Inversiones mineras 2026: ¿que minerales serán el centro del nuevo orden económico?

La industria minera entra en 2026 en un contexto de máxima tensión geopolítica, reconfiguración de cadenas de suministro y precios récord en varios metales clave. Para los inversores, esto significa un año lleno de riesgos, pero también de oportunidades excepcionales en oro, plata, uranio, cobre y tierras raras.
Por Sergio Álvarez

Desglobalización: del modelo eficiente al modelo de seguridad estratégica
La primera gran tendencia es la deglobalización, que está reemplazando décadas de integración comercial por un mundo más fragmentado y competitivo. Las tensiones entre grandes potencias, las guerras comerciales y el resurgir del nacionalismo de recursos están reconfigurando los flujos de materias primas.
Los gobiernos priorizan ahora la seguridad de suministro por encima de la eficiencia, lo que impulsa nuevas inversiones en minería local, relocalización de cadenas de valor y mayores reservas estratégicas de minerales críticos. Esta transición contribuye a una inflación estructural más alta y sostiene el atractivo de los activos reales como el oro, la plata y otros metales ligados a la transición energética y a la digitalización.
Desdolarización y activos duros: el gran regreso del oro
Otra narrativa clave para 2026 es el llamado “debasement trade”, es decir, el movimiento de capital desde las divisas fiat (como son las monedas modernas como el euro o el dólar, no respaldadas por oro, plata u otro bien fisicoquímicas) hacia activos duros como el oro, la plata y ciertos metales estratégicos.
El elevado nivel de gasto público y deuda, especialmente en Estados Unidos, alimenta la percepción de que el valor real de las monedas se está erosionando. La deuda pública estadounidense superó los 38 billones de dólares en 2025, consolidando déficits crónicos que refuerzan el atractivo de los activos refugio.
Al mismo tiempo, la de-dollarización avanza: cada vez más países buscan reducir su dependencia del dólar y aumentan sus reservas de oro como activo neutral y políticamente menos riesgoso.

El ciclo alcista del oro respaldado por los bancos centrales
En este contexto, el ciclo alcista del oro se consolidó tras el año histórico de 2025, cuando el metal superó máximos anteriores impulsado por riesgos geopolíticos y expectativas de recortes de tipos. Para las gestoras de inversiones como Sprott, el punto de inflexión se remonta a 2022, cuando la congelación de reservas rusas llevó a muchos países a replantearse qué activos son realmente seguros.
Desde entonces, los bancos centrales han acumulado oro a un ritmo sin precedentes, con China como comprador destacado, reforzando al metal como reserva estratégica en un mundo multipolar. Informes recientes apuntan a que, según distintos escenarios macroeconómicos, el oro podría seguir ofreciendo rendimientos positivos en 2026, con rangos de revalorización estimados de entre un 5% y un 15% en escenarios moderadamente favorables.
Plata: de metal infravalorado a recurso crítico para la inteligencia artificial
La plata no solo está siguiendo la estela del oro, sino que ha iniciado su propio ciclo, apoyada en un factor clave: su doble rol como activo monetario y metal industrial crítico. Tras un 2025 histórico, con subidas de más del 100% y precios por encima de los 60–70 dólares la onza, el mercado entra en 2026 con un fuerte desequilibrio estructural entre oferta y demanda.
El World Silver Survey 2025 señala varios años consecutivos de déficit de oferta, con inventarios en mínimos de varias décadas y una producción minera que no logra crecer al ritmo necesario. La creciente demanda de centros de datos de inteligencia artificial, energía solar y electrónica avanzada ha convertido a la plata en un insumo esencial para la transición energética y la economía digital, reforzando su condición de mineral crítico.
Además, la relación precio oro/plata sigue cerca de máximos históricos, lo que lleva a muchos analistas a considerar que la plata continúa infravalorada frente al oro, con un riesgo a la baja limitado y un interesante potencial alcista a largo plazo.

