La otra cara del 1° de Mayo: El drama de esperar una oportunidad minera en San Juan

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Mientras los anuncios de inversiones multimillonarias por el RIGI dominan la agenda, cientos de trabajadores sanjuaninos atraviesan el Día del Trabajador entre el desempleo y la precariedad. Mayco Díaz y Tamara Arancibia, ambos vecinos de Chimbas, representan el desafío de una mano de obra local que tiene la experiencia y la formación, pero que choca contra barreras corporativas y procesos de selección complicados.

Mineros en una operación, sin trabajo. Contenido Original de ACERO Y ROCA - Prohibida su reproducción
Para muchos sanjuaninos, el motor minero todavía no arranca en sus economías familiares. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

El día que muchos celebran y otros no, un día para festejar y para tener esperanza

Primero de Mayo. Día del Trabajador. Para millones, una jornada de reconocimiento, descanso o reclamo. Para otros, es el recordatorio de lo que tuvieron y perdieron. O de lo que nunca llega. La esperanza siempre a flor de piel.

En San Juan, la minería promete ser el motor del desarrollo. Proyectos como Vicuña, Josemaría, Altar o Los Azules anuncian inversiones multimillonarias. Pero mientras las empresas ajustan sus cronogramas y los gobiernos discuten jurisdicciones, hay personas concretas que esperan una llamada que no llega.

Mayco Díaz y Tamara Arancibia viven en Chimbas. Él tiene 34 años. Ella 36. Los dos trabajaron en minería. Ambos quedaron fuera. Ahora mantienen la esperanza de volver. Ambos integran la Agrupación Minera Cordillera de los Andes, que nuclea a cerca de 2.000 personas que quieren ingresar a trabajar en minería. Algunos tienen experiencia, otro no, otros son profesionales. Todos los miembros de este grupo hoy esperan poder trabajar en el sector.

La historia de Mayco Díaz

Mayco Díaz, es albañil y hace 4 años que no puede volver a insertarse en el sector minero. Hoy trabaja, pero espera con ansias poder tener un trabajo minero.

«Ahora todo es por correo electrónico, por IA. Si te equivocás en un pequeño detalle del currículum, no te llaman. Con la experiencia que tengo, no me dan la oportunidad de demostrar que estoy preparado. Hay rumores de que entra gente de La Rioja, de Chile en distintas empresas. La prioridad también es para la comunidad. Pero si la minería es de San Juan, ¿por qué no tenemos todos los sanjuaninos la oportunidad de trabajar?».

Mayco es de la «enchapado a la antigua«, como él dice. Prefiere el cara a cara. Por eso entrar a Malvar hace cuatro años fue posible: fue a hablar a Recursos Humanos, mostró predisposición, dijo que no sabía pero que quería aprender. Y aprendió.

Pero todo terminó. Una licitación se perdió, empezaron los contratos cortos de tres meses, las bajas de categoría, las liquidaciones. La última vez que trabajó en minería fue hace dos años, con un contrato de tres meses haciendo piletas de contención para camiones fuelteros en Veladero, tras una multa millonaria de Medio Ambiente.

Hoy, Mayco trabaja en albañilería con un grupo de amigos en Rivadavia.

Tiene tres hijas, está casado, tiene casa propia, «gracias a Dios«. Pero las deudas se acumulan, los «boletones de luz» los tuvo que poner en plan de pago. «Todo sube: combustible, alimentos. Tengo que tener un sueldo grande para abastecerlo y no lo tengo».

Mayco insiste. Manda currículums por todos lados. Hizo un curso de ayudante perforista en la agrupación y otro de mantenimiento de máquinas industriales. Pero el sigue esperando.

La historia de Tamara

Tamara Arancibia trabajó en en L y G.

Tamara trabajaba en Josemaría. No en el pozo, no en la perforación. Hacía hotelería y atención al público para la empresa L y G. Y le gustaba.

«El trabajo en la mina es muy lindo. Todos los días se respetaban, fue una linda experiencia», recuerda. Hace tres años, todo cambió. Tuvo su descanso habitual en enero, y cuando revisó su cuenta, había más dinero del esperado. La habían desvinculado y le habían liquidado su indemnización. «Sin previo aviso», dice.

Desde entonces, no consigue nada. Hizo cursos: ayudante perforista, petróleo, aire reverso, diamantina. Pero el mercado laboral minero tiene una barrera que para ella es imposible de saltar: «Te piden sí o sí de 5 a 10 años de experiencia. No te dan la oportunidad de obtenerla».

Tamara fue a Catwest, la empresa que ganó la licitación de Josemaría. Intentó hablar. Pero hoy todo es por correo, por currículum digital. «No hay manera de que vos puedas expresarte o hacerlo. Siempre son allegados o conocidos, o si tenés a alguien que te haga la pata. No hay de otra manera».

Para entrar a su antiguo trabajo, Tamara hizo lo que pocos se animan: fue todas las semanas a la empresa, esperó al dueño en la puerta, molestó durante dos meses hasta que la tomaron. «Así pude entrar», recuerda. Hoy no tiene trabajo. Ni en minería ni afuera. Vive en Chimbas, alquila, tiene hijos y pareja. Y 36 años. También hizo cursos, pero sigue con la esperanza de un mejor pasar con un trabajo minero.

La esperanza que no se pierde

Tanto Mayco como Tamara mantienen algo intacto: las ganas de volver a la minería. Mayco lo dice claro: «Desearía volver a la minería. Con la experiencia laboral que tengo, sé que puedo». Tamara también. Hizo los cursos, tiene la constancia, se presenta. Pero no es fácil. Ambos, cada uno por su parte, creen que algo tiene que cambiar. No piden caridad. Piden oportunidad. Hoy ellos, al igual que muchos de sus compañeros de la agrupación celebran, pero esperan. Esperan por ese tan ansiado trabajo minero que los ayude a salir adelante. Dos historias que, seguramente, se parecen a las de cientos de familias sanjuaninas.

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