El presidente de la Cámara Argentina de la Construcción Modular Industrializada (CACMI), Juan Pablo Rudoni, rompe el silencio tras la adjudicación del campamento Vicuña. Advierte sobre la necesidad de reglas claras y el riesgo de convertir al país en un simple ensamblador.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Tras la adjudicación del campamento Vicuña a un consorcio liderado por PowerChina, la CACMI cuestiona la falta de igualdad de oportunidades. Juan Pablo Rudoni exige que las operadoras mineras prioricen la capacidad técnica, la trayectoria y el valor económico que aportan las empresas argentinas en sus procesos de contratación.
El caso Vicuña como síntoma de una crisis de competitividad
Lo ocurrido con el proyecto Vicuña ha generado una alerta roja en toda la cadena de valor minera argentina. Según Juan Pablo Rudoni, la preocupación no radica en el origen de las inversiones, que son vitales para el crecimiento del sector, sino en las condiciones bajo las cuales estas se ejecutan.
«Nuestra preocupación no pasa por el origen del capital, sino por la igualdad de oportunidades», sentencia Rudoni. Para la CACMI, el mercado local ha demostrado durante décadas estar a la altura de los estándares internacionales más exigentes en seguridad, productividad y calidad técnica. Cuando el sistema de licitaciones omite estas capacidades, se produce una fuga de oportunidades que afecta directamente al empleo local y al desarrollo tecnológico nacional.

«El punto central es evitar que la minería se transforme en una actividad de enclave, donde las decisiones de compra se toman fuera del territorio, dejando a la industria local relegada a roles secundarios. La minería debe convertirse en una verdadera plataforma de crecimiento para las regiones y para el país, y eso requiere una participación activa de la industria argentina».
El diálogo con las operadoras: una cuenta pendiente
Uno de los ejes más críticos de la entrevista refiere a la relación entre la industria nacional y las empresas que operan en Argentina. Rudoni es tajante respecto al hermetismo que han encontrado en ciertos proyectos: «En el caso de Vicuña, lamentablemente hasta el momento no hemos logrado establecer un canal de diálogo institucional con la compañía».
Este vacío comunicacional contrasta con la apertura que sí manifiestan otras empresas. Existen mineras que entienden que el involucramiento temprano de los proveedores locales es una estrategia de licencia social y eficiencia operativa. «Valoramos especialmente esas iniciativas porque permiten identificar oportunidades concretas de participación local y construir relaciones de largo plazo», explica el ejecutivo.
La CACMI no solicita privilegios ni proteccionismos artificiales; reclama que el valor de la proveeduría nacional, que incluye conocimiento del territorio y capacidad de respuesta inmediata, sea una variable de peso en las decisiones de compra, equiparándola con el precio final.
Estrategia frente a los nuevos proyectos: tres ejes de acción
Ante la próxima ola de licitaciones, la CACMI ha definido un plan de trabajo concreto para frenar la pérdida de terreno. La estrategia, según Rudoni, se articula en tres pilares fundamentales:
- Representación institucional: Fortalecer el lobby ante gobiernos y operadoras para hacer visibles las capacidades reales del sector.
- Participación temprana: Lograr que las empresas constructoras nacionales sean consultadas durante la etapa de planificación del proyecto, antes de que las licitaciones sean cerradas bajo términos que excluyen al mercado local.
- Generación de evidencia: Producir datos objetivos que demuestren el aporte económico, tecnológico y social de la industria nacional, desplazando las percepciones por hechos medibles.
«Nuestro objetivo no es desplazar a nadie. Queremos que los grandes proyectos mineros se desarrollen con la mayor competitividad posible, pero incorporando de manera efectiva a las empresas argentinas», afirma Rudoni.
El pliego de condiciones de la CACMI ante las próximas licitaciones
Para el directivo, el escenario posterior a Vicuña marca un punto de no retorno. La CACMI ha dejado de solicitar un lugar en la mesa para empezar a exigir condiciones que garanticen la soberanía industrial en cada nueva adjudicación. Ante los proyectos que están próximos a lanzarse, la cámara ha planteado una hoja de ruta con cuatro exigencias innegociables:
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- Participación temprana como norma: La CACMI sostiene que la exclusión de proveedores locales suele ocurrir en la etapa de diseño. Por ello, exigen que las operadoras incluyan a la industria nacional desde la planificación inicial. «Si la minera diseña el proyecto contemplando solo soluciones importadas, cuando llegan a nosotros ya no hay margen de maniobra«, advierten desde la cámara.
- Equiparación impositiva frente al RIGI: Ante la asimetría que genera el beneficio de arancel cero para empresas extranjeras subsidiadas en origen, Rudoni propone una compensación fiscal equivalente para las firmas locales. El objetivo es claro: si la industria nacional no puede competir por los subsidios del estado extranjero, el Estado argentino debe garantizar una nivelación que permita competir en precios finales.
- Compromiso de abastecimiento local: La cámara presiona para que se establezcan compromisos concretos de participación nacional. Buscan que las futuras licitaciones incluyan cláusulas donde una parte sustancial de la infraestructura, específicamente la construcción modular, sea ejecutada por empresas con capacidad productiva comprobada en Argentina.
- Minería como motor de desarrollo: La visión de la CACMI es que la minería no puede ser una actividad de enclave. Rudoni es categórico: «Entregar recursos minerales sin una contraprestación en desarrollo industrial es un pésimo negocio para el país. La minería debe ser el motor que traccione a nuestra industria, de lo contrario, el saldo neto para el desarrollo nacional es negativo».
El valor del saber hacer argentino en la balanza minera
Existe una contradicción evidente en el mercado actual. A pesar de que las empresas argentinas han sido protagonistas en la edificación de las minas y gasoductos más importantes del país, hoy se observa una tendencia preocupante. Se priorizan variables financieras de corto plazo por sobre el valor estratégico.

«Muchas veces el análisis se concentra exclusivamente en variables financieras y deja de lado factores estratégicos como el conocimiento del entorno, la generación de empleo local, la capacidad de respuesta operativa y la permanencia en el territorio», señala el titular de la CACMI.
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Para Juan Pablo, la experiencia argentina tiene un peso específico indiscutible. Cada proyecto adjudicado a una empresa nacional genera un efecto multiplicador en proveedores de insumos, servicios de ingeniería y mano de obra local que permanece en la economía interna. Por el contrario, la importación de soluciones llave en mano, a menudo subsidiadas en origen por estados extranjeros, erosiona esa base productiva.
La lucha de la cámara no es solo por contratos; es por un modelo de desarrollo. «La verdadera discusión es cómo lograr que los grandes proyectos mineros se conviertan en motores de desarrollo para Argentina. Y para eso, la industria nacional tiene que ser parte de la solución y no un espectador», concluye Rudoni.

Periodista especializada en gestión minera, sustentabilidad y desarrollo regional. Con un enfoque centrado en la transparencia y la comunicación estratégica, analiza el impacto de la industria en las comunidades y el marco institucional del sector. En Acero y Roca, es la voz encargada de desglosar los desafíos de la licencia social y los procesos de modernización minera.