Charlas por turno, controles de herramientas, arneses e inspecciones forman parte de la rutina de una calera. El objetivo, explica María José Muñoz, integrante del equipo de Seguridad de Caleras San Juan, es que cada trabajador termine su jornada y vuelva a su casa en condiciones seguras.
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LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
En Caleras San Juan, la seguridad empieza desde la primera hora del turno. El equipo realiza charlas, chequea herramientas, arneses y sectores de trabajo e inspecciona condiciones y prácticas para reducir accidentes, incidentes y enfermedades profesionales.
Antes de que una tarea empiece, hay algo que ya debería estar resuelto: cómo hacerla sin que el trabajador se exponga innecesariamente. En una industria como la calera, donde conviven estructuras industriales, circulación de equipos, trabajo en altura, herramientas y distintos procesos productivos, la prevención no aparece como una instancia separada de la operación. Tiene que acompañarla desde el primer momento. “Nos encargamos de la prevención en la empresa, del cuidado del operario, de prevenir enfermedades profesionales, accidentes e incidentes”, explicó a ACERO Y ROCA, María José Muñoz.
La seguridad empieza en la primera hora del turno
La rutina preventiva comienza antes de que las tareas avancen. “Entramos al turno y en la primera hora vamos a distintos sectores haciendo charlas de seguridad”, explicó Muñoz. El contenido cambia según el trabajo programado para esa jornada.

“Si tienen un trabajo en altura, se tiene en cuenta el uso de arnés, el chequeo del sector, de las herramientas que van a usar y del arnés”.
Ese procedimiento muestra una lógica clave: el control no es genérico. Cada tarea obliga a revisar riesgos distintos. Muñoz lo describe como un trabajo amplio: “Hacemos charlas, capacitaciones, inspecciones de sectores, de condiciones inseguras y de actos inseguros«.
Orden, limpieza y herramientas también previenen accidentes

Un sector seguro no depende únicamente de casco, anteojos o arnés. “Chequeamos herramientas, usos, que el lugar esté limpio y ordenado, porque eso también afecta en la seguridad”, explicó Muñoz. El concepto puede parecer básico, pero tiene efectos directos. “En un lugar ordenado y limpio tenés menos chances de que alguien se caiga, de que alguien se lastime o de que se junten plagas. Es una cadena de todo”.
Ahí aparece uno de los principales desafíos de la prevención industrial: lograr que pequeñas prácticas repetidas todos los días formen parte del trabajo y no sean percibidas como controles externos. Muñoz lo resume en una expresión que atraviesa toda su explicación: generar una cultura de seguridad.
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El trabajo en terreno permite observar sectores, herramientas, conductas y condiciones antes de que un desvío se convierta en incidente.
La seguridad industrial no se agota en el cumplimiento de un protocolo formal. Se construye en la constancia cotidiana del orden, la inspección oportuna y el diálogo en cada puesto. Es esa presencia en el terreno la que transforma la prevención en un hábito y garantiza el regreso seguro a casa.
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Periodista y licenciada en Comunicación Social, especializada en Comunicación Política y Medios Digitales. Se desempeña, desde hace más de 8 años, en periodismo, comunicación digital y gestión de redes sociales. Actualmente forma parte de Acero y Roca, medio especializado en la actualidad minera. Su trayectoria combina el trabajo periodístico con la comunicación estratégica y la creación de contenidos.