Edith Flores y Lucía crearon juntas Fundación Mujeres en la Minería. Susana Figueroa y Sol comparten su experiencia en una consultora para proveedores mineros. En el Día de la Madre, hablan de trabajo, admiración y del desafío de separar la familia de los proyectos.
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LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Dos madres y sus hijas vinculadas con la minería cuentan cómo es compartir profesión y familia. Edith y Lucía transformaron ese vínculo en una fundación; Susana y Sol trabajan juntas y reivindican que maternidad y desarrollo profesional no tienen por qué excluirse.
Hay madres e hijas que comparten domingos, sobremesas o vacaciones. Edith y Lucía también comparten proyectos, viajes a territorio y una fundación nacida alrededor de la minería. Por su lado Susana y su hija Sol trabajan en su consultora, donde ayudan a proveedores mineros a crear nexos con empresas.
De madre e hija a un proyecto dentro de la minería

La minería apareció para Edith y Lucía como un lugar donde construir algo en común. “Encontramos en la minería un espacio y un proyecto en común y desafiamos esto del encuentro entre generaciones, de hija y madre, madre e hija. Y así nace la Fundación Mujer en la Minería”, contaron.
El proyecto comenzó durante la pandemia, cuando pusieron en marcha un pequeño streaming desde su casa y empezaron a generar capacitaciones. Con el tiempo, esa experiencia tomó otra dimensión. Edith explica que la fundación conserva una condición que para ambas resulta central: “El día que perdamos la emoción que sentimos por trabajar con la fundación y todo lo que conecta a través de ella, nos dedicaremos a otra cosa”.
Lucía comparte esa mirada. El objetivo, cuentan, es sumar a empresas, gobierno y comunidad alrededor de temas vinculados con participación y liderazgo femenino. “Buscamos que esta red se siga impulsando y se siga mostrando, así como somos nosotras: madre e hija trabajando en un proyecto en conjunto”.
El desafío también es saber cuándo dejar de trabajar
Compartir un proyecto tiene una dificultad que aparece precisamente por la cercanía. “Uno de los desafíos de trabajar juntas es esto de parar, cortar”, reconoce Edith. La frontera entre familia y trabajo puede desaparecer fácilmente. “Es un domingo en la noche, es un feriado y estamos juntas y de repente: ‘Mirá esto’, ‘consigamos tal cosa’, ‘ayudemos a tal’. No podemos cortar”.
Incluso una película puede terminar disparando una idea para la fundación. “Siempre estamos conectadas y por ahí juntas nos decimos: ‘Bueno, hay que parar’”. A esa intensidad se suma otro temor: exponerse públicamente con un proyecto propio. “A veces es: ‘¿Se irá a entender lo que hacemos? ¿Lo irán a tomar de la misma manera? ¿Nos iremos a ganar por lo menos el respeto?’”, relató Edith.
Su preocupación adquiere otra dimensión como madre: “Lo que busco es que la otra persona, por mostrar lo que le gusta, lo que hace y su propósito, no tenga que atravesar un momento de angustia”.
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“La maternidad no viene a ponerle un techo a nuestras aspiraciones”

La experiencia de Susana Figueroa parte de otra idea: discutir que una mujer deba elegir entre maternidad y crecimiento profesional. “Si hay algo que aprendí con los años es que la maternidad no viene a frenarnos ni a ponerle un techo a nuestras aspiraciones. Al contrario, nos despierta una fuerza y una intuición que después aplicamos en todo lo que hacemos”, sostiene.
Susana cuestiona especialmente la culpa asociada con esa elección. “A veces nos meten en la cabeza que para hacer crecer un proyecto o una empresa hay que sacrificar la presencia como mamás, o que para ser buenas madres hay que pausar la carrera. Yo elegí no comprar esa idea”. Su experiencia profesional también terminó incorporando a su hija. “Mis hijos siempre me vieron meterle para adelante y hoy ver a mi hija acá al lado mío, codo a codo en un rol tan clave, me confirma que ese era el camino”.
Para otras mujeres que atraviesan una situación similar, su mensaje se concentra en no entender ambos roles como excluyentes: “Crecer profesionalmente no significa dejar de ser mujer ni ausentarse como madre”.
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Hijas que también encuentran referentes profesionales en sus madres

Del otro lado aparece la mirada de las hijas. Para Sol, trabajar junto a Susana cambió también la forma de verla dentro del espacio profesional. “Día a día aprendo muchísimo de ella, no solo en lo laboral, sino también de su compromiso, su esfuerzo y la dedicación que le pone a su trabajo. No solamente es mi mamá y la quiero un montón. Admiro mucho a la profesional que es”, relata.
Lucía expresa algo parecido cuando habla de Edith. “Es un orgullo para mí trabajar juntas y no solamente trabajar, sino compartir. La admiro, la valoro un montón”.
En su mensaje por el Día de la Madre la define como “un ejemplo a seguir” y resume el deseo que atraviesa las dos historias: “Espero que siempre podamos compartir estas emociones juntas y por muchas más cosas, muchos más proyectos”.
En ambas experiencias, la minería aparece como parte del escenario en el que madres e hijas encontraron una forma de trabajar juntas. Entre proyectos, diferencias, aprendizajes y momentos en los que hay que obligarse a apagar el teléfono, el vínculo familiar también se convirtió en una manera de acompañarse profesionalmente.

Periodista y licenciada en Comunicación Social, especializada en el impacto social, educativo y laboral de la minería en San Juan, con foco en oficios técnicos, proveedores locales y desarrollo en comunidades y una mirada inclusiva del sector.