Programa Aprender-Trabajar-Producir: del certificado al empleo, que mide y qué no garantiza

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Programa Aprender-Trabajar-Producir: del certificado al empleo, que mide y qué no garantiza
Entre marzo y octubre de 2026, el ATP informó 550 cursos y 19.000 participantes.

¿Qué ocurre después de terminar un curso del programa Aprender, Trabajar y Producir? La respuesta no termina en la entrega de un certificado. “El ATP no se mide únicamente por la cantidad de personas que ingresan a la gran minería”, explicó a ACERO Y ROCA Luciana Cuk, directora de Empleo y Formación. “La formación no termina con un certificado. El objetivo del programa es que las personas puedan continuar capacitándose, mejorar sus competencias e incorporarse al empleo o desarrollar sus propios proyectos productivos en los distintos sectores de nuestra matriz productiva”.

El programa informa 19.000 certificados y 700 prácticas, pero la propia funcionaria reconoce que todavía hay una instancia por profundizar. “El desafío es avanzar también en el seguimiento de las trayectorias laborales, la inserción efectiva y el autoempleo”.

Qué pasa después de recibir el certificado

Para ese seguimiento, el programa también incorporó entrevistas. “Tenemos practicantes formados en Recursos Humanos que entrevistan a los capacitados con el objeto de fortalecer su empleabilidad, detectando perfiles para continuar con formación en empleo independiente o dependiente”. De esta manera, la cantidad de certificados sirve para medir alcance, pero no permite por sí sola conocer cuántas personas consiguieron empleo, cambiaron de actividad o iniciaron un emprendimiento.

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Un curso no garantiza entrar a una minera

Participante realiza una práctica de soldadura con elementos de protección personal durante una capacitación técnica del programa Aprender, Trabajar y Producir.
La soldadura forma parte de las capacitaciones que el programa mantiene en distintos puntos de San Juan.

La minería aparece entre las actividades que demandan perfiles técnicos, pero Cuk marca una diferencia entre una capacitación inicial y los requisitos de un puesto específico.“Hay que distinguir entre la formación laboral inicial y la capacitación específica que exige cada puesto minero”, señaló.

Según explicó, “el ATP en la primera etapa trabaja sobre las competencias básicas y busca nivelar conocimientos para que las personas puedan avanzar hacia formaciones de mayor complejidad. Luego, las empresas tienen un rol fundamental en esa especialización”.

Convenio con una empresa tampoco significa contratación

La misma precisión se aplica a los acuerdos que ATP mantiene con distintos actores privados. “Los acuerdos con empresas, comercios y cámaras buscan acercar la formación a las necesidades reales del sector productivo”, explicó Cuk. Pero un vínculo institucional no implica que quienes terminen los cursos tengan asegurado un puesto.

Además, ATP no está estructurado exclusivamente alrededor de un único sector. “Abarca toda la matriz productiva provincial, por lo que su alcance no puede evaluarse exclusivamente por los convenios vinculados a grandes proyectos mineros”, añadió.

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Cómo manejan la expectativa de trabajar en minería

La expectativa de ingresar a una minera después de capacitarse también forma parte de las consultas que recibe el programa. “Tenemos que ser muy claros con las expectativas: ningún curso inicial garantiza por sí solo un puesto en una minera”, insistió Cuk.

“El ATP busca ampliar oportunidades, fortalecer capacidades y construir un recorrido formativo. La minería es importante, pero San Juan también necesita trabajadores capacitados en comercio, industria, servicios, turismo, producción y emprendimientos. La finalidad del programa es que la formación tenga utilidad concreta para el desarrollo laboral de cada persona”, insistió la funcionaria.

Formación progresiva antes de la especialización

Dos participantes con máscaras, guantes y delantales de protección durante una instancia práctica de capacitación en soldadura.
Los cursos aportan conocimientos básicos que luego pueden complementarse con las capacitaciones específicas. Contenido Original de ACERO Y ROCA – Prohibida su reproducción

Ese recorrido se resume en tres conceptos que ATP utiliza para organizar su esquema de capacitación.

  1. Formación progresiva: “Nivelar conocimientos básicos para luego avanzar hacia competencias técnicas más complejas”.
  2. Formador de Formadores: orientado a “fortalecer las capacidades de quienes enseñan, multiplicar conocimientos en el territorio y mejorar la calidad de las propuestas formativas”.
  3. Matriz productiva integral. “El ATP no está diseñado exclusivamente para abastecer de trabajadores a la gran minería, sino para fortalecer el empleo y las capacidades productivas en toda la provincia”.

Dentro de esa primera etapa aparecen cursos de soldadura, mecánica, metalurgia, electricidad, automatización y mantenimiento industrial. En localidades como Angualasto también se abrieron capacitaciones de auxiliar gastronómico, de acuerdo con las necesidades de cada territorio.

Quién financia la formación territorial

Las condiciones cambian según el tipo de curso y la localidad donde se dicta. “La formación territorial requiere planificación y articulación con los actores locales para que las capacitaciones respondan a las posibilidades y necesidades de cada lugar. No todos los cursos requieren la misma infraestructura. Las propuestas deben adecuarse a sus contenidos y objetivos”. En el caso de los oficios industriales las prácticas son fundamentales”, relató Cuk.
Según indicó, los insumos, honorarios de capacitaciones y prácticas son financiados por el Gobierno provincial.

ATP mantiene así una función concreta: formar, registrar y acompañar trayectorias. El resultado laboral posterior dependerá de la continuidad formativa, del perfil de cada participante y de las necesidades de las empresas y demás sectores productivos.

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