críticos en el diseño.”
Proveedores y contratistas bajo examen práctico
El consultor propone talleres prácticos: “En Chile se están desarrollando modelos donde la persona hace y verifica si realmente sabe operar un equipo, si sabe utilizar herramientas. Es como poner a niños a jugar con unos juguetes. Antes de que entren en acción, todos deberían pasar ese por proceso de generación de conciencia.”
Y advierte sobre la falsa confianza que a veces generan las empresas extranjeras con trayectoria. “Uno piensa que la empresa que viene de Chile, donde ya operó 50 años, ya sabe cómo hacer las cosas. Pero también ahí se esconden riesgos ocultos. A veces puede existir el exceso de confianza o permisividad. Pensar ‘yo ya lo sé todo’ hace que se generen accidentes.”
El escenario ideal: diseñar desde cero los proyectos locales

Con proyectos como Los Azules y Vicuña a punto de arrancar, Lino ve una ventana de oportunidad que no se puede desaprovechar. A diferencia de las operaciones brownfield, donde hay que corregir vicios y rediseñar sobre lo existente, los greenfield permiten construir la seguridad desde cero. “Si la operación parte de cero, se ha pensado el diseño para que todo el movimiento de los equipos sea autónomo completamente, sin personas. Las únicas personas expuestas estarían en talleres o en centros de control remoto.”
Pero advierte sobre los escenarios híbridos, donde conviven equipos autónomos con personas. “Ahí el riesgo no está completamente administrado. El diseño tiene que estar muy bien cuidado y verificado continuamente. Hoy la tecnología nos da para hacer vigilancias 24/7 a través de drones o robots.”
También menciona el caso de la transición de operaciones clásicas a autónomas. “Tienen que poner presupuestos para cumplir año por año, porque esto es gradual. Si quieren contar con esas cinco estrellas, van a tener que hacer inversiones gradualmente y estratégicas, con soporte de expertos”.
El hermetismo corporativo de las lecciones aprendidas
Lino termina con una reflexión amarga. A pesar de décadas de accidentes fatales en la minería mundial, el conocimiento acumulado no se comparte abiertamente. “No hay un libro de lecciones aprendidas. Y si las hay, están bajo llaves y las empresas no los abren como para poder ayudar a otras que quizá, no quieren partir de cero, sino tomar ese conocimiento previo y avanzar hacia adelante”.
Por eso, insiste, su misión es contar historias. Las que vivió y las que dibuja en sus cuadernos. Las que comparte con jóvenes ingenieros y con quienes aún tienen tiempo de diseñar un sistema donde el error humano no sea una sentencia de muerte.

Periodista y Licenciado en Comunicación Social, integra el equipo editorial de Acero y Roca. Especializado en actualidad y política minera, se encarga de la cobertura de proyectos y el análisis de la realidad provincial con un enfoque activo y comprometido con la información de primera mano.