Argentina y Estados Unidos lanzaron un esquema de financiamiento de hasta US$7.000 millones para infraestructura, energía y minerales críticos. Para San Juan, el anuncio vuelve a colocar en primer plano una pregunta pendiente: cómo sacar el cobre hacia los mercados internacionales.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
El Corredor Andes-Atlántico busca financiar infraestructura para conectar áreas productivas argentinas con puertos del Atlántico. El analista Fernando Ocampo sostiene que San Juan puede beneficiarse del esquema, pero plantea mantener en agenda una segunda alternativa logística hacia Chile y el Pacífico.
El cobre sanjuanino todavía está debajo de la cordillera, pero una parte decisiva de su futuro se juega fuera del yacimiento. Líneas eléctricas, caminos, ferrocarriles y conexiones internacionales serán necesarias si Vicuña, Los Azules, El Pachón y otros desarrollos avanzan hacia una escala productiva mayor.
En ese escenario aparece el Corredor Andes-Atlántico, anunciado entre Argentina y Estados Unidos como un marco para movilizar financiamiento hacia infraestructura, energía, transporte y minerales críticos.
Para Fernando Ocampo, el acuerdo confirma algo que hasta hace pocos años tenía un peso principalmente económico y que hoy ya se lee también en clave internacional. “Los minerales críticos, de acá en adelante, van a tener mucha demanda de energía, y uno de esos minerales es el cobre. También tenemos litio y tierras raras en Argentina”, sostuvo en diálogo con ACERO Y ROCA.
El cobre también entró en el tablero geopolítico
“La parte geopolítica se está alineando totalmente a Estados Unidos y a Occidente”, planteó Ocampo al analizar el acercamiento entre ambos países. En esa relación, considera que los recursos naturales argentinos adquirieron un nuevo peso. “El cobre es muy importante para la transmisión de energía. Ahí se puede ordenar un trabajo más mancomunado con Estados Unidos para todo lo que viene de acá en adelante”, sostuvo.
El analista vincula ese interés con el crecimiento de la demanda global de minerales necesarios para redes eléctricas, tecnología y transición energética. Desde esa perspectiva, San Juan aparece particularmente expuesto a una discusión que excede sus fronteras. “Los minerales juegan una preponderancia importante de aquí a varias décadas. Hay que saber cómo traerlos, cómo sacarlos y a quién venderlos”, señaló. Ocampo considera que esa condición modifica incluso la lectura tradicional de la minería. “Los minerales críticos dejan de ser solamente un recurso económico y pasan a ser una herramienta de política exterior”, afirmó.
Leé también: El desafío de los minerales críticos a 2035: por qué el cuello de botella está en el procesamiento y no solo en la mina
Atlántico sí, pero Ocampo pide mirar también al Pacífico

“Me parece fantástico que haya un corredor, que tengamos transporte y trenes, pero la extracción también puede salir por el Túnel de Agua Negra. No hay que olvidar esa parte”, sostuvo Ocampo. Esa es una de sus principales observaciones al nuevo esquema. El corredor hacia el Atlántico puede fortalecer la infraestructura nacional, pero el analista cree que San Juan debería mantener abierta una segunda discusión logística.
“En el anuncio hablaron del Andes-Atlántico, pero también tenemos que hablar del Andes-Pacífico”, remarcó. Ocampo integra el Instituto Provincial de Análisis y Desarrollo del Paso de Agua Negra (IPAN) y se manifiesta a favor del proyecto de conexión permanente con Chile. Su planteo es que la ubicación geográfica sanjuanina permite pensar el transporte minero hacia ambos océanos y no únicamente hacia el este argentino.

“La logística minera tiene que ordenarse. Estamos en San Juan, en el medio y con una montaña al oeste. Entonces tenemos que pensar: ¿vamos por el Pacífico o vamos por el Atlántico? Para mí tienen que estar las dos posibilidades”.
La conexión con Chile permitiría acercar la producción a terminales del Pacífico, mientras el corredor hacia el este fortalecería la salida por puertos argentinos. Ocampo no plantea ambos caminos como excluyentes. “Estados Unidos puede recibir producción tanto por un puerto del Atlántico como por uno del Pacífico. Por eso no tendría sentido cerrar una de las alternativas”, sostuvo.
Leé también: El Ministerio de Minería revela detalles técnicos del Tratado Binacional Minero
La infraestructura aparece antes que la producción

El desafío no termina en elegir por qué océano saldrá el mineral. Antes hay otra condición: contar con infraestructura suficiente dentro de San Juan. “Hoy a San Juan le falta infraestructura, le falta vivienda, le faltan caminos y le falta electricidad para todo lo que se viene”, afirmó Ocampo.
La escala de los proyectos cupríferos obliga a anticipar inversiones que exceden los límites de cada mina. El crecimiento de la demanda eléctrica, el movimiento de trabajadores, los servicios especializados y el transporte pesado podrían modificar buena parte de la infraestructura provincial si los desarrollos ingresan finalmente en construcción y producción.
“Una mina va a consumir una cantidad enorme de energía. Y si hablamos de cuatro o cinco proyectos grandes, tenemos que entender que hay que preparar el sistema antes de que empiecen a funcionar”, planteó. Para Ocampo, esa transformación tampoco quedará necesariamente encerrada en Iglesia o Calingasta. “Cuando sacás recursos naturales de una provincia, el impacto termina llegando a toda la provincia. Obviamente primero están los departamentos donde están los proyectos, pero después hay una cadena mucho más amplia”, explicó.
Por eso utiliza una expresión para sintetizar lo que imagina hacia adelante: “Hay que refundar un San Juan 2.0. Nos faltan carreteras, industria, hoteles, gastronomía, escuelas y un montón de infraestructura para lo que puede venir”.
Leé también: Desde la construcción aseguran que en 10 años San Juan va a tener que duplicar su infraestructura
La oportunidad depende de qué infraestructura quede
“Tenemos que empezar a explotar estos recursos, pero con soberanía: tiene que quedar algo en cada provincia de donde se sacan los minerales”, sostuvo. Y agregó otra variable que, a su criterio, será indispensable para sostener inversiones de largo plazo: “Los inversores necesitan seguridad jurídica. No puede llegar un gobierno y cambiar todo y después otro volver a cambiarlo. Tiene que haber una estrategia que se mantenga”.
El Corredor Andes-Atlántico introduce una nueva herramienta financiera y política en una discusión que San Juan deberá profundizar mucho antes de que sus grandes depósitos de cobre comiencen a producir.
Para la provincia, el desafío no será únicamente extraer el mineral. Será construir energía, caminos y conexiones suficientemente competitivas para que esos proyectos puedan operar y, al mismo tiempo, definir cuánto de esa nueva infraestructura quedará integrado al desarrollo provincial. En ese mapa, Atlántico y Pacífico pueden terminar funcionando no como caminos rivales, sino como dos alternativas para una economía minera que todavía tiene que construir buena parte de su logística.
Leé también: Seguridad jurídica minera: el desafío de articular los registros inmobiliarios y mineros

Periodista y licenciada en Comunicación Social, especializada en Comunicación Política y Medios Digitales. Se desempeña, desde hace más de 8 años, en periodismo, comunicación digital y gestión de redes sociales. Actualmente forma parte de Acero y Roca, medio especializado en la actualidad minera. Su trayectoria combina el trabajo periodístico con la comunicación estratégica y la creación de contenidos.