La minería argentina opera bajo tres escenarios sanitarios definidos: altura, subterránea y cielo abierto. Cada uno impone matrices de riesgo específicas que determinan el tipo de patología, su frecuencia y su evolución. El análisis del Dr. Cristian Palomo Fernández, especialista en Medicina del Trabajo y Medicina Legal, aporta un enfoque clínico basado en evidencia de campo y dinámica operativa.

Minería en altura: hipoxia, fatiga crónica y deterioro cognitivo
En primer lugar, en operaciones por encima de los 3.000 o 4.000 metros sobre el nivel del mar “El principal desafío aquí es la hipoxia hipobárica, que consiste en la baja presión de oxígeno debido a la altitud”, afirma el especialista.
En ese contexto, el cuadro más frecuente es el mal agudo de montaña con síntomas como cefalea, nauseas y fatiga. “Se estima que afecta entre el 20% y el 50% de los trabajadores que ascienden a más de 3.500 msnm sin una quimioprofilaxis adecuada”. En casos severos aparecen edemas pulmonares o cerebrales, aunque con baja incidencia. “El edema pulmonar tiene una incidencia estimada en menos del 1% al 2% y el cerebral generalmente menor al 0.1%”. La detección temprana es fundamental para evitar la progresión.
Impacto fisiológico de la rotación en altura
El régimen de rotación en altura introduce un factor adicional de estrés fisiológico. Los esquemas laborales discontinuos obligan al organismo a adaptarse y desadaptarse en ciclos cortos, sin alcanzar una aclimatación estable. “El trabajador minero entra y sale del estado de hipoxia, lo que provoca efectos fisiológicos muy específicos”.
Este proceso impacta directamente sobre el sistema cardiovascular porque trabaja bajo exigencia sostenida, con hipertensión pulmonar, sobrecarga del corazón derecho y taquicardia en reposo.
A nivel hematológico, se desarrolla poliglobulia secundaria a hipoxia crónica, lo que incrementa la viscosidad sanguínea y eleva el riesgo de eventos trombóticos. En paralelo, la alteración del sueño impide una recuperación efectiva y favorece la fatiga crónica, el estrés oxidativo y la resistencia a la insulina en contextos de exposición prolongada.
El impacto también alcanza el plano cognitivo donde se observa una reducción en la velocidad de reacción, menor capacidad de decisión bajo presión y deterioro leve de la memoria operativa. Son efectos subestimados en entornos de alta exigencia operativa.

Minería subterránea: enfermedades respiratorias y exposición a contaminantes
En minería subterránea, el eje se desplaza a la exposición a polvo mineral, gases y ruido en ambientes confinados. “La neumoconiosis o silicosis es la enfermedad profesional por excelencia”. Se trata de una fibrosis pulmonar irreversible asociada a la inhalación de sílice. «Las tasas oficiales se ubican por debajo del 1%, pero la estimación clínica en campo asciende al 5% y 10% en perfiles de mayor exposición».
El cuadro respiratorio se amplía con EPOC, con prevalencias cercanas al 12% en trabajadores expuestos a diésel y material particulado, y con asma laboral en rangos del 3% al 4%. En minería carbonífera, la antracosis puede alcanzar valores del 15%. A esto se suman intoxicaciones por monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y metano, con riesgo de cuadros agudos y crónicos.
El impacto de los contaminantes no se limita solamente al pulmón. La sílice genera cicatrices irreversibles y aumenta la susceptibilidad a infecciones y enfermedades sistémicas. Las partículas ultrafinas del diésel atraviesan la barrera alveolar, ingresan a la circulación y generan inflamación vascular.«Aumentan el riesgo de infartos y ACV” afirma el profesional.
En paralelo, el monóxido de carbono desplaza al oxígeno en la hemoglobina, un efecto crítico en condiciones de altura. “Roba el lugar del oxígeno en la sangre”, señala el profesional, agravando cuadros en contextos de baja disponibilidad de oxígeno como la altura.
El ruido constituye un factor transversal. “La pérdida auditiva es un enemigo silencioso, progresivo, que no duele mientras ocurre, pero es irreversible” advierte el médico. Aunque los protectores auditivos pueden reducir entre 20 y 30 decibeles en condiciones ideales, su eficacia real se ve limitada por uso incorrecto o discontinuo. El especialista marca una diferencia operativa: los controles de ingeniería, como cabinas insonorizadas y encapsulamiento de fuentes, resultan más efectivos al actuar sobre la emisión.

