El presidente del Movimiento Industrial, Oliver Malts, advierte sobre las asimetrías del RIGI y la necesidad urgente de desarrollar proveedores locales para que el potencial minero se traduzca en empleo genuino y desarrollo federal en toda la Argentina y así potenciar el binómio minería e industria.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Oliver Maltz define a la minería como una oportunidad histórica para Argentina, aunque condicionada al desarrollo de proveedores. Critica las desventajas competitivas frente a las importaciones del RIGI y destaca la ley de desarrollo local en San Juan como un paso lógico para retener valor en las provincias.
El desafío de la competitividad frente al avance minero
Para Oliver Maltz, quien preside el Movimiento Industrial Argentina (una comunidad que nuclea a industriales de diversos sectores), observa la minería como un fenómeno de escala inédita. «Creo que es sin duda una oportunidad real. Todos tenemos que tratar de ver cómo nos subimos a la ola minera de algún modo, aprovechando este monstruo, en el buen sentido, que se está creando», afirma con entusiasmo pero con la cautela que exige la realidad macroeconómica.
El directivo señala que, si bien se han anunciado inversiones millonarias en los últimos años, falta una definición más clara para que estos desembolsos no beneficien únicamente a las grandes operadoras. Según Maltz, la clave reside en el desarrollo de proveedores nacionales, una pata fundamental para que la actividad genere el trabajo que el país demanda más allá de la mera obtención de dólares.
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El dilema del RIGI: ¿Competencia desleal para el proveedor local?
Maltz hace foco en el impacto del RIGI. El industrial explica que el esquema actual genera una asimetría difícil de sortear para las fábricas argentinas. «El que invierte miles de millones de dólares en un proyecto minero a través del RIGI puede importar cualquier tipo de cosas. No paga aranceles ni bienes de capital, mientras que el que produce insumos para venderle a la empresa minera sí tiene que pagar toda la no competitividad argentina», advierte con preocupación.
Mientras el gran inversor accede a insumos globales sin cargas, el industrial local arrastra los costos de un país que no es competitivo en términos tributarios y logísticos. «No están compitiendo en igualdad de condiciones. Se le va a hacer muy difícil al que produce en la Argentina si el comprador puede adquirir afuera sin ninguna de nuestras ineficiencias», sentencia Maltz, subrayando que esta es la «vuelta de tuerca» que el sistema político debe corregir para fortalecer el territorio.
«Me parece inteligente por parte de las provincias generar condiciones para que la minería traccione lo que más se pueda dentro de su territorio», opina el referente industrial al ser consultado sobre la Ley de Desarrollo Local. «Siempre que estas leyes sean claras y se cumplan de manera efectiva, evitando zonas grises que desvirtúen su propósito inicial», suma a su opinión.
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Incentivos clave que benefician a la minería
El sitio oficial del RIGI ofrece beneficios clave según la Ley de Bases:
- Reducción impositiva: Ganancias baja al 25% fijo.
- Amortización acelerada: Vida útil fiscal reducida al 60% para infraestructura.
- Exenciones aduaneras: Sin aranceles para importación de bienes de capital.
- Retenciones cero: Eliminación de derechos de exportación.
- Estabilidad jurídica: Garantía por 30 a 40 años.
Minería y recomposición laboral
El presidente del Movimiento Industrial Argentina es enfático al señalar que el desarrollo de proveedores es la única garantía de que el impacto sea social y no solo macroeconómico. «Es una pata fundamental para que traccionemos y genere mucho trabajo más allá de los dólares que tanto necesita el país hace tanto tiempo». Bajo esta lógica, advierte que cualquier política que desincentive la compra local impacta directamente en el bolsillo del trabajador: «Cuanto menos proveedor local haya, peor es para la Argentina, porque es menos trabajo».
Al ser consultado sobre si la minería alcanzaría para recomponer el empleo nacional, su respuesta fue honesta: «Creo que en términos reales no alcanza solamente con eso, en un país de 50 millones de personas«. Para él, la minería es un motor indispensable y fundamental para equilibrar la balanza laboral, pero la Argentina no puede desarrollarse apostando a un solo sector

Productividad vs. Competitividad: La mochila de las ineficiencias
Un concepto central en el discurso de Maltz es la distinción técnica entre ser productivo y ser competitivo. El problema surge cuando salen al mercado. «Las empresas pueden ser recontra productivas, pero el tema es que arrastran ineficiencias de un país no competitivo», aclara el presidente del movimiento.
Desde el Movimiento Industrial Argentina, la estrategia no ha sido enfocarse en políticas sectoriales (tarea que delegan en entidades como la Cámara Argentina de Proveedores Mineros), sino comunicar de forma transversal los problemas estructurales que afectan a todos los que producen bienes transables en el país. La lucha es contra la no competitividad argentina, una carga que pesa sobre el precio final y que a menudo se confunde con falta de capacidad técnica del industrial.
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El incremento en los insumos básicos es imposible de trasladar a los precios debido a la caída en el consumo interno. La respuesta del industrial debe ser, por tanto, una eficiencia extrema. El mercado, según sus palabras, no perdona hoy ni una milésima de gramo de ineficiencia. «Hay que ser muy creativo, no quedarse encerrado en lo que uno viene haciendo siempre y tratar de aprovechar las oportunidades que hay en la Argentina, porque siempre las hay, pero con mucho cuidado», concluye.

Periodista especializada en gestión minera, sustentabilidad y desarrollo regional. Con un enfoque centrado en la transparencia y la comunicación estratégica, analiza el impacto de la industria en las comunidades y el marco institucional del sector. En Acero y Roca, es la voz encargada de desglosar los desafíos de la licencia social y los procesos de modernización minera.