INVESTIGACIÓN
El Gobierno de la República Democrática del Congo (RDC) desplegará controles radiológicos en sus fronteras tras una investigación periodística y científica. Las revelaciones calculan que entre 2.000 y 5.000 toneladas de uranio natural salieron del país entre los años 2000 y 2024 adheridas al hidróxido de cobalto exportado principalmente a China, sin reporte oficial al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ni registro en las estadísticas comerciales.

La conexión histórica de Katanga: de Shinkolobwe a la era digital
Para comprender la gravedad del escenario actual resulta imprescindible mirar hacia la región sureste del Congo, históricamente conocida como Katanga dentro del denominado Cinturón de Cobre. Durante décadas, este territorio cobró notoriedad mundial por albergar la legendaria mina de Shinkolobwe, el mítico yacimiento de donde se extrajo el uranio utilizado por el Gobierno de los Estados Unidos para el desarrollo del Proyecto Manhattan y las bombas atómicas de la Segunda Guerra Mundial.

Posteriormente, en el año 2004, la mina de Shinkolobwe fue clausurada de manera oficial mediante un decreto presidencial. A partir de aquel hito normativo, la República Democrática del Congo no volvió a registrar producción ni exportaciones formales de mineral radiactivo ante los organismos internacionales. Sin embargo, la región continuó siendo un polo minero hiperactivo para la extracción de cobre y cobalto, concentrando en la actualidad más del 70% de la oferta mundial de este último insumo.
Ciertamente, los ricos yacimientos hidrotermales de Katanga albergan una coexistencia geológica natural entre cobre, cobalto y uranio. Durante millones de años, las estructuras rocosas entrelazaron estos minerales de modo que la materia prima empleada hoy para la fabricación de baterías de iones de litio en teléfonos móviles, computadoras portátiles, vehículos eléctricos y chips de inteligencia artificial contiene valores elevados de uranio de manera intrínseca.

La alianza de periodismo de investigación con Princeton y el vacío de control
La trama de este hallazgo cobró impulso a partir de un trabajo de investigación periodística coordinado entre el Financial Times y el colectivo de periodismo de investigación Lighthouse Reports, quienes trabajaron a la par del equipo académico para contrastar los datos de campo y los documentos de la industria.
Por su parte, la investigación científica revisada por pares y publicada en la prestigiosa revista Nature Communications, elaborada por el geólogo Ryan Manzuk, investigador postdoctoral asociado del Programa de Ciencia y Seguridad Global de la Universidad de Princeton, en conjunto con Sébastien Philippe, doctorado en Ingeniería Mecánica y Aeroespacial, profesor asistente de ingeniería nuclear en la Universidad de Wisconsin-Madison y exingeniero de seguridad de armas nucleares del Ministerio de las Fuerzas Armadas de Francia, expuso que grandes volúmenes de uranio continúan saliendo del país africano al margen de las regulaciones.

Metodología científica y comportamiento químico en el terreno
A través de la integración de mapas geológicos, modelos químicos de procesamiento y el análisis sistemático de registros de importación y exportación, Manzuk y Philippe determinaron que el uranio se ha estado transportando como un componente oculto en los embarques de hidróxido de cobalto durante casi 25 años.
Sobre este punto, Ryan Manzuk explicó la mecánica técnica que facilita esta fuga inadvertida: “El uranio no se limita a depósitos concentrados como Shinkolobwe, sino que se sabe que se ha extendido por toda la región durante los últimos millones de años, de modo que los minerales utilizados para fabricar baterías de iones de litio estables también contienen cantidades elevadas de uranio. La pieza final del rompecabezas se encuentra en los informes de ingenieros y científicos que trabajan en estas minas de cobalto, los cuales indican que el uranio y el cobalto presentan comportamientos químicos similares durante el proceso de refinación. Por lo tanto, casi todo el uranio extraído al extraer minerales de cobalto permanece en el producto final que se envía desde la República Democrática del Congo”.
Un vacío contable de escala atómica
Las proyecciones matemáticas del estudio científico estimaron que entre las 2.000 y 5.000 toneladas métricas de uranio natural enviadas a China dentro de los cargamentos de hidróxido de cobalto crudo, menos del 10% fue declarado formalmente ante el OIEA.
Para graficar la magnitud del volumen involucrado, Sébastien Philippe remarcó el impacto potencial en términos de seguridad nuclear global: “Esta cantidad de uranio no declarado podría utilizarse para producir material fisionable para entre 600 y 1.500 armas nucleares, o para alimentar un reactor nuclear estándar de agua ligera durante 10 a 25 años, por lo que se trata de una cantidad bastante grande”.
Asimismo, el trabajo evidenció una peligrosa laguna normativa en el esquema de fiscalización internacional: “Incluso si las minas de la RDC implementaran sistemáticamente estrategias de extracción de uranio para mantener los productos de cobalto dentro de los límites internacionales de radiactividad para el transporte marítimo, llegaría a China suficiente uranio como para fabricar aproximadamente 12 armas nucleares al año. No declarar esta cantidad de uranio al OIEA constituye una violación del Protocolo Adicional del acuerdo de salvaguardias de China. El enorme tamaño de la industria del cobalto de la RDC plantea un problema de contabilidad del uranio, independientemente de la concentración de uranio en los minerales o de las estrategias de extracción”.
No obstante, Philippe aclaró que las conclusiones no prueban por sí mismas una maniobra deliberada de contrabando: “Nuestra investigación científica no demuestra que esto se haya hecho deliberadamente para sacar uranio de la RDC. Sin embargo, una de las cosas que nos preocupa es que los volúmenes de uranio exportado que hemos cuantificado superan lo que se supone que debe declararse al OIEA”.
Alertas previas, documentos filtrados y la huella de China

