El escenario internacional para los metales base se encuentra bajo una fuerte presión logística. Según el informe Global Critical Minerals Outlook 2026 de la Agencia Internacional de Energía (AIE), el mercado mundial del cobre se vio sumido en el caos debido al conflicto en Oriente Medio y a las restricciones comerciales de Pekín. El organismo advierte que el metal rojo enfrenta un importante conjunto de desafíos a corto plazo, a pesar de que las perspectivas de suministro a largo plazo registran una modesta mejora.

La agencia con sede en París detalla que las proyecciones a corto y mediano plazo sufrieron un grave deterioro durante el último año. De acuerdo con el documento oficial, «a pesar de una ligera mejora en las perspectivas a largo plazo, las perspectivas de suministro a corto y mediano plazo parecen haber empeorado considerablemente. Las limitaciones en la disponibilidad de ácido sulfúrico representan un riesgo significativo para la producción de SxEW. Sumado a una recuperación más lenta de lo esperado tras las interrupciones en las principales minas y a un mercado ya ajustado, el mercado del cobre enfrenta importantes desafíos a corto plazo».
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El impacto del estrecho de Ormuz y el freno exportador de China

La raíz del desabastecimiento de ácido sulfúrico se vincula de forma directa con el cierre efectivo del estrecho de Ormuz ocurrido en febrero pasado. Este bloqueo interrumpió la ruta de aproximadamente la mitad del comercio mundial de azufre por vía marítima, materia prima esencial para la elaboración del ácido, proveniente de los países del Golfo e Irán, regiones que concentran una cuarta parte de la oferta global de azufre.
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Por lo tanto, la situación se agravó cuando China impuso una prohibición total a las exportaciones de ácido sulfúrico desde mayo hasta finales de este año, recortando casi una cuarta parte de los requerimientos de este insumo fuera de sus fronteras.
Este desbalance golpea de lleno a la actividad minera global, dado que más del 15% de la producción primaria de cobre se obtiene mediante el proceso de lixiviación, extracción por solventes y electroobtención (SxEW), sistema que convierte el mineral lixiviado en cátodos terminados en el propio yacimiento. Los países más expuestos a esta crisis son la República Democrática del Congo, donde casi el 45% de su cobre depende de este insumo y Chile, que ya arrastra un déficit crónico de ácido. Ambas naciones arriesgan un volumen de producción lixiviada de 1,5 millones y 1,2 millones de toneladas, respectivamente.
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Costos operativos y secuelas productivas de los yacimientos

Los datos de la AIE demuestran el peso financiero de esta crisis: en una planta promedio de SxEW, el ácido representa el 13% de los costos totales de operación. Sin embargo, la urgencia actual es el stock físico. Al día de hoy, las reservas de azufre o ácido de varios productores globales se redujeron a niveles críticos de entre 30 y 60 días, multiplicando las alarmas sobre inminentes recortes en las operaciones.
Esta escasez se acopla a un mercado que todavía arrastra los balances negativos de 2025, período en el que diversas interrupciones operativas restaron 1,5 millones de toneladas de mineral, más del 6% del suministro mundial, y generaron un marcado déficit en el segmento de refinados. Ante este panorama, los precios del cobre, que habían quebrado la barrera de los 12.000 dólares por tonelada en diciembre, escalaron por encima de los 14.000 dólares durante el mes de mayo.
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El cuello de botella de las fundiciones y la concentración del mercado
La tensión en la cadena de valor se replica con fuerza en el eslabón intermedio del procesamiento. Pese a las cotizaciones récord del metal, el precio de referencia anual para el tratamiento (TC/RC) se fijó en 0 dólares por tonelada para el año 2026, estableciendo el mínimo histórico del sector, mientras que las tarifas para el mercado al contado (spot) se mantienen en terreno negativo desde 2024.
Este desplome tarifario responde a la expansión masiva de la capacidad de fundición en territorio chino. Desde el año 2005, China aportó más del 90% del crecimiento de la capacidad de fundición global, saltando de una participación del 15% a controlar la mitad de la oferta mundial. En contraste, las tasas de utilización de las plantas fuera de China cayeron por debajo del 70%, frente al 85% de rendimiento que registran los complejos dentro del país asiático.
Los límites de la producción china frente al déficit estructural del mercado
Si bien las principales fundiciones chinas pactaron una reducción de su capacidad superior al 10% para este año, y Pekín congeló la puesta en marcha de unos 2 millones de toneladas de nueva capacidad proyectada, la AIE dictaminó que estos recortes «no son suficientes para equilibrar significativamente el mercado. Cada vez es más crucial prestar mucha atención a los crecientes riesgos de concentración en la fase intermedia de las cadenas de suministro de cobre. También conviene analizar si el marco actual de TC/RC sigue siendo adecuado en una estructura de mercado cambiante”.
Finalmente, el informe analiza el largo plazo e indica que las brechas estructurales no lograrán cerrarse por completo. Tomando en cuenta la cartera de proyectos vigente y las políticas actuales, la AIE estima que el suministro de cobre primario se ubicará aproximadamente un 25% por debajo de las necesidades globales hacia el año 2035, lo que representa una leve mejora frente al déficit del 30% proyectado en el reporte del año pasado.
El mapa global de la oferta: entre expansiones africanas y trabas judiciales

