Las enfermedades profesionales representan la mayor carga sanitaria del trabajo minero, pero continúan subregistradas en gran parte de América Latina. El médico laboral Juan Carlos Balladares advierte que la principal brecha ya no es normativa, sino la implementación efectiva de controles, vigilancia epidemiológica y formalización de la actividad.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Las enfermedades laborales representan la mayor carga sanitaria de la minería, aunque continúan ampliamente subregistradas en América Latina. El médico laboral Juan Carlos Balladares sostiene que el principal desafío ya no es la normativa, sino su implementación efectiva mediante vigilancia epidemiológica, fiscalización y prevención. La informalidad, la escasez de controles y la falta de registros confiables impiden dimensionar el impacto real de patologías como la silicosis, la neumoconiosis y la hipoacusia ocupacional.
América Latina enfrenta mayores dificultades para prevenir enfermedades laborales
La discusión sobre la salud ocupacional en minería continúa centrada en los accidentes, pero los datos globales muestran una realidad diferente. Las enfermedades laborales de desarrollo progresivo representan la mayor carga sanitaria del sector y están asociadas a la exposición prolongada a riesgos físicos, químicos y ergonómicos.
Leé también: Análisis: Salud en la minería argentina, enfermedades y riesgos por tipo de operación
Juan Carlos Balladares, médico y docente en salud ocupacional, sostiene que el problema no es sólo técnico, sino también estructural, debido a los déficits en el registro, el control y la aplicación efectiva de las normas, especialmente en América Latina.
A escala global, la dimensión del problema es contundente. “La Organización Internacional del Trabajo nos dice que hay 2.3 millones de muertes cada año, de los cuales un 14% son accidentes de trabajo y un 86% son enfermedades profesionales”, afirma Balladares.
Mientras los accidentes son eventos súbitos, las enfermedades ocupacionales responden a procesos acumulativos derivados de la exposición sostenida a contaminantes y condiciones de trabajo inadecuadas.

Además, el impacto sanitario tiene un fuerte correlato económico. El especialista indica que se registran alrededor de 160 millones de nuevos casos de enfermedades profesionales cada año, con consecuencias directas sobre la productividad y los costos de los sistemas de salud. Entre las principales afecciones predominan los trastornos musculoesqueléticos, que concentran cerca del 37% de los casos, seguidos por patologías cardiovasculares, enfermedades pulmonares crónicas, pérdida auditiva y afecciones respiratorias como el asma.
El subregistro impide conocer la verdadera dimensión del problema
En América Latina, el patrón se mantiene, aunque presenta particularidades operativas. Balladares identifica a los trastornos musculoesqueléticos como la principal causa de ausentismo laboral, con un 34% asociado a discapacidad. A ello se suman el cáncer ocupacional, las enfermedades respiratorias, las alergias por exposición a contaminantes y un componente creciente de afectación de la salud mental vinculado a la fatiga, la organización de los turnos y las condiciones laborales.
En este contexto, la minería amplifica estas problemáticas. “En Latinoamérica, la minería es un motor económico clave, pero también es una de las actividades donde se generan mayor cantidad de enfermedades”, señala el especialista. La situación se agrava en la minería informal y de pequeña escala, donde los controles son deficientes o inexistentes. En estos ámbitos, las enfermedades respiratorias como la silicosis y la neumoconiosis mantienen una alta incidencia, especialmente en la minería subterránea y del carbón.
Asimismo, Balladares identifica otros riesgos relevantes para la salud de los trabajadores mineros. La hipoacusia ocupacional, las enfermedades por trauma acumulativo y las intoxicaciones por metales pesados, como mercurio y plomo, configuran un escenario sanitario complejo. A ello se agregan las dermatosis por contacto con sustancias químicas y un deterioro progresivo de la salud mental.

El subregistro impide conocer la verdadera dimensión del problema
Uno de los principales problemas para dimensionar el fenómeno es la falta de datos consistentes. “Uno de los grandes problemas que se tiene sigue siendo el subregistro”, advierte.
Las estadísticas oficiales no reflejan el impacto real debido a la informalidad y a la dificultad para vincular enfermedades crónicas con la actividad laboral. En muchos casos, patologías como la silicosis o el llamado “mal de mina” no se registran como causa laboral al momento de la muerte.
El marco normativo existe, pero la implementación es irregular. Balladares remarca que las legislaciones nacionales y las directrices de organismos internacionales establecen estándares claros para la salud ocupacional y la seguridad minera. Sin embargo, su aplicación continúa siendo desigual. Las principales limitaciones aparecen en la fiscalización, la actualización normativa y la capacidad institucional para hacer cumplir las reglas, especialmente en la minería de menor escala.
Frente a esta realidad, el especialista plantea la necesidad de fortalecer un enfoque tripartito que integre al Estado, los empleadores y los trabajadores. Además, insiste en la formalización de la minería artesanal y en la incorporación efectiva de programas de salud y seguridad en todos los los niveles operativos.
Leé también: Seguridad minera y gestión de riesgos: la clave está en el control de pérdidas
«La prevención de enfermedades laborales debe basarse en la identificación de peligros, la evaluación de riesgos y el control sistemático, con especial atención a los factores físicos, químicos, ergonómicos y psicosociales» afirma el profesional.

La vigilancia epidemiológica y la prevención siguen siendo el principal desafío
Dentro de los riesgos emergentes, la minería en altura introduce variables críticas. La operación por encima de los 3.000 metros implica menor presión de oxígeno, condiciones climáticas extremas y exigencias fisiológicas adicionales. Balladares subraya que este contexto requiere protocolos específicos para prevenir hipoxia y sus efectos sobre el organismo, un factor relevante en operaciones andinas.
El control sanitario no puede limitarse al ingreso del trabajador. El especialista destaca la importancia de los exámenes preocupacionales, la vigilancia epidemiológica continua y la intervención médica en los distintos niveles de prevención. La trazabilidad de la salud del trabajador permite detectar tempranamente desviaciones y ajustar las condiciones laborales antes de que las patologías se consoliden.
La prevención sigue siendo la principal deuda de la minería
La evidencia presentada por Balladares desplaza el foco desde el accidente hacia la enfermedad como eje central de la salud ocupacional en minería. El principal problema ya no reside en la falta de conocimiento técnico, sino en su aplicación efectiva. Sin datos confiables, una fiscalización sostenida y políticas integrales que incluyan a la minería informal, la brecha entre la normativa y la operación continuará ampliando el impacto sanitario sobre uno de los sectores estratégicos para la economía de América Latina.

Periodista especializada en minería, ambiente y agenda social. Forma parte de Acero y Roca -Magazine Minero, donde cubre la actualidad del sector con foco en sostenibilidad, seguridad, innovación y gestión de recursos humanos. Su trabajo analiza la relación entre minería y desarrollo local, con atención en el impacto en las comunidades y la gestión de recursos naturales. También aborda el avance de la inclusión en la industria, siguiendo iniciativas vinculadas al rol de la mujer y espacios sindicales emergentes.