INFORME
Los relevamientos de flora y fauna comienzan durante la exploración y permiten construir una línea de base para detectar cambios, ajustar controles y definir medidas de conservación. La Especialista Senior en Ambiente y Comunidad y consultora, María José Guillemain, detalla en que consiste el monitoreo ambiental y su necesidad en la minería.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
El monitoreo comienza durante la exploración, antes de que exista una mina en operación. Los biólogos construyen una línea de base de flora, fauna y características del ambiente.
En exploración se toma como referencia al menos un relevamiento anual, aunque el diseño depende del lugar y de la época del año. Si aparece una especie que requiere atención particular, la empresa debe informar a la autoridad de aplicación. Durante la explotación, el monitoreo se intensifica y puede incorporar medidas de prevención, mitigación y compensación. La comparación de campañas sucesivas permite detectar cambios y ajustar el manejo del proyecto.
La protección de la biodiversidad en un proyecto minero no comienza cuando una mina entra en producción. Empieza mucho antes, durante la exploración, cuando todavía se está determinando si un yacimiento tiene las condiciones para convertirse en una operación. Ese proceso busca responder una pregunta básica: ¿cómo es el ambiente antes de que el proyecto avance y cómo cambia con el paso del tiempo?
Para hacerlo, los estudios ambientales construyen una línea de base y diseñan un sistema de monitoreo que permita repetir las mediciones. María José Guillemain, con vasta experiencia en exploración minera y en organismos provinciales de conservación, explica que el objetivo no consiste solamente en elaborar una lista de especies.
“No es solamente saber que está determinada lagartija o determinada plantita o determinada ave en un lugar, sino tratar de comprender los procesos, las fluctuaciones, los cambios poblacionales”, expresa. El monitoreo busca generar información comparable para saber qué ocurre con el ecosistema a medida que avanza el proyecto.

La primera tarea: conocer el ambiente
Antes de salir al campo, los especialistas necesitan determinar qué territorio van a estudiar y cómo van a hacerlo. El diseño puede apoyarse en imágenes satelitales y en información sobre el área donde trabaja la empresa. Se identifican, entre otros elementos, los límites del espacio de exploración, caminos, campamentos, cursos de agua y la cercanía con áreas protegidas.
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A partir de esa caracterización se seleccionan los puntos donde se realizarán los relevamientos. “Saber dónde tenés montañas, arroyos, cercanía a caminos y demás. Y luego a diseñar un monitoreo de campo”, asegura.
La selección de puntos también busca permitir comparaciones. Por eso pueden establecerse sitios próximos al proyecto, pero fuera del área de influencia directa, además de puntos aguas arriba y aguas abajo cuando las características del lugar lo permiten. Así, el monitoreo no queda limitado al sitio donde se desarrolla la actividad: también incorpora referencias que ayudan a interpretar los cambios observados.

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Flora y fauna: qué se busca en el campo
Una vez definidos los puntos de muestreo, los biólogos realizan campañas de campo. En el caso de la vegetación pueden utilizar transectas y parcelas de superficie fija, lo que permite comparar los resultados entre diferentes campañas. En esas parcelas se registra la composición de especies y características como cobertura vegetal, porcentaje de suelo desnudo, humedad y condiciones del suelo. Algunas muestras pueden recolectarse para una identificación posterior en laboratorio.
“Se recolectan algunas muestras, se toman los puntos geográficos de ella y después se hace un trabajo de gabinete o laboratorio para identificar adecuadamente realmente cada especie”, ilustra la entrevistada.
En fauna, las metodologías pueden variar según el grupo estudiado, pero los relevamientos pueden incluir transectas caminadas y registros de presencia o ausencia. No solamente se contabilizan animales observados: también se buscan huellas, heces, cuevas y otros rastros que permitan determinar qué especies utilizan el área.