Inventarios fracturados y nuevas primas regionales en los metales
Una de las consecuencias menos visibles, pero más relevantes, del nuevo entorno es el rompimiento del sistema global de inventarios de metales. Las políticas de acopio estratégico, las tarifas y las restricciones a la exportación han provocado que los precios de un mismo metal puedan diferir notablemente entre regiones.
En 2025, el cobre llegó a cotizar hasta un 30% más caro en Estados Unidos que en Londres, impulsado por temores a aranceles y por cuellos de botella en el suministro local. Países preocupados por la seguridad de suministro han comenzado a acumular reservas de tierras raras, cobre, metales del grupo del platino y aluminio, debilitando los mecanismos tradicionales de arbitraje que mantenían la convergencia de precios.
Uranio: el renacimiento nuclear impulsado por la inteligencia artificial
Entre los minerales críticos con mayor potencial en 2026, el uranio ocupa un lugar central. Tras años de consolidación, el mercado vive un nuevo ciclo impulsado por la combinación de transición energética, seguridad energética y el explosivo crecimiento del consumo eléctrico de los centros de datos de inteligencia artificial.
Estados Unidos ha firmado acuerdos por unos 80.000 millones de dólares para construir nuevos reactores, en colaboración con compañías como Westinghouse, Brookfield y Cameco, con el objetivo de asegurar energía estable y libre de emisiones para el crecimiento de la IA. Este tipo de iniciativas refuerza la visibilidad de la demanda de uranio a largo plazo y apuntala la tesis de un mercado estructuralmente ajustado, donde nuevas subidas de precios pueden ser necesarias para incentivar suficiente oferta.
Cobre: el metal de la electrificación

El cobre vivió un año de ruptura en 2025 y parte de esa dinámica se traslada a 2026, apoyada en la electrificación global, los vehículos eléctricos, las redes inteligentes y la expansión de la infraestructura de inteligencia artificial. Sin embargo, el auténtico desafío está del lado de la oferta. Sprott destaca que el desarrollo de una nueva mina de cobre, desde el descubrimiento hasta la producción, puede tardar en torno a 17 años de media, lo que hace muy difícil responder rápido a los incentivos de precios altos.
A esto se suman mayores requisitos ambientales, oposición social en algunas jurisdicciones y mayores costes de capital, factores que limitan el crecimiento de la producción mundial incluso en escenarios de demanda fuerte. En un mundo que necesita más cobre para descarbonizarse y digitalizarse, la combinación de demanda robusta y oferta rígida mantiene una tesis de fondo positiva para el metal rojo.
Tierras raras: el cuello de botella estratégico
Las tierras raras se consolidan en 2026 como uno de los puntos más sensibles de la geopolítica de recursos. Pese a su nombre, muchas de ellas no son escasas en términos absolutos, pero su extracción y procesado están fuertemente concentrados geográficamente. China domina buena parte de la cadena de valor de estos elementos, esenciales para imanes permanentes, motores de vehículos eléctricos, turbinas eólicas, defensa y alta tecnología.
Cualquier deterioro adicional en la relación entre Washington y Pekín podría acelerar los esfuerzos por desarrollar minas y capacidades de refinado fuera de China, abriendo oportunidades para nuevos proyectos en otras regiones. Sprott señala que, en este ámbito, la seguridad de suministro puede ser tan importante como el precio, lo que otorga una prima estratégica a los proyectos bien situados políticamente y con marcos regulatorios estables.
Claves prácticas para el inversor minero en 2026

En un entorno tan dinámico y volátil, el inversor en minería debe ir más allá de los precios puntuales y centrarse en las tendencias estructurales. Priorizar activos ligados a metales refugio y críticos como oro, plata, uranio, cobre y tierras raras, con fundamentos sólidos y demanda visible a largo plazo, puede marcar la diferencia en términos de rentabilidad ajustada al riesgo.
Del mismo modo, valorar el riesgo geopolítico y regulatorio de cada jurisdicción es clave, dado que la fragmentación del comercio y la política de recursos pueden afectar tanto a precios como a márgenes. Por último, prestar atención al apalancamiento operativo de los proyectos, especialmente aquellos capaces de ampliar recursos y producción sobre infraestructuras ya existentes, puede ofrecer retornos superiores en ciclos alcistas de materias primas.
En definitiva, 2026 se perfila como un año en el que la minería estará en el centro de temas tan relevantes como la estabilidad financiera, la seguridad energética, la transición climática y el auge de la inteligencia artificial. En este nuevo orden económico, entender el papel del oro, la plata, el uranio, el cobre y las tierras raras se convierte en una ventaja competitiva para cualquier inversor que quiera posicionarse a largo plazo en el sector.