La demanda global por la transición energética abre una ventana ineludible para el litio y el cobre local. María Fernanda Vallejos, economista y especialista en gestión de la industria minera, detalla plazos, montos de inversión y las normativas necesarias para que la extracción traccione valor agregado real y no quede en la exportación primaria, formulando un mapa de inversiones.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Argentina proyecta captar entre USD 30.000 y USD 50.000 millones en Inversión Extranjera Directa (IED) hasta 2028. El litio lidera la inmediatez para generar divisas, mientras que el cobre consolida la estructura a mediano plazo. El éxito de esta etapa dependerá del cumplimiento de normativas ESG y la verdadera integración de proveedores pyme en las provincias productoras.
El litio como motor inmediato y el cobre como soporte estructural
La transición energética aceleró los tiempos de una industria que no permite demoras. La oportunidad de impacto rápido para Argentina recae sobre el escalamiento de la producción de litio, complementada por el avance sostenido de proyectos cupríferos. El país sostiene un ritmo ascendente con proyectos en etapa de operación y ramp-up, habiendo registrado una producción cercana a las 116 kt de carbonato de litio equivalente (LCE) en 2025.

«El cobre representa la oportunidad estructural de mediano plazo, mientras el litio es la que genera divisas y empleo de forma más inmediata. Esta dinámica se explica por los tiempos técnicos: los proyectos de litio en el país presentan un grado de madurez que habilita una producción incremental en una ventana de 2 a 4 años. En contraste, los desarrollos de cobre, por su magnitud y complejidad, demandan horizontes más prolongados para entrar en fase operativa».
María Fernanda Vallejos, economista y especialista en gestión de la industria minera
Articulación público-privada: la salida del modelo primario
El riesgo de consolidar un modelo meramente extractivo obliga a replantear el marco regulatorio. Vallejos plantea que la articulación operativa requiere un esquema de asociación público-privada (APP), donde los incentivos estén atados a milestones (hitos) comprobables de valor agregado.
En las fases de midstream y downstream, el foco debe apuntar a la instalación de plantas de conversión que logren carbonato o hidróxido de litio grado batería, y a la refinación de cobre hacia cátodos de alta pureza. El eslabonamiento definitivo implica conectar estos minerales con la base metalmecánica y automotriz ya instalada en provincias como Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires o Mendoza.
«Un vehículo eléctrico requiere cuatro veces más cobre que uno convencional, por lo que fabricar localmente el cableado y los componentes eléctricos generaría un encadenamiento industrial destacado», detalla la especialista. A esto se suma el sector de servicios basados en el conocimiento, donde Argentina puede liderar el desarrollo de gemelos digitales (Digital Twins) para la gestión hídrica o sistemas de analítica predictiva para plantas de flotación.

Metas macroeconómicas: la lupa sobre los dólares y el empleo
Para auditar el éxito de esta estrategia es necesario fijar el termómetro en los datos duros. A corto plazo, entre 2026 y 2028, la meta de IED oscila entre los USD 30.000 y USD 50.000 millones. El verdadero indicador de viabilidad será qué porcentaje de esos proyectos logran alcanzar el Final Investment Decision (FID) y ejecutan el primer desembolso en un plazo de 24 meses tras la aprobación bajo esquemas como el RIGI.
En términos de comercio exterior, las proyecciones indican un salto exponencial. Las exportaciones mineras totales apuntan a alcanzar los USD 9.000 millones en 2026. Mirando hacia la próxima década (2030-2035), esa cifra debería escalar a una franja de entre USD 20.000 y USD 36.000 millones anuales.
Para lograrlo, los plazos de ejecución exigen que 8 nuevos proyectos greenfield de litio entren en producción para el cierre de esta década, alcanzando una capacidad de 600 kt LCE para 2035. Por el lado del cobre, los primeros volúmenes comerciales fuertes de megaproyectos como Los Azules o Josemaría se esperan entre 2029 y 2032.

Licencia social y los estándares ESG como llave de acceso
La minería enfrenta el desafío constante de garantizar la Licencia Social para Operar (LSO). Según Vallejos, el enfoque actual en minerales críticos permite modificar la percepción negativa originada por conflictos históricos ligados al uso del agua y la gestión de relaves.
La tecnología juega a favor. El método de extracción de litio en salmuera reporta una huella hídrica y de carbono estructuralmente inferior a la minería de roca dura, apalancado además por las nuevas tecnologías de extracción directa (DLE). En el caso del cobre cuyano, proyectos de la escala de Los Azules en San Juan nacen con normativas de bajo consumo hídrico y energías limpias. Simultáneamente, emprendimientos como PSJ en Mendoza contemplan la reutilización del 80% del agua mediante circuitos cerrados de flotación, en estricto cumplimiento de normativas locales como la ley n° 7722.

Cadena de valor local: traccionar a las pymes
El impacto territorial no puede medirse únicamente en regalías tributarias; debe derramar en el tejido productivo primario de las provincias. El diseño de este encadenamiento radica en la ejecución obligatoria de Planes de Desarrollo de Proveedores Locales.
El objetivo es transitar de la mera «compra puntual» a una inyección de capacidades logísticas y de servicios especializados en las pymes. Esto demanda reportes verificables de transferencia tecnológica, preferencia en licitaciones y el establecimiento de fondos concretos para proyectos de diversificación económica que garanticen la subsistencia de las comunidades una vez concluido el ciclo de vida de la mina.

El salto industrial ineludible
Argentina transita un punto de inflexión. Si no se consolida una política integral de infraestructura, energía, logística y recursos hídricos, y no se fuerza legislativamente la agregación de valor, el país corre el riesgo de estancarse como un mero exportador de salmueras y concentrados.
Los números respaldan el potencial geológico: el país está posicionado para escalar y convertirse en el segundo productor mundial de litio, acaparando un 20% de la oferta global hacia 2035. En paralelo, el cobre promete ingresar en el top 10 mundial con 1,5 Mt anuales. El éxito de esta ecuación transformará el perfil económico nacional, siempre y cuando la riqueza extraída logre traccionar, de manera auditable y exigente, un polo industrial verdaderamente competitivo de cara a la próxima década.

Periodista especializada en gestión minera, sustentabilidad y desarrollo regional. Con un enfoque centrado en la transparencia y la comunicación estratégica, analiza el impacto de la industria en las comunidades y el marco institucional del sector. En Acero y Roca, es la voz encargada de desglosar los desafíos de la licencia social y los procesos de modernización minera.