Esta revelación periodística y científica no surge en un terreno completamente virgen. De hecho, un memorando diplomático estadounidense filtrado en el año 2009 ya citaba fuentes fidedignas que advertían sobre la presencia de niveles significativos de uranio en la mayor parte del mineral de cobalto extraído en Katanga, señalando que el elemento radiactivo se estaba exportando sistemáticamente como un subproducto no declarado.
En este marco, la investigación periodística sacó a la luz una serie de documentos internos y hojas de cálculo filtradas de la minera Tenke Fungurume Mining (TFM), una de las faenas de cobalto más imponentes del Congo, propiedad del gigante chino CMOC desde 2016. Dichos archivos confirmaron la obtención recurrente de muestras de cobalto con alta carga de uranio. En diciembre de 2016, los registros de laboratorio de TFM alcanzaron un pico máximo de 1.100 partes por millón (ppm) de uranio, un valor que supera en 15 veces el límite permitido para la exportación.
Desde el año 2009 en adelante, la extracción de cobalto en el Congo experimentó una expansión vertiginosa empujada por la demanda de la transición energética. Como consecuencia de este fenómeno, las corporaciones chinas pasaron a dominar la geografía extractiva del país. Hacia el año 2023, China ya controlaba el 80% del refinado mundial de cobalto, recibiendo aproximadamente el 95% de todo el hidróxido de cobalto crudo exportado desde la RDC.
Sicomines y el rol de Sinohydro: infraestructura por minerales bajo la lupa

Este esquema de dominación asiática tiene su piedra angular en la emblemática Sino-Congolaise des Mines (Sicomines), una empresa conjunta creada tras el histórico acuerdo de 2008 de «infraestructura por minerales», valorado inicialmente en 6.000 millones de dólares. En el epicentro de este consorcio estatal chino destaca la gigante constructora Sinohydro, (empresa estatal china de ingeniería y construcción, filial principal de PowerChina) junto a China Railway Group, firmas que obtuvieron derechos exclusivos de explotación de cobre y cobalto en el Cinturón de Cobre a cambio de la promesa de construir rutas, hospitales y tendidos eléctricos.
Sin embargo, la inclusión de Sinohydro en la trama añade una nueva capa de tensión política y ambiental. La compañía opera directamente en el procesamiento de hidróxido de cobalto crudo, el mismo compuesto que el estudio de Nature Communications catalogó como el principal vehículo de la fuga masiva de uranio.
Esta revelación impacta en un momento de extrema sensibilidad: el presidente congoleño, Félix Tshisekedi, viene de liderar una agresiva auditoría estatal para revisar el contrato de Sicomines, calificándolo previamente de «desfavorable» para el país. Aunque recientemente se renegoció un aumento de la inversión china en infraestructura hasta los 7.000 millones de dólares, el hallazgo de miles de toneladas de uranio «polizón» en los barcos reactiva las sospechas de que las corporaciones chinas, incluida la constructora reconvertida en minera, han estado retirando un valor estratégico e hidrotermal incalculable sin declararlo jamás en los libros contables de Kinshasa.
El contexto geopolítico y la capacidad de extracción
Dado que el uranio contenido en el hidróxido de cobalto crudo debe ser separado obligatoriamente durante las etapas químicas de refinación industrial, la posesión de este insumo otorga a las refinerías chinas la posibilidad de recuperar el material radiactivo como subproducto. Esta situación cobra relevancia geopolítica en un contexto donde estimaciones del Pentágono señalan que el arsenal de ojivas nucleares de China se ha duplicado en la última década, proyectando alcanzar las 1.000 unidades para 2030, en medio de discrepancias sobre las fuentes de abastecimiento formal de uranio declaradas por Pekín.
En esta misma línea, Steve Muanza, director de la agencia de energía nuclear de la RDC, admitió públicamente que resulta “técnicamente posible” e incluso “probable” que las firmas chinas estén extrayendo uranio del mineral de cobalto importado desde su país.
La respuesta de las mineras chinas y las discrepancias con Kinshasa

