Inteligencia artificial en minería: debida diligencia y control humano ante los sesgos

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En el marco de las 9.ª Jornadas de Sostenibilidad y 1.ª Jornadas de Compliance organizadas por el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de San Juan (CPCE), ACERO Y ROCA entrevistó a Nicolás Liarte Vejrup, magíster, docente y consultor especializado en sustentabilidad corporativa, responsabilidad social empresaria (RSE) y derechos humanos.

Inteligencia artificial en minería: debida diligencia y control humano ante los sesgos
Eficiencia vs. impacto: la inteligencia artificial exige trazabilidad y auditorías permanentes en los procesos. Imagen: Pixabay

Durante el intercambio, el especialista analizó el impacto del desembarco tecnológico en la actividad minera y en la logística de soporte,desde el monitoreo de flotas hasta la gestión interna, poniendo la lupa sobre los sesgos algorítmicos y el imperativo ético de auditar cada desarrollo.

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El límite de la automatización y el riesgo de sesgos preasumidos

Al ser consultado sobre la creciente adopción de estas herramientas en la industria y sus operaciones de soporte, Liarte Vejrup tomó distancia del entusiasmo automático y advirtió sobre la consistencia de la información que devuelven los sistemas:

Nicolás Liarte Vejrup, magíster, docente y consultor

«En términos generales, en la utilización de la inteligencia artificial, habría que prestar fundamental atención sobre la información que nos está dando y cuál es el uso de esa información. Hay que reconocer la limitante en tanto y cuanto dos veces utilizamos el mismo proceder, no necesariamente nos da el mismo producto».

A partir de esa variabilidad técnica, el consultor remarcó que las distorsiones algorítmicas no distinguen rubros y alcanzan de lleno a las cadenas de valor. «Significa que indistintamente de la actividad, puede ser la minera, transporte… hay sesgos que están preasumidos con el uso de inteligencia artificial y en muchas ocasiones hay un impacto indirecto en materia de derechos humanos no necesariamente contemplado, porque no hay una previsión o no hay un debido proceso de debida diligencia en la implementación de la herramienta como tal».

Frente a este escenario, subrayó la obligación de exigir trazabilidad a los proveedores tecnológicos antes de incorporar respuestas automatizadas a la toma de decisiones. «Cuando se utiliza, tenemos que saber que el producto tiene que ser trazable y tenemos que indagar el impacto tiene la respuesta que nos está dando. No hay que olvidarse que si el programa es con IA, seguramente algún sesgo tiene«.

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Debida diligencia: medir el impacto indirecto en derechos humanos

El debate, según planteó el especialista, no pasa por rechazar la modernización de los procesos, sino por transparentar los costos ocultos que muchas veces acompañan a las métricas de rendimiento. «Creo que como toda herramienta, fortalece desde la automatización, la sistematización y nos hace mucho más eficientes. Pero también hay que tener en cuenta la eficiencia, costo de qué, cuáles son los impactos y cuáles son los sesgos. No necesariamente la IA es inclusiva».

Equipo de trabajadores en una faena minera.
Los filtros automatizados en selección de personal pueden profundizar sesgos contra mujeres y mayores de 45 años.

Filtros de contratación algorítmica y el riesgo de exclusión

Lejos de una postura tecnofóbica, el consultor insistió en que el protocolo de debida diligencia es la única llave que valida el salto tecnológico. «¿Cómo evitamos ese sesgo en la utilización? En tanto y cuanto podamos hacer ese proceso de debida diligencia con el uso, porque en realidad nos hace más eficientes, nos desafía a la mejora continua. Tenemos que trabajar y mejorar todos y aprender un poco más de la utilización de la inteligencia artificial».

Más allá de las promesas de eficiencia en la gestión y en la mina, la premisa de Liarte Vejrup traza un límite tajante: ningún algoritmo exime a las empresas de responder por los impactos de sus decisiones. Automatizar sin auditar es, en definitiva, renunciar a la gestión.

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