Ante la creciente demanda de minerales críticos, la Alianza Minera de América Latina (ALMA) propone un modelo de minería sostenible en América Latina. Francisco Lecaros y Dominique Viera explican por qué el futuro del sector depende de la cooperación territorial y la confianza social.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
ALMA es una plataforma regional que conecta a empresas, gobiernos, academia y ciudadanía para impulsar una minería ética y sostenible. Su objetivo central es cerrar la brecha de confianza entre la industria y los territorios, garantizando que el desarrollo minero sea el motor de la transición energética global.
El rol estratégico del sector frente a la transición energética global
La industria minera atraviesa un momento crucial. Según la vicepresidenta de ALMA, Dominique Viera, «el mundo requiere de minerales para que podamos seguir conociendo la vida como la conocemos», ya que todos los avances tecnológicos y las soluciones contra el calentamiento global dependen de insumos extraídos de la tierra.
Para ALMA, este desafío obliga a abandonar la visión gremial tradicional. Su presidente, Francisco Lecaros sostiene: «Nuestro rol es actuar como una plataforma de articulación regional que conecta empresas, gobiernos, academia, organizaciones sociales, medios de comunicación y ciudadanía para construir una visión compartida«. En esta misma línea, la vicepresidenta refuerza que «la minería permite que existan industrias como el transporte, energía, infraestructura y muchas otras«, por lo que la colaboración debe elevarse a un nivel estratégico común.

Justicia territorial y el quiebre del esquema de compensaciones pasivas
Uno de los pilares de la asociación es transformar la relación entre las compañías y las comunidades. Dominique Viera es tajante: «Las comunidades deben ser parte del desarrollo y no sólo receptoras de beneficios«. La justicia territorial, para la organización, implica dejar capacidades instaladas, educación e infraestructura que perduren tras la vida útil de un proyecto.
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Francisco Lecaros complementa este punto señalando que la confianza se edifica con participación real: «La licencia social no se construye únicamente con datos técnicos; se construye con transparencia, participación, escucha activa y resultados visibles». Cuando el enfoque es de largo plazo, «la relación deja de ser transaccional y se transforma en una alianza para el desarrollo».

Innovación y transparencia como factores innegociables para una minería ética
La minería ética se mide hoy por estándares que van mucho más allá de la producción. Lecaros destaca que elementos como el «respeto irrestricto a los derechos humanos, la protección ambiental basada en evidencia científica, la transparencia en la gestión y la equidad de género» son innegociables para cualquier proyecto moderno.
La tecnología, por su parte, actúa como facilitadora de esta transparencia. Viera subraya que la innovación permite «monitorear procesos, gestionar mejor los recursos y compartir información de manera más accesible con las comunidades». Asimismo, el mandatario de la institución indica que existen soluciones actuales para el monitoreo de variables en tiempo real, lo que permite una minería más «abierta, comprensible y participativa».
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El combate a la minería ilegal considerado como un desafío regional
La reputación del sector formal se ve seriamente afectada por las actividades fuera de la ley. Lecaros afirma que la minería ilegal es uno de los mayores retos para la sostenibilidad y el prestigio de la industria. Ante esto, la alianza propone el intercambio de buenas prácticas y herramientas de trazabilidad para diferenciar claramente lo que es una operación formal de aquella que no lo es.
Para Viera, la solución exige una respuesta coordinada: «La minería ilegal es un problema regional y requiere una respuesta regional«. La clave radica en fortalecer las instituciones y visibilizar los beneficios de la minería bien hecha frente a la sociedad.
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Proyección y desarrollo de un ecosistema colaborativo para el siglo XXI
El impacto de ALMA se proyecta como el de un actor capaz de integrar múltiples disciplinas y países bajo un mismo objetivo. Dominique visualiza la necesidad de un ecosistema donde «todos aporten porque se necesitan», superando la mera aprobación de proyectos para construir un modelo de desarrollo integral.
Francisco concluye con una ambición clara: «Aspiramos a contribuir activamente en la construcción de políticas públicas que integren competitividad, sostenibilidad, innovación y bienestar social». La meta definitiva es que la minería latinoamericana deje de ser vista como un proceso aislado y se consolide como el motor de un desarrollo humano y económico que caminen de la mano hacia los desafíos del presente siglo.

Periodista especializada en gestión minera, sustentabilidad y desarrollo regional. Con un enfoque centrado en la transparencia y la comunicación estratégica, analiza el impacto de la industria en las comunidades y el marco institucional del sector. En Acero y Roca, es la voz encargada de desglosar los desafíos de la licencia social y los procesos de modernización minera.