Frente a la fuerte repercusión de la investigación periodística las empresas mineras operadas por capitales chinos salieron a cruzar los señalamientos de manera tajante.
El 5 de agosto, la Unión de Empresas Mineras de Capital Chino en la RDC (USMCC), agrupación que nuclea a firmas de gran peso como CMOC Group, Zhejiang Huayou Cobalt y Zijin Mining (esta última con presencia directa en Argentina a través del proyecto de litio Tres Quebradas en Fiambalá, Catamarca), emitió un comunicado oficial tras realizar una serie de verificaciones internas.
A través de la red social X, la USMCC manifestó: “Tras una exhaustiva verificación llevada a cabo por la asociación, ningún producto de cobalto extraído, procesado o exportado por empresas mineras chinas que operan en el sureste de la RDC contiene niveles excesivos de uranio”.
Sin embargo, la entidad empresarial reconoció que existen concentraciones naturales mínimas del elemento en el hidróxido de cobalto, aunque argumentó que no son aprovechables: “No existen condiciones económicas ni técnicas para recuperar, extraer o explotar este uranio”.
Por su parte, el Gobierno congoleño cuestionó la metodología teórica sosteniendo que los números surgen de modelos matemáticos y no de mediciones directas sobre cada embarque: “Estas limitaciones metodológicas exigen un proceso de verificación cruzada, sin que ello minimice en modo alguno las cuestiones planteadas”. De forma paralela, voceros del OIEA indicaron que no registraron infracciones a las salvaguardias debido a que las exportaciones de cobalto con baja ley de uranio destinadas a usos no nucleares no requieren notificación obligatoria bajo los marcos normativos vigentes.
Impacto ambiental, salud humana y la medida drástica de prohibir concentrados

Más allá del debate sobre la proliferación atómica, la investigación puso sobre la mesa una cara trágica para las poblaciones locales. El modelo calculó que entre 1.000 y 4.000 toneladas métricas adicionales de uranio en forma químicamente móvil fueron descartadas en los diques de relaves y escombreras de las minas durante los últimos 24 años.
Al respecto, Ryan Manzuk alertó sobre el impacto en la salud pública: “Las personas están expuestas a este uranio al trabajar en las minas, lo que representa un riesgo para la salud y la seguridad ambiental de las comunidades circundantes. Investigaciones previas han demostrado que algunas poblaciones de mineros y comunidades cercanas a las minas en la República Democrática del Congo presentan signos de exposición al uranio que superan la dosis recomendada incluso para los trabajadores de la industria nuclear”.
En respuesta a la crisis desencadenada por los informes, el Gobierno de la RDC resolvió crear un grupo de trabajo especial, solicitó asistencia técnica al OIEA y fijó un plazo de 60 días para evaluar los riesgos de radiación en el terreno. Adicionalmente, las autoridades prevén la instalación urgente de sensores de radiación para escanear a los camiones que transportan mineral hacia la frontera con Zambia por la Carretera Nacional Uno.
Freno a los concentrados e industrialización local

Este conflicto estalló en simultáneo con una medida regulatoria de gran calado. A través de una orden gubernamental firmada por el ministro de Minas, Louis Kabamba Watum; el ministro de Comercio Exterior, Julien Paluku Kahongya; y el ministro de Economía, Daniel Mukoko Samba, el Congo dispuso la prohibición inmediata de exportar concentrados de cobre y cobalto.
La medida busca obligar a las mineras a procesar los minerales dentro del país para retener mayor valor económico. Tras la difusión de la norma, la cotización del cobre en la Bolsa de Metales de Londres reaccionó con subas hasta los 14.369,50 dólares por tonelada.
Si bien la orden contempla exenciones de un año, como las otorgadas al complejo Kamoa-Kakula de Ivanhoe Mines y Zijin Mining, y a la mina Kipushi, los analistas y los propios autores del informe coincidieron en un punto central: obligar a refinar el cobalto hasta su estado metálico dentro del territorio congoleño le dará al Estado un control físico, ambiental y fiscal directo sobre el uranio antes de que el mineral traspase las fronteras. En una nación atravesada por conflictos armados y con fronteras sumamente porosas, la refinación local se perfila como la única herramienta real para erradicar las exportaciones clandestinas de material radiactivo.

Equipo editorial de Acero y Roca. Información técnica, veraz y actualizada sobre el sector minero e industrial de Argentina y el mundo.