La mejora en las perspectivas a largo plazo del mercado mundial del cobre está traccionada principalmente por África. La República Democrática del Congo (RDC) y Zambia sumarán juntas casi 650.000 toneladas a las previsiones para 2035.
Este impulso responde al desarrollo de operaciones de mineral de malaquita respaldadas por capitales chinos, la expansión de Kisanfu por parte de CMOC y el crecimiento del proyecto Lumwana de Barrick Mining, donde se proyecta que la primera producción del denominado Super Pit arranque en 2028.
Por su parte, Perú aportará casi 300.000 toneladas adicionales gracias a la extensión de la vida útil de Antamina y al proyecto de lixiviación Tia Maria (SxEW) de Southern Copper. Sin embargo, la AIE remarca con énfasis que el permiso ambiental de Tia Maria fue revocado en abril antes de ser reautorizado apenas 11 días después, un hecho que expone la incertidumbre y los desafíos crónicos que implica poner en marcha nuevos proyectos mineros de gran envergadura.
En el resto del mundo, el yacimiento ruso Baimskaya podría sumar casi 350.000 toneladas, mientras que Canadá aportará 200.000 toneladas tras la aprobación para extender la vida útil del yacimiento Highland Valley de Teck Resources. En la vereda opuesta, el megaemprendimiento Resolution de Rio Tinto en Estados Unidos continúa trabado en litigios judiciales, por lo que quedó completamente descartado de las proyecciones en ambos escenarios.
Leyes en caída y una inversión multimillonaria para cerrar la brecha

Las causas que mantienen abierta la brecha entre oferta y demanda son estructurales y muestran un agravamiento constante. La ley media del mineral cayó un 40% desde 1991, mientras que la intensidad de capital requerida para expandir yacimientos maduros trepó un 65% desde 2020, alcanzando costos que antes solo se asociaban a la construcción de minas desde cero. A esto se suma que los plazos de desarrollo promedian los 17 años desde el descubrimiento inicial hasta la primera producción comercial.
Cerrar este desbalance exige el esfuerzo financiero más alto de todos los minerales que monitorea la AIE: se necesitan aproximadamente 310.000 millones de dólares, de un paquete global de 750.000 millones destinados a inversión en minería y refinación hasta el año 2040. Por lo tanto, las compañías mineras tomaron nota del mensaje: mientras la inversión general en minerales críticos cayó un 9% en 2025, el gasto de las empresas enfocadas específicamente en el cobre trepó un 8%, disparando además un aumento del 20% en el valor de las fusiones y adquisiciones de activos a nivel global.
La presión de la demanda y la guerra de pronósticos por el precio
El consumo explica la disposición del mercado a convalidar valores altos. La demanda mundial de cobre refinado alcanzó casi 28 millones de toneladas en 2025 (un 3,7% más) y la AIE prevé que crezca más de un 25% para 2040. Esto significa unos 7 millones de toneladas de nueva demanda originada en la expansión de las redes eléctricas, los vehículos eléctricos y los centros de datos, frente a un reciclaje que solo aporta soluciones parciales.
A nivel comercial, firmas globales de investigación de mercados y análisis macroeconómico elevaron sus promedios para 2026 entre 12.235 dólares hasta un techo de 13.000 dólares por tonelada.

Equipo editorial de Acero y Roca. Información técnica, veraz y actualizada sobre el sector minero e industrial de Argentina y el mundo.