Tierras raras y economía dual: el mapa de Coria Lahoz para entender la nueva Argentina

Tierras raras, cobre y litio reordenan la economía global y vuelven a ubicar a Argentina en el centro del tablero. Pero el nuevo ciclo de inversiones convive con una economía fragmentada, donde no todos los sectores avanzan al mismo ritmo.
Por Lucas Laciar

La transición energética, la inteligencia artificial y la disputa geopolítica entre las grandes potencias están redefiniendo el valor de los recursos naturales en todo el mundo. En ese escenario, los minerales críticos dejaron de ser solo un insumo industrial para convertirse en activos estratégicos, vinculados a la seguridad nacional, la tecnología y el poder económico.
Argentina, por su riqueza geológica y su posición geopolítica, aparece nuevamente en el radar global. Sin embargo, esa oportunidad histórica convive con una realidad menos visible: una economía que se reconfigura a distintas velocidades, con sectores que crecen con fuerza y otros que quedan rezagados, generando tensiones productivas y sociales que no pueden soslayarse.
En diálogo con ACERO Y ROCA, el economista sanjuanino Eduardo Coria Lahoz analiza este nuevo escenario y advierte que el debate sobre minería y desarrollo excede largamente al volumen de inversiones o a los precios internacionales: se trata de cómo un país gestiona una transformación estructural sin que los costos de la transición terminen condicionando su futuro.
Los 17 elementos que definen la soberanía tecnológica
Para Coria Lahoz, el punto de partida es comprender que las llamadas tierras raras ya no pueden analizarse como un commodity más. Se trata de un conjunto de entre 25 y 30 elementos clave para la fabricación de aceros especiales, imanes de alta potencia, nanochips y computadoras de alta tecnología, hoy indispensables para la industria, la defensa y el desarrollo de la inteligencia artificial.
“Disponer de estos recursos es ahora una cuestión crítica, similar a lo que representó el carbón o el hierro en su momento, elementos que incluso desataron guerras. Hoy, los minerales críticos definen poder, seguridad y tecnología.” Eduardo Coria Lahoz

La comparación histórica no es casual. Así como el control del carbón o del hierro marcó el rumbo de las potencias industriales del siglo XX, hoy el acceso a minerales estratégicos define el posicionamiento de los países en un mundo fragmentado en esferas de influencia, con Estados Unidos y China como protagonistas centrales.
Argentina: recursos disponibles, información pendiente
Argentina forma parte de ese mapa estratégico, pero con una debilidad estructural: el conocimiento incompleto de su propio subsuelo. “Se denominan ‘raras’ por su escasez y porque no se encuentran en cualquier lugar”, señala el economista. “Para poder atraer inversiones es necesario primero saber qué se tiene y dónde está. Eso requiere inversión en exploración y en el diseño de mapas geológicos confiables”.
La lógica es similar a la que atravesó el litio hace una década: una primera etapa de identificación y cuantificación, seguida por el interés de empresas junior y, posteriormente, de grandes compañías. “En Argentina esos estudios prácticamente no se han hecho con tierras raras, y es una tarea pendiente si se quiere aprovechar la tendencia global”, sostiene.
El cobre como columna vertebral de la nueva economía

Dentro del conjunto de minerales estratégicos, el cobre ocupa un lugar particular. No solo por su volumen de demanda, sino por su rol transversal en la transición energética, la electromovilidad y la expansión de las redes eléctricas.
“El cobre es para el presente lo que el hierro fue a comienzos del siglo XIX”, afirma Coria Lahoz. Su disponibilidad y explotación convierten a una región en un polo de atracción para las inversiones globales, algo que se refleja con claridad en San Juan, donde se concentran algunos de los proyectos más relevantes del país.
Geopolítica, alineamientos y oportunidad
El renovado interés de Estados Unidos por Argentina tampoco es casual. Desde la mirada de Coria Lahoz, el país se volvió relevante por una combinación de factores: recursos estratégicos, ubicación geográfica y un contexto internacional que empuja a las potencias a asegurar cadenas de suministro confiables.
“Si Argentina no tuviera petróleo, cobre, litio o tierras raras, y no estuviera ubicada en un punto geopolítico clave entre el Atlántico y el Pacífico, no tendría hoy esta centralidad”, explica. “La apertura económica, el orden fiscal y la eliminación del déficit generan condiciones que permiten negociar en mejores términos que en el pasado”, destaca.
La otra cara de la transición: una economía a dos velocidades

Pero junto con ese escenario favorable aparece una advertencia que Coria Lahoz considera central.“El programa económico es sólido desde lo macro, pero cuando bajamos a la microeconomía vemos empresas que cerraron y trabajadores que quedaron afuera. Esa gente no se reconvierte sola, y los costos sociales de esa transición pueden ser muy altos”.
El economista describe una economía fragmentada, donde sectores exportadores como el agro, el petróleo y parte de la minería crecen a tasas elevadas, mientras que actividades vinculadas al mercado interno atraviesan caídas de consumo, pérdida de rentabilidad y cierre de pequeñas empresas.
“Es una economía de dos velocidades”, resume. “Un sector avanza como un Fórmula 1 y otro está parado, sin poder arrancar”.
Empleo, reconversión y costos sociales
“Una persona que perdió su trabajo en una fábrica no se inserta fácilmente en la minería o en el sector petrolero”, explica. Desde su mirada, ignorar esa dimensión puede poner en riesgo incluso programas económicos técnicamente bien diseñados. “Si los costos sociales no se gestionan, pueden terminar desestabilizando procesos que, desde lo macro, están funcionando”, advierte.

Un debate que excede a la minería
La Argentina se encuentra ante una oportunidad histórica de integrarse al nuevo orden global de los minerales críticos. Pero esa oportunidad no es automática ni está exenta de tensiones internas.
En un mundo donde los minerales definen el futuro, la pregunta ya no es únicamente qué recursos tiene el país, sino cómo administra la transición para que el crecimiento no avance dejando sectores enteros en el camino.