La jachallera Julia Echegaray, presidenta de la Fundación Mujeres que Inspiran, convirtió el desarrollo de negocios femeninos en una agenda vinculada a la minería. Su planteo apunta a profesionalizar proveedoras, ampliar la participación de mujeres y lograr que el crecimiento del sector deje capacidades en las comunidades.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Julia Echegaray impulsa desde Mujeres que Inspiran la incorporación de emprendedoras y empresarias a la cadena minera. Desde 2023, la actividad forma parte de los ejes de la fundación, que trabaja sobre profesionalización, vinculación empresarial e inclusión laboral, con especial atención en Jáchal y San Juan.
Para Julia, la llegada de inversiones y el crecimiento de los proyectos sólo pueden transformarse en desarrollo local si las comunidades están preparadas para ocupar los espacios que se abren alrededor de la actividad. Ese razonamiento atraviesa el trabajo de Fundación Mujeres que Inspiran, organización que creó en 2021, después de la pandemia. “La idea es generar espacios donde las emprendedoras y empresarias puedan ofrecer sus productos y servicios, y tener contacto directo con referentes del sector”, explica.
El fin es lograr que más emprendedoras y empresarias puedan convertirse en proveedoras de una industria que tendrá un peso creciente en la economía de Cuyo. Para Echegaray, la respuesta combina capacitación, vínculos comerciales y políticas que favorezcan el desarrollo de proveedores locales.
La minería como una puerta para los negocios liderados por mujeres
La lógica es sencilla: conocer qué necesita la industria antes de intentar venderle. En minería, donde los procesos de contratación suelen exigir formalización, capacidad de respuesta, estándares técnicos y continuidad. La profesionalización pasa a ser una condición para competir. Para Echegaray, además, esa discusión tiene una dimensión territorial.

“Es una posibilidad de desarrollo local para las comunidades. Es una gran oportunidad para los proveedores locales y para que más mujeres trabajen en la industria, de forma directa e indirecta”.
Pero advierte que el crecimiento de la actividad por sí mismo no garantiza ese resultado. Su planteo incorpora la necesidad de una política de Estado orientada al desarrollo de proveedores, capaz de generar condiciones para que empresas de las zonas mineras puedan escalar y participar de las contrataciones. El desafío es especialmente visible en departamentos donde los proyectos conviven con economías locales de menor escala. Allí, el salto entre tener un emprendimiento y convertirse en proveedor de una compañía minera puede exigir capacitación comercial, administrativa y técnica.
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Más mujeres en minería, pero también más mujeres generando empleo
El segundo eje es la inclusión. Junto con la Red de Mujeres Mineras Latinoamericanas, con base en San Juan, la fundación acompaña iniciativas orientadas a ampliar la presencia femenina dentro del sector.
“Hoy hay entre un 13% y 14% de mujeres en puestos de minería. Entendemos que falta mucho. El objetivo es reducir esa brecha y llegar a que al menos el 40% o 50% de la dotación esté compuesta por mujeres”, señaló la entrevistada.
Del mismo modo, Echegaray mencionó el acompañamiento a una iniciativa de cupo de inclusión, aunque no precisó durante la entrevista su jurisdicción ni situación legislativa. Su planteo, sin embargo, va más allá de contabilizar trabajadoras dentro de las empresas. Para la dirigente, una mujer que logra consolidar un negocio puede multiplicar el efecto económico de su incorporación al sector. “Cuando una mujer desarrolla un negocio genera empleo, primer empleo y mayor autonomía económica. Eso implica crecimiento comunitario y menor violencia”, afirmó.

Jáchal, el territorio donde la oportunidad se vuelve personal
Al hablar de Jáchal, Julia ya no habla solamente como la presidenta de una fundación, sino como alguien que sigue considerando a ese departamento como su lugar de pertenencia. “Vuelvo cada vez que puedo. Amo esa tierra. Soy una jachallera, una sanjuanina de alma. Todo lo que le pasa a mi pueblo lo siento, me duele y siempre trato, en lo posible, de aportar mi granito de arena”, contó.

Pero ese afecto se conecta con una preocupación concreta: cómo preparar al departamento para capturar una mayor porción del movimiento económico generado por la minería. “Creo que Jáchal tiene muchísimo potencial, cosas importantes que mostrar y, fundamentalmente, tiene algo especial… la calidez de su gente.«, expresó.
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Por eso, cuando se le pregunta qué debería hacer una mujer que busca ingresar por primera vez al ecosistema minero, no habla de empresas ni de puestos determinados. “Que se capaciten y se vinculen con cámaras e instituciones como Mujeres que Inspiran y la Red de Mujeres Mineras. La clave está en la profesionalización del emprendimiento y en estar en contacto permanente con el sector para entender qué necesita la industria y poder formar parte de su cadena de valor”, explicó.
El desafío es convertir actividad minera en capacidad local
La inclusión femenina no se limita a conseguir una mayor cantidad de trabajadoras dentro de los proyectos. También supone crear condiciones para que emprendedoras puedan convertirse en empresarias, contratar personal y permanecer dentro de la cadena de valor. Para Jáchal, donde la minería ya forma parte de la economía departamental, el resultado podrá medirse en algo más que inversión y producción. En ese proceso, la profesionalización de los negocios liderados por mujeres aparece como una de las variables que permitirán saber hasta qué punto el crecimiento minero consigue transformarse también en desarrollo local.