El debate sobre la matriz energética argentina sumó un nuevo capítulo técnico tras la media sanción del Súper RIGI. Mientras el sector privado acelera proyectos de autogeneración y reactiva inversiones millonarias, especialistas advierten sobre la necesidad de preservar las capacidades del sistema científico local para asegurar el desarrollo industrial a largo plazo.

El sector nuclear como base de potencia para la industria de escala
La matriz eléctrica nacional enfrenta el desafío de garantizar potencia firme ante la llegada de proyectos industriales de gran envergadura. Para Marcelo Alejandro Corti, (Especialista en Planeamiento y Sustentabilidad y Director Ejecutivo en el Centro de Desarrollo Sustentable Geo de la UBA), el complejo nuclear representa el pilar más sólido de este activo. Consecuentemente, considera que el recorte de partidas a organismos como la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) genera una pérdida de capital estratégico.
«La energía nuclear es conocimiento nacional aplicado, soberanía tecnológica y capacidad de planificar», sostiene el académico al analizar el impacto de la parálisis presupuestaria en proyectos como el CAREM. Este prototipo, primer reactor modular pequeño (SMR) de diseño 100% nativo, es definido por Corti como una plataforma de capacidades industriales que moviliza a decenas de metalúrgicas y pymes tecnológicas de la cadena de valor. «Al desmantelar estos equipos se fragmenta una memoria institucional que llevó 70 años construir», añade.
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El arribo de capitales internacionales y los nuevos reactores del RIGI
En una reciente cumbre en el Palacio San Martín, el canciller Pablo Quirno recibió a su par alemán, Johann Wadephul, para firmar un Memorándum de Entendimiento en materia de minería y recursos minerales estratégicos. El objetivo es fortalecer las cadenas de suministro para Alemania, especialmente en lo que respecta a la transición energética.
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Este interés internacional se complementa con el anuncio de una inversión privada de USD 1.200 millones para construir un reactor nuclear en Atucha a través de la empresa Meitner Energy. Corti observa este fenómeno con preocupación de que estas inversiones, amparadas en el Súper RIGI, funcionen como enclaves tecnológicos. «Si el modelo es traer tecnología cerrada, operar bajo lógica de enclave y dejar a la industria nacional mirando desde afuera, entonces dejamos de construir conocimiento soberano y pasamos a comprar dependencia», declara el director del Centro Geo.

La minería y la industria impulsan su propia energía
Según el último informe del INDEC, la autogeneración eléctrica en el sector minero e industrial creció un 6,5% en el primer trimestre de 2026. El sector de explotación de minas y canteras lideró este crecimiento con un salto del 10,5%, alcanzando los 2.179.346 MWh. Lo más disruptivo es que la energía despachada al Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) por estas empresas aumentó un 36,1%, cubriendo el bache dejado por la caída del 1,6% en la generación neta del sistema nacional.
En provincias como San Juan, este dinamismo se traduce en hechos concretos. El Ente Nacional Regulador del Gas y la Electricidad (ENReGE) otorgó recientemente el acceso a la capacidad de transporte a la empresa Coral Consultoría en Energía para su Parque Solar Fotovoltaico San Pedro I en el departamento Calingasta, que aportará 5 MW de potencia. Este avance privado, aunque positivo para la matriz, no reemplaza la necesidad de potencia firme que proporciona la energía nuclear para los grandes proyectos industriales.
Transferencia tecnológica: la discusión en los bloques gremiales
La discusión sobre el modelo de inserción global llegó a las organizaciones sindicales. La Confederación General del Trabajo (CGT) formalizó su postura restrictiva ante esquemas que faciliten la transferencia de activos estratégicos a operadoras internacionales sin contraprestaciones de desarrollo local.
Para Corti, la solución no es cerrarse al mundo, sino cambiar la lógica del trato. «Cooperación no puede significar subordinación. Un acuerdo inteligente tiene que exigir transferencia tecnológica, participación de proveedores locales y propiedad intelectual compartida», explica. El problema del Súper RIGI o cualquier régimen similar es que, si solo atrae dólares sin dejar capacidades instaladas, es apenas una inversión con beneficios fiscales, pero no desarrollo.
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El punto de no retorno y la necesidad de planificar

El factor más crítico del escenario actual radica en el sostenimiento del plantel profesional especializado. Los movimientos de personal y desvinculaciones registrados en las sedes de la CNEA condicionan el ritmo de finalización de las obras civiles de la nueva generación de reactores.
«El desfinanciamiento de la ciencia nacional y los despidos en la CNEA están empujando al sector a una zona de riesgo muy seria. Un ingeniero nuclear o un especialista en seguridad radiológica no se reemplaza con una búsqueda laboral común; son trayectorias largas que, una vez perdidas, cuestan décadas recuperar», puntualiza Corti.
La planificación de largo plazo surge así como la única vía para evitar la obsolescencia técnica del complejo atómico nacional.
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Periodista especializada en gestión minera, sustentabilidad y desarrollo regional. Con un enfoque centrado en la transparencia y la comunicación estratégica, analiza el impacto de la industria en las comunidades y el marco institucional del sector. En Acero y Roca, es la voz encargada de desglosar los desafíos de la licencia social y los procesos de modernización minera.