Mandato climático en Chile: El plan que obliga a la minería a ser sostenible

La aprobación del Plan Sectorial de Mitigación y de Adaptación al Cambio Climático es el nuevo instrumento publicado recientemente en el Diario Oficial de Chile, y no es solo una declaración de intenciones, sino un mandato operativo que busca alinear la actividad con las metas de carbono neutralidad. Desglosamos el impacto de esta normativa con la especialista María José Vidal, quien aporta una visión técnica y estratégica sobre el futuro de la industria.
Por Yenhy Navas

Los tres pilares de un cambio de paradigma operativo
Según explica María José Vidal, el plan no es una medida aislada, sino que se asienta sobre una estructura tríadica diseñada para la resiliencia del sector. «El plan se sostiene sobre tres pilares muy claros y bien estructurados. Primero, la reducción efectiva de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Segundo, la adaptación operativa y territorial frente a riesgos climáticos reales como la escasez hídrica. Y tercero, la gobernanza climática», destaca la profesional.
Esta gobernanza es, a juicio de Vidal, el elemento que convierte al plan en un instrumento funcional, permitiendo una coordinación efectiva entre el ámbito público y el privado. La integración de la planificación con el financiamiento y el monitoreo asegura que los objetivos no queden en el papel, sino que se traduzcan en acciones concretas en las faenas.

Desafíos en la gestión de activos e integración del riesgo climático
La implementación de este marco legal impone retos inmediatos para las compañías que ya tienen sus activos en operación. Vidal es enfática al señalar que el mayor desafío es cultural y de gestión. «El principal desafío es el cambio de enfoque en la gestión del riesgo. Las operaciones en marcha deben incorporar el riesgo climático como una variable estructural del negocio, no como un elemento accesorio», afirma.
Esto implica que las empresas deben revisar desde sus contratos energéticos hasta sus planes de continuidad operacional. La adaptación ya no se percibe como una opción ética, sino como una condición sine qua non para mantener la competitividad y, fundamentalmente, la licencia social para operar en territorios cada vez más sensibles a la crisis climática.

Innovación tecnológica: El motor para la mitigación de emisiones
Para alcanzar las metas propuestas por el Ministerio de Minería, la tecnología se vuelve el aliado indispensable. Vidal sostiene que la innovación es el «puente» entre la regulación y la realidad operativa. La descarbonización de la matriz, el uso de hidrógeno verde y la digitalización de procesos son ejes que el plan fomenta para reducir la huella de carbono.
«La tecnología permite hoy lo que antes parecía imposible: producir más con menos impacto. El plan impulsa la adopción de mejores técnicas disponibles (BAT) y fomenta la eficiencia energética en toda la cadena de valor», subraya la experta. Esta transformación tecnológica es la que permitirá a Chile mantener su liderazgo mundial en la producción de minerales críticos para la transición energética global.
Inclusión de la pequeña y mediana minería en el plan verde
Uno de los puntos más relevantes del análisis de Vidal es la visión sobre la Pequeña y Mediana Minería (PMM). A menudo, estas escalas quedan relegadas en las grandes discusiones normativas, pero este plan las integra de forma explícita. «La principal lección es que la sostenibilidad no es solo para la gran minería. El plan reconoce explícitamente a la pequeña y mediana minería y abre oportunidades concretas», explica Vidal.
Estas oportunidades incluyen acceso a financiamiento verde, apoyo institucional para la gestión de residuos y programas de eficiencia energética. Para los productores de menor escala, adaptarse tempranamente no debe verse como una carga burocrática, sino como una ventaja competitiva que les permitirá acceder a mercados más exigentes y sostenibles.
Gobernanza y futuro minero: Un antes y un después para la región
Finalmente, la robustez del plan se medirá por su capacidad de ejecución. El diseño institucional incluye mecanismos de monitoreo, reporte y verificación (MRV), lo que garantiza transparencia. Según Vidal, este es uno de los grandes aciertos: «Establece mecanismos claros con seguimiento periódico y articulación con la Estrategia Climática de Largo Plazo. Si se implementa correctamente, estamos frente a un instrumento con capacidad real de ejecución».

El mensaje para el sector es contundente: el cambio climático ha dejado de ser una preocupación periférica de los departamentos de medio ambiente para convertirse en el núcleo de la estrategia de negocios. «Este plan marca un antes y un después en la forma de hacer minería en Chile, con lecciones muy relevantes para toda América Latina», concluye María José Vidal, dejando claro que la industria debe evolucionar o enfrentar riesgos crecientes en el largo plazo.