Expertos de la UBA y referentes del sector proponen un cambio de paradigma: la salud mental y el clima organizacional son ahora piezas críticas para garantizar la productividad y seguridad en los yacimientos a 4.000 metros de altura.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
En la UBA, se presentó un plan estratégico para medir riesgos psicosociales mediante la herramienta COPSOC ARG. Con una demanda de 41.000 empleos, el sector busca mitigar el impacto del desarraigo y los regímenes de 14×14 para frenar la creciente rotación de personal.
La montaña no solo exige fuerza, exige equilibrio mental
En el marco de la comisión de Industria Minera de la UBA, el debate sobre la seguridad dio un giro necesario. Ya no se trata solo de barbijos, arneses o protocolos de excavación. El foco se puso en lo que el Lic. Santiago Picone define como la «capa invisible» de la seguridad: los factores psicosociales. Con la implementación del RIGI, Argentina proyecta un futuro promisorio con reservas de 200 millones de toneladas de litio y 116 millones de toneladas de cobre, pero este crecimiento tiene un cuello de botella: el factor humano.
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El coordinador del encuentro, el Lic. Roberto Fritzsche, describió la realidad de quienes «le ponen el pecho» a la actividad: «Estamos hablando de producciones a 4.000 metros de altura, donde los servicios no están a la mano y el abordaje debe ser profundamente humano». Actualmente, la industria emplea a unas 41.000 personas, pero la demanda de personal especializado choca con una realidad cruda: la salud mental en el trabajo ya no es un tema tabú, sino una urgencia económica.
Según datos de la OMS citados por Picone, los trastornos mentales explicaron cerca de 12.000 millones de jornadas laborales perdidas en 2019, con un costo global de un billón de dólares en productividad. «Hablar de riesgos psicosociales no es hablar de personas débiles, sino de condiciones de trabajo que pueden dañar la salud o aumentar la probabilidad de accidentes», aclaró el especialista.

COPSOC ARG: la lupa técnica sobre la organización del laburo
La propuesta central de la jornada fue la aplicación del método COPSOQ ARG, una herramienta auditable que permite pasar de la «foto estadística» a la intervención real. Este sistema no busca clasificar a los trabajadores, sino identificar fallas en la organización: cargas excesivas, falta de autonomía, liderazgos injustos y la dificultad para conciliar la vida familiar con el régimen de la mina.
Para Santiago Picone, la clave está en la gobernanza: «Si la gente siente que la encuesta se usa para controlar, fracasa. Si siente que sirve para mejorar, abre información valiosa». El proceso propuesto por la UBA contempla un trabajo de 8 meses que incluye diagnóstico, intervención y la creación de un Observatorio de Salud Mental en Minería.

El overol de la experiencia y la cruda voz de quienes viven en el cerro
La nota técnica cobró piel cuando Fabián, un trabajador con más de 20 años de experiencia en la actividad, compartió su visión desde el sector sindical. «En la minería a veces se pierde más de lo que se gana. Hay que entender la vida del minero; muy pocos la entienden si no la vivieron». Su relato sobre la vida en Veladero, con sensaciones térmicas de 50° bajo cero y el aislamiento total, puso en relieve el costo emocional del desarraigo.
Fabián describió un fenómeno que preocupa a las empresas: la «generación de cristal» o los nuevos pibes que suben a la montaña. «De cada 10 personas, antes quedaban 9 y medio. Hoy, los chicos suben y a los 4 meses abandonan. No tienen la paciencia ni la vocación que nace de la necesidad». Además, hizo hincapié en la necesidad de revisar los regímenes de rotación, sugiriendo que el 14×14 (catorce días de trabajo por catorce de descanso) debería reducirse a un 10×10, ya que después del décimo día el trabajador «pierde el foco» y aumentan los incidentes.
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«El trabajador llega de la montaña y cree que es el rey, pero la familia tiene su propio ritmo. O te adaptas o te separas. Hay un ‘mal minero’ que es la separación de la mayoría por la ausencia«, confesó Fabián con la crudeza de quien ha pasado media vida a miles de metros de sus seres queridos.
El futuro de la actividad se juega en el cuidado de la calidad humana

La minería del futuro en Argentina, impulsada por el oro, el litio y el cobre, no podrá sostenerse únicamente con palas mecánicas gigantes y tecnología de punta. La creación del Observatorio de Salud Mental busca generar evidencia propia, dejando de lado datos extranjeros para entender la idiosincrasia del minero local.
Como bien señaló el panel, una organización que cuida a su gente decide mejor y previene accidentes graves. La apuesta de la UBA y los gremios es clara: transformar la «seguridad dura» incorporando la salud mental como un estándar de calidad innegociable. Si queremos una industria competitiva, el primer recurso a proteger debe ser, sin dudas, el que camina la mina todos los días.

La minería argentina se encuentra en una encrucijada histórica. Mientras los indicadores económicos y el RIGI preparan el terreno para una lluvia de inversiones, la base operativa muestra signos de agotamiento estructural. El desafío no es solo extraer roca, sino evitar que el sistema «extraiga» la salud de sus trabajadores. La transición hacia regímenes de trabajo más humanos y la validación científica de los riesgos psicosociales determinarán si la industria es capaz de retener el talento necesario para este siglo.

Periodista especializada en gestión minera, sustentabilidad y desarrollo regional. Con un enfoque centrado en la transparencia y la comunicación estratégica, analiza el impacto de la industria en las comunidades y el marco institucional del sector. En Acero y Roca, es la voz encargada de desglosar los desafíos de la licencia social y los procesos de modernización minera.