A los 70 años, el vecino de Sarmiento conserva una colección construida durante décadas. Entre calcitas, mármoles, piezas llegadas del exterior y recuerdos de antiguos hornos, su casa guarda también parte de la historia productiva de Los Berros.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Cayetano Castro, vecino de Los Berros, reúne unas 300 piezas entre minerales, rocas y muestras geológicas. Electricista de oficio y autodidacta, comenzó a coleccionar después de los 20 años. Su conocimiento también conserva memoria sobre los minerales de Sarmiento y la antigua actividad calera.
Durante años, Cayetano Castro creyó que simplemente juntaba piedras. Las encontraba, las guardaba en cajones y muchas veces las regalaba cuando llegaban familiares desde Mendoza. Hasta que una visita cambió la forma de mirar todo aquello acumulado. “Vino un señor de Mendoza, que después terminó siendo muy amigo, y me dijo: ‘Vos tenés una colección y no te das cuenta’”, recuerda.
Desde entonces empezó a ordenar lo que antes era una afición dispersa. Hoy calcula que posee unas 300 piezas, aunque admite que el espacio disponible ya no alcanza para exhibirlas como quisiera.
De juntar piedras a aprender geología por cuenta propia
Castro empezó a interesarse por los minerales desde chico, aunque ubica el inicio formal de su colección después de los 20 años. No estudió Geología, su oficio es electricista. Sin embargo décadas de curiosidad, lecturas, conversaciones y recorridas fueron construyendo otro tipo de formación.
“Fui aprendiendo con libros, con amigos que también tienen colecciones de piedras y conversando con geólogos”, explica. Ese recorrido produjo situaciones que todavía recuerda con humor. Profesionales e incluso el ministro de Minería, Juan Pablo Perea, que visitaron su casa llegaron a preguntarle si era técnico, ingeniero o geólogo.
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Las piedras de Sarmiento que cuentan otra historia

Cuando empieza a hablar de la geología local, aparecen nombres que forman parte de la identidad productiva del departamento. “Sarmiento tiene un mármol muy importante”, sostiene, aunque advierte que su mercado perdió fuerza frente a otros materiales utilizados en construcción. También destaca la dolomita y, especialmente, la calcita. Según su experiencia de campo, pueden encontrarse manifestaciones en Los Huarpes, Pedernal y Cienaguita.
Sobre una mesa, las diferencias dejan de ser abstractas. Castro muestra piezas, señala colores, formas de cristalización y oxidaciones. La explicación ocurre con las piedras en la mano. Su colección incluso excede San Juan. Conserva una pieza de lava volcánica proveniente de las Islas Canarias y, en un registro más histórico que mineralógico, un fragmento del Muro de Berlín regalado por un amigo.
Una colección que también guarda la memoria de la cal
En Los Berros, hablar de minerales inevitablemente conduce a la cal, y Castro no observa esa historia desde afuera: llegó a tener un horno y recuerda los antiguos métodos de producción. “Los primeros hornos se trabajaban con monte”, relata. Según su descripción, se construía una estructura de piedra y el fuego debía mantenerse durante varios días hasta completar la cocción. Más adelante, recuerda, comenzaron a utilizarse otros combustibles y sistemas, en un proceso que modificó progresivamente la actividad.
Pero su relato también registra la desaparición de numerosos pequeños productores. Castro estima que actualmente existen “casi 70 hornos que no funcionan”. Para él, una de las dificultades históricas fue la falta de organización entre productores chicos. “Yo hacía cal y uno decía que vendía la tonelada a un precio, el otro más barato y otro todavía menos. Así les fue”, recuerda.
De los minerales al patrimonio de Los Berros

La colección de Castro ya desbordó hace tiempo las repisas disponibles. Además de minerales, también guarda monedas, se define como numismático, herramientas antiguas y objetos asociados con la historia local. De allí surgió una idea que todavía permanece: generar algún día un espacio donde esas piezas puedan mostrarse de manera ordenada. Por ahora, ese museo no existe formalmente. “Siempre dicen que lo tengo yo, pero no lo tengo. Es mi casa con las cosas”, aclara. Sin embargo, detrás de esa acumulación hay algo que excede el coleccionismo personal. Cada muestra funciona como punto de partida para hablar de un lugar, una antigua cantera, un horno o una forma de producción que fue desapareciendo.
A los 70 años, Castro sigue respondiendo preguntas con piedras sobre la mesa. Su mayor patrimonio quizás no esté solamente en las 300 piezas que calcula conservar, sino en la relación que fue construyendo entre esos minerales y la historia de Los Berros.
En un departamento donde la minería y la industria calera marcaron generaciones, conservar ese conocimiento cotidiano puede convertirse también en una forma de preservar memoria productiva. El desafío futuro será lograr que esas piezas y esos relatos no permanezcan únicamente dentro de una casa, sino que puedan catalogarse, documentarse y transmitirse antes de que parte de esa historia desaparezca con quienes todavía pueden contarla.
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Periodista y licenciada en Comunicación Social, especializada en Comunicación Política y Medios Digitales. Se desempeña, desde hace más de 8 años, en periodismo, comunicación digital y gestión de redes sociales. Actualmente forma parte de Acero y Roca, medio especializado en la actualidad minera. Su trayectoria combina el trabajo periodístico con la comunicación estratégica y la creación de contenidos.