El Informe Mundial de Inversiones 2026 de la UNCTAD, oficializado recientemente, revela un cambio estructural profundo: el capital global ya no busca costos bajos, sino seguridad nacional y soberanía tecnológica. En este escenario de turbulencia geopolítica, Cuyo enfrenta el desafío de captar capitales y potenciar sus recursos estratégicos.

Atrás quedó aquella época dorada donde las multinacionales mudaban sus plantas de producción guiadas puramente por la eficiencia y la búsqueda de costos bajos. En este nuevo tablero, el dinero se mueve bajo una lógica implacable de seguridad nacional, soberanía tecnológica y posicionamiento geopolítico. El Informe Mundial de Inversiones 2026, elaborado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), ratifica esta transformación estructural y devela oportunidades inéditas para los países que albergan los recursos estratégicos del futuro.
Como bien advirtió el secretario general de la ONU, António Guterres, el crecimiento aparente de los flujos de capital esconde una profunda fragilidad. Por un lado, la inversión extranjera directa (IED) global logró una recuperación del 6% durante 2025 hasta alcanzar los 1,6 billones de dólares, quebrando una racha de dos períodos consecutivos en caída libre. Sin embargo, este repunte no se explica por una reactivación generalizada de la economía productiva, sino por el impacto de un puñado de megaproyectos tecnológicos, la expansión de la infraestructura vinculada a la inteligencia artificial y una serie de movimientos financieros específicos en los grandes centros corporativos europeos.

El mapa de la inversión extranjera: un crecimiento que esconde grietas
El documento de la UNCTAD demuestra que las corrientes de financiamiento son cada vez más selectivas y desiguales. Mientras que los flujos hacia las economías desarrolladas escalaron un 11% (alcanzando los 723.000 millones de dólares), el capital destinado a los países en desarrollo apenas se movió un tímido 2% (unos 901.000 millones). Esta brecha no es un dato menor: expone cómo las grandes potencias están utilizando su inmenso poder de subsidio para repatriar industrias clave y concentrar las inversiones en sus propios territorios.
Al mismo tiempo, la concentración de las carteras de proyectos alcanzó niveles alarmantes. Los flujos se dirigen masivamente hacia un puñado de naciones: las 20 principales economías receptoras recibieron más del 80% de los flujos mundiales de IED en 2025. El problema radica en que los países de ingresos bajos y medianos bajos apenas lograron captar el 10% de las iniciativas de vanguardia, como semiconductores, inteligencia artificial, energías limpias y minerales críticos, frente al 20% que históricamente absorbían en otros rubros comerciales tradicionales. La inversión productiva global, de este modo, se vuelve más concentrada, tecnificada y excluyente.
La realidad de América Latina y el Caribe frente al capital

La región latinoamericana exhibió una dinámica dual que merece una mirada atenta de los analistas de nuestra cordillera. Las entradas de inversión extranjera directa en la región aumentaron un 14%, sumando un total de 188.000 millones de dólares. Este repunte estuvo traccionado de manera casi exclusiva por la actividad económica en Sudamérica, con Brasil consolidado como el imán principal para los capitales foráneos. En contraste, Asia en desarrollo se consolidó como el gigante indiscutido de las economías emergentes al captar 644.000 millones de dólares del total de inversiones.
Por el contrario, el repunte en los montos de ingreso de divisas no se vio correspondido por una mayor cantidad de proyectos nuevos. El valor de las inversiones de capital en nuevas obras o ampliaciones de infraestructura cayó un tercio, situándose por debajo de los 120.000 millones de dólares. Esta fuerte retracción se sintió con especial rigor en los sectores de manufacturas y logística, lo que demuestra que los inversores internacionales prefieren resguardar sus fondos en activos ya consolidados en lugar de arriesgar capital en nuevos emprendimientos productivos de largo plazo.
De la eficiencia al talonario: la sorda guerra global de subsidios
Durante décadas, el flujo internacional de capitales se movió bajo criterios estrictos de costos y eficiencia productiva, un terreno donde las economías en desarrollo de América Latina lograban dar pelea y atraer desembolsos. Sin embargo, hoy ese paradigma cambió de manera drástica. Las decisiones corporativas ya no responden únicamente a la rentabilidad del mercado, sino que están supeditadas a la política industrial de las potencias. Los gobiernos de los países desarrollados implementaron un récord histórico de 229 medidas de política de inversión en 2025. El 73% de estas normativas apuntó a favorecer la radicación de capitales locales a través de millonarios incentivos fiscales, subsidios directos y facilidades para la transición energética, la digitalización y la defensa.
El auge de la tecnología y el retroceso de la manufactura tradicional
Esta focalización explica por qué la inversión anunciada en proyectos nuevos para sectores estratégicos (infraestructura de inteligencia artificial, tecnologías avanzadas, minerales esenciales, tecnologías para la transición energética y semiconductores) se disparó de 109.000 millones de dólares en 2020 a 576.000 millones de dólares en 2025, concentrando el 44% de la inversión mundial en nuevas instalaciones. Como contrapartida, la inversión extranjera en la manufactura tradicional cayó un 17% a nivel global, un declive que alcanzó el 20% en las economías en desarrollo y que margina a los países con menor capacidad fiscal para ofrecer subsidios.
En última instancia, esta competencia feroz premia a los de bolsillos más profundos. Los países en desarrollo no tienen la capacidad para competir con los paquetes de asistencia que despliegan Estados Unidos o la Unión Europea. Además, las medidas restrictivas se expandieron a un ritmo acelerado. El control de inversiones extranjeras por cuestiones de seguridad nacional es una práctica habitual: ya son 52 los países que operan regímenes de monitoreo estricto sobre quién compra y dónde invierte, en comparación con los escasos 21 que realizaban estas tareas de control hace diez años.
El arbitraje internacional y la encrucijada de los minerales críticos