Minería a cielo abierto: radiación, vibración y carga biomecánica
En explotaciones a cielo abierto, el perfil cambia hacia radiación, vibración y material particulado.“Los riesgos más comunes están en la columna, la piel y los ojos”. La radiación ultravioleta en altura produce queratoconjuntivitis y lesiones cutáneas,además de cataratas tempranas por UV.
La vibración de cuerpo entero que sufren los operadores de camiones fuera de ruta genera daño estructural ya que induce discopatías lumbares y hernias de disco por exposición prolongada. “Esa vibración golpea la columna todo el día, desgastando los discos de la espalda”.
El material particulado en suspensión genera rinitis crónica y afecciones respiratorias altas, aunque con menor severidad que en subterránea. A nivel biomecánico, la vibración mano-brazo puede derivar en síndrome de Raynaud, mientras que las tareas repetitivas desencadenan tendinitis y síndrome del túnel carpiano.
Los trastornos músculo esqueléticos “representan una de las principales causas de ausentismo y de pedidos de reubicación de tareas”. Su origen se encuentra en la vibración, repetición de movimientos y manipulación de cargas. La evolución a esta enfermedad es progresiva porque “no suelen ser golpes únicos, sino un desgaste lento que el trabajador ignora hasta que el daño es severo”. El sistema de ART traduce ese daño en incapacidad parcial permanente. “El trabajador puede seguir viviendo una vida normal, pero ya no puede realizar su tarea específica”.

Seguimiento clínico: el punto más débil del sistema
En la cadena sanitaria, el eslabón más débil no es la detección sino el control posterior. Palomo Fernández sostiene que“el mayor déficit está en el seguimiento”. Si bien mejoró la articulación entre servicios médicos de operadoras y contratistas, el monitoreo pierde consistencia fuera del personal propio. Como resultado, se fragmenta la trazabilidad clínica.
Argentina no cuenta con una legislación nacional específica para trabajos por encima de los 3.000 msnm. Esto deja la seguridad de miles de mineros librada a protocolos internos de las empresas, sin una estandarización científica validada por el Estado.
Subregistro de enfermedades y distorsión estadística
Desde el punto de vista epidemiológico, la evidencia sobre daño a largo plazo está distorsionada. El especialista identifica dos sesgos. Por un lado, trabajadores que desarrollan patologías años después del retiro sin reconocimiento legal. Por otro, la salida temprana del sistema de quienes presentan deterioro depura artificialmente las estadísticas. En consecuencia, el impacto real queda subestimado.
En este contexto, el diagnóstico de enfermedades respiratorias refuerza esa tendencia. Palomo Fernández resume que “el diagnóstico de la silicosis en Argentina sigue siendo mayoritariamente tardío”. La detección ocurre cuando el daño ya es clínicamente evidente, con fallas en la lectura especializada de estudios y un subregistro sostenido. Sin embargo, la actualización del baremo en 2026 apunta a corregir este atraso mediante criterios más sensibles.
Por otra parte, en ergonomía, el problema no es la falta de norma sino su aplicación. El sistema basado en la Resolución SRT 886/15 se cumple en términos formales, pero pierde validez en campo. Evaluaciones realizadas sin observar condiciones reales, escasa participación del trabajador y diseños de equipos que no contemplan el biotipo local generan diagnósticos incompletos. La incorporación de sensores y simulaciones digitales comienza a cerrar esa brecha, aunque aún es incipiente.
Controles médicos: de la obligación a la eficacia operativa

Los controles biomédicos existen y son obligatorios, pero su eficacia depende del rigor de implementación. El esquema actual se basa en exámenes periódicos definidos por las ART, con foco en biomarcadores específicos.
Sin embargo, el sistema pierde control al final de la vida laboral. Palomo Fernández advierte que “el sistema de ART deja de monitorear al trabajador apenas se jubila o cambia de rubro”. En consecuencia, esta discontinuidad impide establecer causalidad en patologías de aparición tardía y consolida el subregistro estructural.
En prevención, el problema no es técnico sino operativo. El especialista señala que “la prevención en minería no falla por falta de manuales, sino por la ruptura de la cadena de custodia de la salud en el día a día”. Fallas como la ausencia de pruebas de ajuste en respiradores, mediciones de exposición no representativas, incumplimiento en la gestión de la fatiga y deficiencias en higiene personal amplifican el riesgo real.
La auditoría sanitaria también muestra limitaciones porque el sistema sigue centrado en accidentes en lugar de indicadores predictivos. Palomo Fernández plantea un cambio de enfoque. “Una auditoría moderna no debe preguntar cuántos se enfermaron, sino qué tan cerca están de enfermarse según sus datos biológicos”. En ese sentido, propone priorizar biomarcadores, función pulmonar, fatiga y métricas de reubicación laboral para anticipar el daño.
La evidencia indica que el problema no es la falta de herramientas, sino su ejecución.
Cambios estructurales necesarios
- Independencia del diagnóstico médico.
- Digitalización de la exposición.
- Actualización del listado de enfermedades.
- Refuerzo de controles de ingeniería sobre el uso de equipos de protección aparecen como ejes críticos.

Periodista especializada en minería, ambiente y agenda social. Forma parte de Acero y Roca -Magazine Minero, donde cubre la actualidad del sector con foco en sostenibilidad, seguridad, innovación y gestión de recursos humanos. Su trabajo analiza la relación entre minería y desarrollo local, con atención en el impacto en las comunidades y la gestión de recursos naturales. También aborda el avance de la inclusión en la industria, siguiendo iniciativas vinculadas al rol de la mujer y espacios sindicales emergentes.