Las cámaras trampa son otra herramienta disponible para conocer qué fauna utiliza determinados espacios y cómo los utiliza. “Las huellas y los rastros te permiten decir que existe o que está habitando ese espacio alguna especie en particular”, manifiesta. El resultado es una fotografía de las condiciones ambientales de un momento determinado. La repetición del relevamiento permite después comparar esas fotografías.
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Un monitoreo no significa medir siempre de la misma manera
La frecuencia no es idéntica para todos los proyectos. En una exploración, la entrevistada toma como referencia al menos un relevamiento anual, mientras que las actualizaciones del Informe de Impacto Ambiental se realizan, en general, cada dos años. Pero la frecuencia y el diseño de las campañas dependen del ambiente.
La estacionalidad puede ser determinante, especialmente para la vegetación. En algunos sitios resulta conveniente realizar campañas tanto durante la época seca como durante la húmeda, porque determinadas especies tienen ciclos de vida asociados a la disponibilidad de agua. “Siempre es recomendable tener en ambas estaciones, la seca y la húmeda, en las que hay más y menos disponibilidad de agua”, menciona.
En otros ambientes las condiciones hacen imposible aplicar el mismo esquema. En sectores de alta cordillera, por ejemplo, las condiciones invernales pueden impedir el acceso o la realización de determinados trabajos de campo. Por eso, una campaña de biodiversidad no se diseña con una fórmula idéntica para cualquier mina: el ambiente, la ubicación y la etapa del proyecto determinan qué, cómo y cuándo se mide.
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¿Qué pasa si aparece una especie que requiere atención?
El monitoreo también funciona como mecanismo de detección. Si durante una campaña aparece una especie con un estado de conservación que requiere atención particular o una especie endémica, el hallazgo debe ser comunicado a la autoridad de aplicación. La entrevistada compara este procedimiento con el que se utiliza frente al hallazgo de restos arqueológicos: la empresa informa y la autoridad determina qué medidas corresponden.
“La empresa exploradora tiene que dar aviso cuando realiza un monitoreo y detecta una especie en situación de conservación particular o endémica de la zona”, agrega la especialista. La respuesta puede incluir nuevos requerimientos para las siguientes campañas. Por ejemplo, la autoridad puede solicitar que sea monitoreada con mayor intensidad o durante una época específica.
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“Te pueden incluir condicionantes que digan que en el área de estudio necesitan que se intensifique el monitoreo de tal cosa o en tal época del año”. Esas condiciones deben ser atendidas por el proyecto. La aparición de una especie no implica por sí misma una única respuesta predeterminada: las medidas dependen de lo que determine la autoridad y de las características del caso.
De la exploración a la operación cambia la escala del control
La diferencia entre explorar y operar un yacimiento también modifica el alcance del monitoreo. Durante la exploración, el objetivo principal es caracterizar el ambiente y generar información. Cuando el proyecto avanza hacia la explotación y la operación, las medidas ambientales adquieren mayor intensidad y pueden focalizarse sobre determinados componentes o especies. “Cuando ya pasás a una explotación, tenés que intensificar las medidas de monitoreo”, relata la especialista.

En esa etapa aparecen con mayor peso las medidas de prevención, mitigación y compensación, junto con el seguimiento de los componentes ambientales que fueron identificados durante las etapas anteriores. La lógica es acompañar todo el ciclo del proyecto: construcción, operación y cierre, con medidas que permitan reducir o gestionar los efectos sobre el ambiente. Esto también significa que una especie detectada durante la exploración puede requerir un tratamiento diferente cuando el proyecto pasa a una etapa de mayor intervención.
La prueba está en comparar qué ocurre con el tiempo
El monitoreo adquiere su verdadero valor cuando los datos de una campaña pueden compararse con los de campañas anteriores. La especialista explica que los estudios pueden integrar información de flora, fauna, calidad del agua y microorganismos, entre otros componentes. Esa información permite construir una visión más amplia del ecosistema y menciona: “Tenés información. Como si tuvieras una fotografía del ecosistema en ese momento”.
Esta radiografía permite observar si hubo cambios. Con comparaciones temporales y análisis estadísticos se pueden identificar variaciones en los sitios monitoreados. Pero detectar un cambio no significa automáticamente demostrar que la actividad minera fue su causa. La dinámica ambiental también está atravesada por ciclos naturales, disponibilidad de agua, variaciones climáticas y transformaciones que pueden producirse a escala regional o global.
“No todos los cambios que vos veas son atribuibles en forma directa a la operación de una mina o a la exploración minera”, asegura. Por eso, interpretar los resultados exige mirar simultáneamente lo que ocurre dentro del área estudiada y el contexto ambiental más amplio.

Cuando el monitoreo obliga a cambiar el manejo
La utilidad final de estos estudios no está solamente en acumular datos. También está en utilizar la información para tomar decisiones. La especialista plantea que el seguimiento permite identificar umbrales o alertas. Si una especie comienza a utilizar un sector diferente del territorio, por ejemplo, ese cambio puede llevar a revisar determinadas condiciones del proyecto.
“Podés ir ajustando lo que vas realizando en campo respecto de lo que vas viendo del comportamiento de las especies o de la aparición, desaparición de ellas en cada punto”, especifica, En ese sentido, el monitoreo funciona como un proceso dinámico: medir, comparar, detectar cambios y, cuando corresponde, modificar las medidas de manejo.
La conservación no se define entonces solamente antes de que comience un proyecto. También se construye a partir de lo que los relevamientos muestran durante su desarrollo.