La transición energética global depende de minerales críticos concentrados en estados vulnerables. Mariana Altieri desglosa la realidad de la República Democrática del Congo, donde la riqueza del subsuelo choca con una inestabilidad política histórica y la competencia entre potencias.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
La República Democrática del Congo concentra el 70% del cobalto mundial, esencial para baterías. Sin embargo, su debilidad institucional y conflictos con grupos como el M23 facilitan un extractivismo voraz de China y Estados Unidos, quienes intercambian seguridad por recursos, vulnerando sistemáticamente los derechos humanos en el territorio.
Una herencia colonial de sangre y el fantasma de Lumumba
Para entender el presente de la República Democrática del Congo (RDC), es imperativo revisar una historia marcada por la violencia estructural. Según explica la geopolitóloga Mariana Altieri, miembro de la Fundación Meridiano, el rol del país como proveedor de recursos estratégicos no ha cambiado desde el siglo XIX. En aquel entonces, el territorio era una propiedad privada del rey Leopoldo II de Bélgica, quien impuso un sistema esclavista para la extracción de caucho.
La especialista destaca que esta vulnerabilidad no es casual, sino un diseño histórico para facilitar el despojo. «Se llevó 10 millones de muertos, hambrunas inducidas, una política de mutilaciones, una herencia colonial muy fuerte, muy densa, muy compleja». Aunque la independencia llegó en 1960, el intento de soberanía fue breve. El líder Patrice Lumumba, primer ministro y figura de la liberación, fue asesinado a los pocos meses de asumir en un complot impulsado por Bélgica y Francia. Tras él, se impuso a Mobutu Sese Seko, un gobernante autocrático que garantizó la entrega de recursos bajo un barniz nacionalista hasta su derrocamiento en 1997 por parte de Laurent-Désiré Kabila.
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Una geografía que devora al Estado y la trampa del «Soft Law»
La fragilidad del Estado congoleño tiene un componente físico ineludible. La RDC se encuentra en el corazón de la «Rain Forest» ecuatoriana, una selva mucho más densa que la amazónica que dificulta cualquier intento de control territorial.

«Es un territorio muy complejo de gobernar por parte del Estado. Es una zona donde hay mucha inestabilidad política. Se favorece esta lógica con intereses extractivistas muy fuertes».
En este escenario de aislamiento, la minería se realiza de forma precaria, con entre 150.000 y 200.000 mineros artesanales trabajando en condiciones infrahumanas. La experta critica la ineficacia de los organismos internacionales y sus normativas de cumplimiento voluntario. Las guías de la OCDE para cadenas de suministro responsables son, en sus palabras, simples recomendaciones sin poder de coacción. «No dejan de ser eso: Soft Law. No hay nada que sea de obediencia, de cumplimiento, porque tampoco hay ningún organismo que tenga esa capacidad para obligar a cumplir». Altieri incluso señala que ciertas consultoras de riesgo geopolítico realizan un «blanqueamiento» de la situación, definiendo los conflictos según el interés comercial de las empresas.
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Goma en llamas: el M23 y la conexión con el genocidio de Ruanda
El presidente Félix Tshisekedi, reelecto en 2023, enfrenta una insurgencia que se agravó en enero de 2025 con la caída de la ciudad de Goma, en la frontera con Ruanda. El brazo ejecutor es el M23, un movimiento que, según Altieri, cuenta con apoyo probado del gobierno ruandés liderado por Paul Kagame.

Esta tensión hunde sus raíces en el genocidio de 1994 en Ruanda. La división artificial entre Hutus y Tutsis, exacerbada por el colonialismo belga al incluir la etnia en los pasaportes, derivó en una matanza de millones de personas. Cuando el ejército de Kagame tomó el poder, los perpetradores del genocidio (Hutus) se refugiaron en la frontera congoleña. «Ruanda se tomó muy en serio todo lo que pasa en Congo y empezó a financiar grupos que interceptaran a este otro grupo», explica Altieri, señalando que esta zona de conflicto permanente es funcional a las mineras que pactan con rebeldes para asegurar la extracción sin pagar impuestos al Estado.

El modelo del Sahel: seguridad por cobalto y uranio
En este río revuelto, las potencias globales despliegan estrategias de canje bilateral. Mientras China consolida su presencia mediante infraestructura y la Nueva Ruta de la Seda, Estados Unidos ha dado un giro hacia una lógica de «seguridad por recursos», similar a la que aplicó Francia en el Sahel. El Pacto de Kinshasa es la pieza maestra de esta negociación: apoyo militar contra el M23 a cambio de acceso preferencial a minerales críticos.
«Es una negociación del actual gobierno con Estados Unidos para justamente apoyo militar a cambio de minerales críticos es algo parecido a lo que se hizo con Zelenski», compara la geopolitóloga. El interés de Washington no es solo el cobalto, sino también el uranio. Un hito clave de este año, 2026, es la firma de un memorándum entre la empresa Glencore y un consorcio respaldado por el gobierno estadounidense para adquirir activos estratégicos en la RDC. Este movimiento busca desplazar la hegemonía china y asegurar el control de la energía nuclear y las baterías del futuro.

El espejo latinoamericano: ¿Hacia una «Africanización» del Litio?
Altieri es tajante al advertir que América Latina debe dejar de mirar a África con superioridad condescendiente. «Nosotros sí tuvimos grandes momentos en los que pudimos desarrollarnos. Ahí la ‘pifiamos’ porque estamos parados en una supuesta seguridad de nuestra consolidación», reflexiona. La experta vincula la explotación actual en el Congo con el pasado neocolonial del Caribe bajo la United Fruit o la Standard Oil.
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En Argentina, la falta de una estrategia nacional unificada para el litio es vista como una señal de alarma. Las provincias compiten entre sí para ofrecer mayores exenciones a empresas de India o China, debilitando la robustez del Estado. Altieri propone una alianza estratégica entre los países poseedores de recursos: «Si pudiéramos cooperar entre los que tenemos el litio y entre el que tiene el cobalto, podríamos hacer alianzas inteligentes para hablarnos frente al mundo. Solos va a ser muy difícil». Incluso menciona el caso de Indonesia, que ha logrado articular mejor la defensa de sus minerales críticos.

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De Kabila al Che Guevara: una interna sin legitimidad
Para sumar complejidad al escenario, la sombra de los líderes revolucionarios aún planea sobre el palacio presidencial. Laurent-Désiré Kabila, el líder que derrocó a Mobutu, tuvo un vínculo histórico con el Che Guevara, quien combatió en el Congo antes de su campaña en Bolivia. Actualmente, el hijo de Kabila y ex presidente, quien es senador, es acusado por el gobierno de Tshisekedi de colaborar con el M23. «Cabila venía más de una lógica de izquierda. El gobierno actual no tiene la legitimidad ni siquiera de los partidos políticos». Esta fractura interna, sumada a la incapacidad de procesar o refinar el mineral localmente, deja al Congo como un gigante con pies de barro, exportando su riqueza bruta mientras importa inestabilidad.


Periodista especializada en gestión minera, sustentabilidad y desarrollo regional. Con un enfoque centrado en la transparencia y la comunicación estratégica, analiza el impacto de la industria en las comunidades y el marco institucional del sector. En Acero y Roca, es la voz encargada de desglosar los desafíos de la licencia social y los procesos de modernización minera.