ACERO Y ROCA estuvo en Guandacol y dialogó con vecinos, para conocer de primera mano cómo es el día a día de sus habitantes y como ven el desarrollo de la minería. Enclavado al oeste de la provincia de La Rioja, sobre el corredor de la Ruta Nacional 40 y a orillas del río La Troya, este histórico poblado rural transita una reconversión radical de su matriz productiva.

El gigante minero Vicuña está empezando a desplegar una infraestructura gigantesca y Guandacol es el paso obligado de todo lo que se va a armar a más de 5000 metros de altura. Sin embargo, este proceso de transformación no ha estado exento de turbulencias sociales y económicas profundas.
Del conflicto vial a la mesa de diálogo estratégico
Durante los últimos meses, sus habitantes han tenido tensiones con la miner. Han realizado cortes de ruta y bloqueos sobre los accesos viales en reclamo de fuentes laborales legítimas y de un mayor cumplimiento de las normativas de circulación.
La situación llegó a un punto crítico cuando medidas judiciales de carácter restrictivo frenaron temporalmente el tránsito pesado por el corredor riojano, sembrando la incertidumbre en las aproximadamente 2.530 almas que componen la localidad, dentro de un Departamento Coronel Felipe Varela que nuclea a un total de 11.372 habitantes.
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No obstante, hoy la realidad muestra un panorama diferente. Tras intensas gestiones con las autoridades políticas, los vecinos de Guandacol han puesto una ficha al compromiso y al pacto entre las partes a cambio de obtener una ansiada paz social, empleo genuino y oportunidades de crecimiento para toda la región.
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El rol del primer anillo laboral y las oportunidades de empleo
Gracias a las reuniones políticas llevadas a cabo entre el Gobierno provincial, los representantes comunales y los directivos de la minera Vicuña, se ha podido acordar un cupo específico de trabajadores del primer anillo. Este entendimiento garantiza que la mano de obra local sea prioridad en las contrataciones para las tareas logísticas y de servicios, descomprimiendo la tensión social que había motivado las protestas. Asimismo, la reactivación del diálogo permitió encauzar exigencias vinculadas al desarrollo de infraestructura urbana y comercial, dotando al pueblo de una perspectiva de progreso económico sostenido.
Infraestructura de servicios y el desafío del desarrollo local
A medida que el proyecto minero avanza en la cordillera, la economía de Guandacol, tradicionalmente volcada a la producción vitivinícola, los olivos y el empleo público, experimenta un dinamismo inédito. La llegada constante de contratistas y transportistas ha comenzado a traccionar la modesta infraestructura de servicios con la que cuenta el municipio.
Al tratarse de una escala demográfica pequeña, la oferta de hospedajes, pequeños hoteles, residencias y establecimientos gastronómicos es acotada pero se encuentra en plena adaptación.

Del mismo modo, el abastecimiento de combustible en el ejido urbano enfrenta desafíos operativos, obligando muchas veces a la logística a apoyarse en nodos vecinos como Villa Unión. Pese a estos retos y a la necesidad de concretar obras viales complementarias como el proyecto del bypass para ordenar el tránsito pesado, la comunidad confía en que este modelo de integración consolide a Guandacol como un eslabón indispensable del clúster minero regional.

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