Paternidades mineras en argentina: el desafío de criar entre la distancia y el cerro

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El trabajo en la industria minera impone una dinámica que va más allá de lo operativo: el desafío de construir y sostener el vínculo paterno entre rosters, guardias y miles de kilómetros. En el marco del Día del Padre, exploramos la realidad de quienes, desde diferentes roles, logran estar presentes en la vida de sus hijos a pesar de la ausencia física. Testimonios que revelan cómo se redefine el rol de las paternidades mineras en el corazón de la minería argentina.

dia del padre. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

El ritmo de la industria demanda ausencias prolongadas, pero también revaloriza los momentos de encuentro. En este especial, los invitamos a conocer las historias de trabajadores locales que, día a día, demuestran que el compromiso con la familia es el motor que sostiene la exigencia de la vida en cordillera. A continuación, compartimos las vivencias de este recorrido, al cual se sumarán otras perspectivas de nuestro equipo editorial.

Ser padre en la minería no es solo una cuestión de turnos rotativos o campamentos; es un ejercicio constante de adaptación y resiliencia. Más allá de la jerarquía o el puesto ocupado, el trabajador minero enfrenta la complejidad de mantener su rol presente en la cotidianidad de sus hijos desde la lejanía.

Alfredo Marinero, dos hijas que lo esperan en casa

Alfredo Marinero vive en Rodeo y lleva 20 años en la minería. Tiene dos hijas: Luz, de 13 años, y Aya, de 9. Su trabajo exige estar lejos del hogar por muchos días. Pese a esto, logró estar presente en ambos nacimientos. Según explica, el sacrificio es por el futuro de ellas: “Tenemos que trabajar todos los días para el bienestar de la familia. Alfredo recuerda que antes, la distancia era más difícil. Un llamado inesperado al mediodía “ya era una mala noticia porque algo había pasado”.

Para Alfredo cada momento compartido, de lo cotidiano, tiene un valor particular. Poder estar en un acto escolar se tiñe de una emoción particular.

Cuando Alfredo tiene su descanso o «franco», aprovecha el tiempo al máximo. Él define este reencuentro como “disfrutar al mango”. Las acompaña a la escuela y comparten mates en la plaza. No solo busca darles cariño, sino también herramientas para la vida. Les enseña a cocinar y a realizar tareas domésticas. Su gran objetivo es que, al irse a estudiar, “no lleguen a ese choque de no saber hacer nada”.

Alfredo nos comparte una selfie divertida con su familia, que sin duda le recuerda que algo maravilloso lo espera en casa.

Raúl Cabanay, compartir pasiones laborales con sus hijos

Para Raúl Cabanay, la paternidad es una evolución constante que hoy disfruta compartiendo la gestión de Calera San Juan con sus hijos. Define su relación con Germán, el mayor, como extraordinaria y destaca que han logrado fortalecer sus vínculos al trabajar juntos. Se siente afortunado de haber construido lo que llama un pequeño gran clan, donde también participa su hijo Pablo en el área comercial. Para Raúl, el éxito profesional de sus hijos es mérito de ellos, afirmando con orgullo que se trata de una “construcción propia basada en su esfuerzo”.

Una particularidad emocionante de su historia es cómo ha integrado los afectos familiares en la identidad de su empresa. Raúl relata que los hornos industriales de la compañía llevan los nombres de sus nietas, Luana y Matilda, uniendo así el progreso técnico con el amor por su descendencia. Más allá de los balances financieros, asegura que ver a su hijo formar su propia familia es su “motivo de gran orgullo”. Para él, los temas emocionales son decisivos para alcanzar un verdadero equilibrio laboral en una industria tan exigente.

Raúl Cabanay junto a su familia, unidos y empujando hacia el mismo camino. La foto compartida por el empresario emblemático de la cal sanjuanina muestra su mayor orgullo.

Darío Ruarte, perforista: abrazos que se sienten en el pecho

Darío Maximiliano Ruarte es perforista minero y padre de León, de 5 años y de Cielo, quien pronto cumplirá 2. Su vida transcurre entre el rigor del cerro y la ternura del hogar. Afortunadamente, pudo estar presente en el nacimiento de sus dos hijos. Este año, el calendario le regaló la oportunidad de pasar el Día del Padre en casa. El desarraigo, sin embargo, no es fácil. Para Darío, lo más duro es ver el rostro de sus pequeños cuando debe partir al yacimiento: sin duda lo más difícil es cuando me voy, sus caritas”.

Darío junto a su familia, una clan joven que apuesta a que la unidad hace la fuerza.

Durante sus días de descanso, Darío se dedica a recuperar el tiempo perdido. Disfruta llevar a sus hijos a la plaza, andar en bicicleta o acompañarlos a la escuela. Admite ser un padre muy «consentidor» para aprovechar cada segundo al máximo. Según cuenta, cada momento que compartimos lo disfrutamos, aprovechamos cada instante”. Aunque la distancia le ha hecho perder actos escolares y cumpleaños, el regreso lo compensa todo. El momento más gratificante es el reencuentro: “esos abrazos que me dan cuando llego, los siento en lo profundo del pecho”.

Darío afirma que las pequeñas actividades, como ir a la plaza con su familia es lo que lo llena de fortaleza para hacer frente a los desafíos laborales.
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