La construcción de los grandes proyectos de cobre abrirá una demanda de trabajadores, empresas, servicios e infraestructura que podría exceder las capacidades actuales de San Juan. Formación anticipada, certificación de competencias, inversión empresarial y asociaciones entre proveedores aparecen como condiciones para que una mayor porción de esa actividad quede en la provincia.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
San Juan enfrenta un problema de escala: El desarrollo del cobre demandará trabajadores, proveedores, infraestructura y servicios en cantidades todavía difíciles de dimensionar. La preparación deberá abarcar profesionales, técnicos, oficios, construcción, logística, mantenimiento y servicios de campamento. Al mismo tiempo, las empresas locales deberán aumentar sus capacidades y alcanzar estándares internacionales. Frente a contratos de mayor volumen, el asociativismo aparece como una herramienta para ampliar la participación de proveedores sanjuaninos.
La escala de los proyectos de cobre obliga a San Juan a prepararse
El problema ya no consiste solamente en conseguir inversiones para desarrollar los proyectos. La discusión empieza a desplazarse hacia otra pregunta. Cuánto de la actividad económica que generen esas inversiones podrá absorber San Juan cuando comiencen las obras.
Durante Rawson Nexo Minero, Mario Hernández, Gerente de Sustentabilidad del Proyecto Los Azules, advirtió que la provincia todavía no dimensionó completamente la magnitud del proceso que podría abrirse con los grandes desarrollos cupríferos. “Viene la construcción y viene la producción después. Pero esa construcción tiene que estar acompañada de infraestructura, de capital humano y tenemos que estar preparados, entrenados y con conocimiento”.
La diferencia temporal resulta central. Según Hernández, la construcción de los proyectos de mayor tamaño puede extenderse durante tres, cuatro o incluso cinco años. Después comienza una fase productiva más estable, con otras necesidades laborales y empresariales.
El impacto logístico frente al modelo aurífero
Paralelamente Hernández marcó una diferencia entre los modelos auríferos y cupríferos. «En las operaciones aurífera el producto podía salir de la provincia mediante una logística relativamente acotada. El cobre es distinto. Tiene un nivel de logística tan importante que es probable que el negocio alrededor de la mina sea mucho más grande, más significativo y más impactante que la misma mina”.
Capacitación laboral y la experiencia de Veladero
Por su parte, el dirigente sindical Eduardo Cabello consideró relevante la posibilidad de crecimiento dentro de la actividad. “Para aquel que no puede llegar a la universidad para estudiar, la capacitación en el trabajo te permite crecer de otra manera y después traerlo a la casa”. También recordó que durante una etapa de Veladero debieron incorporar alrededor de 2.000 personas de afuera para completar la fuerza laboral necesaria.
El antecedente muestra la dimensión que puede alcanzar la demanda cuando las capacidades disponibles en la provincia resultan insuficientes.

“Las oportunidades son muchísimas. No es solamente la técnica pura. Es movimiento de suelos, alimentación, limpieza, mantenimiento y construcción».
Ese escenario introduce una tensión: la expectativa social por el empleo crece antes que los proyectos, y puede avanzar más rápido que las capacidades necesarias para incorporarse efectivamente a ellos. Cabello planteó que incluso una preparación intensiva podría no cubrir completamente la demanda. “Tenemos que hacer más asociaciones, unificaciones y más cosas. Y aun así, no nos va a alcanzar”.
Leé también: Colegio de agrimensores: «El boom minero nos obliga a rediseñar el crecimiento de San Juan»
Formación minera para anticipar la demanda laboral del cobre
La educación concentra una de las dificultades principales porque formar técnicos y profesionales requiere tiempos distintos de los que maneja una contratación empresarial. La decana de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de San Juan, Andrea Díaz, sostuvo que la minería que viene necesitará perfiles específicos y competencias verificables.
“Uno de los desafíos más grandes va a ser la formación, y ésta no se consigue de la noche a la mañana. Hoy la minería requiere perfiles certificados con competencias”.

La universidad ya atraviesa ese proceso. Díaz explicó que las carreras de Ingeniería alcanzadas por el artículo 43 de la Ley de Educación Superior deben acreditar y que la actualización curricular exige procesos prolongados.
Trayectos formativos cortos y tecnicaturas estratégicas
En paralelo, la Facultad avanzó en trayectos más cortos vinculados con necesidades productivas. Según explicó la decana, durante los últimos años impulsó seis tecnicaturas, entre ellas propuestas asociadas al mantenimiento de maquinaria pesada, las operaciones de mina y el procesamiento de minerales.
Para Díaz, esa oferta no puede diseñarse de manera aislada. “Necesitamos muchas mesas de diálogo con las empresas para que presenten cuáles son las necesidades. También sentarnos con los gremios para conocer cuáles son las necesidades de los nuevos trabajadores”. El desafío no consiste solamente en aumentar la cantidad de cursos, sino en identificar qué ocupaciones necesitará la cadena minera, qué competencias exige cada una y cómo certificarlas.
Crecimiento de matrícula e interés juvenil
El interés de los jóvenes aporta otro dato al debate. Díaz señaló que la Facultad de Ingeniería recibió alrededor de 1.000 ingresantes durante 2026 y que otros 500 estudiantes ya realizaban el curso de ingreso a distancia para comenzar en 2027. La cifra muestra una respuesta concreta frente a las perspectivas productivas de la provincia, aunque todavía no permite determinar si los perfiles elegidos coincidirán con las necesidades que finalmente tengan los proyectos.
Leé también: La carrera de ingeniería de Minas de la UNSJ crece la matrícula y se afianza el vínculo industrial
Los proveedores deberán crecer, invertir y asociarse para competir
El segundo cuello de botella aparece fuera del mercado laboral. Las empresas locales también deberán enfrentar contratos de una escala distinta y requisitos que no pueden alcanzarse de manera inmediata.
La politóloga Daniela Castro planteó que la discusión sobre participación sanjuanina debe superar la oposición simplificada entre proveedor local y empresa externa. El desafío pasa por fortalecer las capacidades provinciales y por construir asociaciones que permitan responder a demandas que pueden exceder la escala actual de algunas empresas. “Los estándares internacionales son difíciles de alcanzar pero no imposibles. Requiere inversión y tiempo«.
Asociatividad estratégica e integración regional
Para avanzar en ese proceso, consideró: “Nos parece muy importante estudiar las capacidades, poder identificar con cuáles contamos localmente y cuáles son las que pueden crecer a partir de asociaciones y complementariedades con otras empresas de nuestro país e incluso con empresas chilenas del sector minero”. Según Castro, la vinculación con empresas externas no solo permitiría responder a demandas que superen las capacidades propias, sino también abrir oportunidades para ingresar a otros mercados.

La magnitud definitiva dependerá del avance efectivo de cada proyecto, sus cronogramas de construcción, decisiones de inversión y modelos de contratación. Hoy San Juan no discute únicamente cómo atraer capital para desarrollar cobre, sino cuánto de la actividad económica generada podrá capturar mediante trabajadores y empresas locales.

Periodista especializada en minería, ambiente y agenda social. Forma parte de Acero y Roca -Magazine Minero, donde cubre la actualidad del sector con foco en sostenibilidad, seguridad, innovación y gestión de recursos humanos. Su trabajo analiza la relación entre minería y desarrollo local, con atención en el impacto en las comunidades y la gestión de recursos naturales. También aborda el avance de la inclusión en la industria, siguiendo iniciativas vinculadas al rol de la mujer y espacios sindicales emergentes.