Una atmósfera puede ser segura al comienzo de una tarea y dejar de serlo minutos después. En espacios confinados de una operación minera, medir antes de ingresar, utilizar equipos calibrados y mantener el monitoreo durante el trabajo puede marcar la diferencia frente a un cambio invisible en el ambiente.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
Tolvas, silos, hornos y otros espacios confinados pueden presentar deficiencia de oxígeno, gases tóxicos o concentraciones combustibles. El licenciado Maximiliano Luna advierte que la evaluación debe hacerse antes del ingreso y continuar durante la tarea, con instrumentos adecuados, calibrados y ubicados junto al trabajador.
Tolvas, silos y hornos: cuando el espacio de trabajo cambia las reglas

En minería existen tareas que obligan a ingresar a lugares que no fueron concebidos para una permanencia habitual de personas. Tolvas, camiones silo, hornos y otros recintos cerrados pueden transformarse en escenarios críticos cuando la ventilación es insuficiente o aparecen gases, vapores o concentraciones de oxígeno fuera de los parámetros seguros. “Los espacios confinados son espacios reducidos que no están diseñados para que una persona los habite, pero lamentablemente hay que hacer trabajos”, explicó a ACERO Y ROCA Maximiliano Luna, licenciado en Higiene y Seguridad.
El problema no termina en reconocer físicamente ese espacio. También hay que determinar qué puede ocurrir en su interior. Una atmósfera que inicialmente parece segura puede modificarse por una ventilación deficiente, el ingreso accidental de un gas o incluso por el propio trabajo que se está realizando.
Luna advierte que uno de los factores que favorecen la subestimación es el desconocimiento. “Uno suele pensar que el oxígeno adecuado es el que está presente en cualquier lado. En realidad no es así. Hay lugares que no tienen una buena ventilación o corriente de aire y eso no permite que puedas respirar bien. Puede llegar a ser fatal”.
A esa percepción se suma otra conducta frecuente: confiar en la experiencia previa. La frase “lo hice siempre así y no me pasó nada” puede convertirse, según el especialista, en una falsa garantía de seguridad.
Qué medir depende del riesgo real de cada tarea

Una vez identificado el espacio, el siguiente paso es determinar qué parámetros deben controlarse. No existe una única medición válida para cualquier operación. “El oxígeno se mide siempre y, de ahí en más, va a depender del sector donde se vaya a realizar”, señaló Luna.
A partir de allí pueden incorporarse mediciones de gases combustibles, dióxido de carbono u otros contaminantes específicos. La clave está en relacionar el instrumento con el peligro previamente identificado. “Quizás entras a un espacio confinado donde tenés un riesgo específico; entonces se deberá medir sobre ese riesgo”, explicó.
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Por eso, disponer de un detector multigás no reemplaza el análisis previo de la tarea. El equipo sólo puede detectar aquello para lo que está preparado y configurado. Antes de ingresar, es necesario conocer qué sustancias podrían aparecer, cuáles son sus concentraciones admisibles y qué valores deben activar una alarma o provocar la evacuación.
En el ámbito minero, además, la normativa exige controles sobre contaminantes peligrosos y niveles de oxígeno, junto con equipos mantenidos y calibrados. La medición, en consecuencia, no debería entenderse como una formalidad previa al ingreso, sino como una herramienta que permite decidir si realmente existen condiciones para comenzar el trabajo.
Una medición inicial no garantiza seguridad durante toda la tarea
El punto central aparece cuando las condiciones cambian mientras el trabajador ya está dentro. “No alcanza con una medición inicial”, remarcó Luna. Para explicarlo, utilizó el ejemplo de un horno de minería no metalífera abastecido con gas natural. Antes del ingreso, el suministro puede encontrarse cerrado y la atmósfera presentar valores adecuados. Sin embargo, una falla, una maniobra incorrecta o una habilitación accidental pueden introducir gas mientras la tarea continúa. En esos casos esperar que aparezca olor puede ser demasiado tarde. “Si estás haciendo trabajos de corte o soldadura, cuando sientas el olor ya ha explotado directamente”, advirtió.
Por eso, el experto advierte: “El equipo hay que tenerlo adentro, siempre presente, y eso emite la alerta. En el caso de que se detecte, hay que salir de urgencia”.
El equipo también puede fallar si no está preparado

Entre los errores principales, Luna ubica “no tener un equipo apto y calibrado, en condiciones de realizar la medición”. También puede existir un problema con los parámetros configurados. Si una alarma está programada con valores inadecuados, el trabajador podría permanecer expuesto creyendo que las condiciones continúan dentro de un rango seguro.
Otro error frecuente consiste en ingresar primero y medir después. La secuencia debe ser exactamente la contraria: “Primero se mide, después se ingresa. Durante la tarea se sigue midiendo. Se sale y se vuelve a medir, para ir chequeando qué concentraciones se van teniendo de acuerdo al oxígeno, gas y demás”. Ese orden permite verificar no sólo las condiciones iniciales, sino también su evolución.
El detector tiene que acompañar al trabajador

Otro aspecto determinante es dónde se realiza la medición. No alcanza con colocar el instrumento en un punto alejado si ese lugar no representa la atmósfera que realmente está respirando el operario.
“El equipo tiene que estar en el frente de trabajo, en el lugar donde se realiza la tarea, y lo tiene que llevar el operario consigo”, explicó Luna.
Muchos detectores portátiles permiten sujetarse directamente a la ropa de trabajo y acompañar al trabajador durante toda la intervención. “Si vas a hacer una medición en un lugar donde hay mucho polvo, hay que tener la precaución de que el equipo esté medianamente resguardado”, señaló.
La protección, sin embargo, no significa trasladarlo a una zona más limpia y alejada. El desafío es conservar el instrumento en buenas condiciones sin perder la referencia del ambiente real donde se desarrolla el trabajo.
La medición es una barrera, no un permiso automático

Ventilación, planificación de la tarea, equipos adecuados, procedimientos de emergencia y vigilancia de quienes ingresan son elementos que deben funcionar de manera conjunta.
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En espacios confinados y tareas donde pueden coexistir gases, trabajos en caliente y condiciones operativas cambiantes, la prevención depende de medir antes de ingresar y continuar midiendo mientras exista exposición. La diferencia entre una medición aislada y un verdadero monitoreo está precisamente ahí: en asumir que la atmósfera puede cambiar antes de que el trabajador tenga alguna señal visible de que el peligro ya está presente.
