La persona más acaudalada de Australia, Gina Rinehart, se enfrenta a un cambio drástico en su patrimonio tras una decisión judicial que sacudió los cimientos de su imperio minero. Con una fortuna que se estima en los US$27.000 millones, la magnate deberá ahora desprenderse de una parte significativa de sus ingresos debido a un conflicto legal que duró más de una década.

El fin de una batalla de 13 años
Este miércoles, el Tribunal Supremo de Australia puso punto final a una disputa de altísimo perfil mediático que comenzó hace 13 años. La jueza Jennifer Smith dictaminó que Rinehart está obligada a pagar regalías, tanto pasadas como futuras, a los herederos de los socios comerciales de su difunto padre, así como a dos de sus propios hijos.
El centro de este conflicto es el proyecto Hope Downs, uno de los yacimientos de hierro más grandes y rentables de toda Australia. Actualmente, este gigante minero es operado en conjunto por Hancock Prospecting (la empresa de Rinehart) y el grupo mundial Río Tinto. El año pasado, este proyecto inyectó nada menos que US$596 millones a las arcas de la compañía de la empresaria.

El origen del conflicto: El acuerdo Hanwright
La disputa hunde sus raíces en un acuerdo redactado hace décadas por Lang Hancock, padre de Gina, y su socio comercial Peter Wright. Ambos fueron los pioneros del mineral de hierro en la región de Pilbara, Australia Occidental, y gestionaron sus intereses bajo la firma Hanwright.
Durante el juicio, que se extendió por 51 días durante el 2023, los descendientes de Wright argumentaron que Rinehart había incumplido sistemáticamente aquel acuerdo histórico, adeudándoles derechos y regalías millonarias. Finalmente, la jueza Smith determinó un reparto salomónico: «Wright Prospecting ganó la mitad de su caso y perdió la otra mitad. Y Hancock Prospecting… ha ganado y perdido, a su vez, la mitad de su caso».
Concretamente, del 2,5% en regalías que Río Tinto paga a Hancock Prospecting, la justicia decidió que la mitad le pertenece legalmente a la familia Wright.
Hijos vs madre: La interna familiar

El litigio no solo involucró a socios externos, sino que expuso una feroz interna familiar. Dos de los hijos de la magnate, Bianca Rinehart y John Hancock, formaron parte de la demanda alegando que su madre había transferido derechos mineros de manera irregular.
Según los hijos, Gina retiró activos de un fideicomiso familiar para moverlos a una rama del negocio a la que ellos no tenían acceso, privándolos de la riqueza que su abuelo quería compartir con ellos. La defensa de Gina Rinehart sostuvo que lo hizo por desconfianza hacia los negocios de su padre y para evitar que el dinero llegara a manos de Rose Porteous, la segunda esposa de Lang Hancock.
Impacto y reacciones
Si bien el tribunal desestimó el reclamo de los hijos sobre la titularidad de los derechos mineros, sí les concedió parcialmente el acceso a las regalías. Además, se sumó al reparto la familia del difunto ingeniero Don Rhodes, quien también reclamaba su parte en el éxito de Hope Downs.
Desde el entorno de Rinehart, el director ejecutivo de Hancock Prospecting, Jay Newby, intentó bajarle el tono a la derrota destacando que la titularidad del proyecto sigue firme bajo el mando de la empresa. Por otro lado, los representantes de Wright Prospecting se mostraron satisfechos por haber obtenido, «por fin», un resultado favorable.
A sus 72 años, Gina Rinehart sigue siendo una figura central y controversial en Australia. Conocida por ser una gran donante de partidos conservadores y del deporte, hoy su inmensa fortuna debe abrirse paso para cumplir con las deudas del pasado.

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