Esta tensión regulatoria tiene un correlato directo en los tribunales de comercio exterior. Los casos de arbitraje entre inversores privados y estados soberanos alcanzaron un acumulado histórico de 1.463 demandas. En consecuencia, la inmensa mayoría de estos litigios (el 96%) se apoya en tratados internacionales de vieja generación, redactados antes de 2010, cuando las prioridades ambientales y de soberanía nacional no estaban en la agenda de discusión.
Durante 2025 se iniciaron 56 nuevas demandas de arbitraje, y un preocupante 80% de ellas se dirigió contra países en vías de desarrollo. Los datos de la UNCTAD muestran que un tercio de estos nuevos conflictos internacionales está vinculado directamente a actividades extractivas, incluyendo la explotación y procesamiento de minerales críticos como el litio y el cobre. Esto demuestra que regular los recursos naturales estratégicos exige un equilibrio perfecto entre la soberanía del Estado y la seguridad jurídica que demandan los operadores para hundir inversiones de capital intensivo.
Cinco claves para que Cuyo pueda competir en la globalización estratégica

El informe de Naciones Unidas deja en claro que el panorama es complejo, pero de ninguna manera inevitable. Para capturar las oportunidades que genera la reconfiguración de las cadenas de suministro globales, la UNCTAD propone un plan de acción de cinco puntos que encaja perfectamente con las metas que debemos trazar en nuestra región:
- Identificar prioridades y nichos realistas: No sirve buscar inversiones con etiquetas genéricas. Es fundamental detectar en qué eslabones de la cadena de valor minera y tecnológica tenemos ventajas reales, orientando la promoción hacia funciones específicas que los inversores requieran relocalizar.
- Resolver cuellos de botella antes de competir con subsidios: En lugar de malgastar recursos fiscales en subsidios imposibles de equiparar, debemos enfocar el apoyo estatal en destrabar la infraestructura, capacitar la mano de obra local y fortalecer la red de proveedores para acero y roquizar el ecosistema de Cuyo.
- Equilibrar la seguridad con la apertura de capitales: Las regulaciones de control de inversiones deben ser claras, transparentes y acotadas a riesgos de seguridad nacional reales, evitando que se transformen en trabas burocráticas generales que ahuyenten el financiamiento productivo.
- Transformar las crisis globales en oportunidades de posicionamiento: Ante las presiones en las cadenas globales, las agencias de promoción de inversiones de las provincias deben implementar esquemas de asistencia al inversor (aftercare) que garanticen que los proyectos mineros viables no se detengan por incertidumbres coyunturales.
- Impulsar la integración regional de manera real: Las plataformas de integración, como los corredores bioceánicos hacia el Pacífico, los parques industriales compartidos y las redes de proveedores regionales, son indispensables para consolidar una oferta atractiva frente a los grandes bloques de inversión internacionales.
Conclusión
La globalización de la eficiencia barata dio paso a la globalización de la resiliencia estratégica. En este nuevo mundo, poseer minerales críticos en la cordillera es una carta fuerte, pero no suficiente. La dirigencia política y empresaria de nuestra región tiene el desafío urgente de modernizar sus normativas, garantizar reglas de juego claras y construir la infraestructura necesaria para asegurar que el capital que llega a la cordillera se traduzca en desarrollo genuino, empleo calificado de largo plazo y valor agregado local.

Equipo editorial de Acero y Roca. Información técnica, veraz y actualizada sobre el sector minero e industrial de Argentina y el mundo.