El mapa del delito transfronterizo dio un giro crítico en las últimas horas. Informes recientes de inteligencia de distintos países revelan que facciones delictivas de origen ecuatoriano ampliaron su portafolio criminal y operan activamente en el contrabando masivo de mercurio hacia territorio colombiano.

Lejos de frenar sus ambiciones, estas redes aprovechan los huecos de control en las zonas limítrofes para abastecer de insumos químicos indispensables a los enclaves de extracción aurífera irregular. Las organizaciones criminales ecuatorianas Los Tiguerones y los Choneros, son señaladas de participar en el tráfico de mercurio a Colombia para abastecer actividades de minería ilegal, según una investigación en fuentes de inteligencia.
Logística criminal y camuflaje de alto riesgo
Para burlar los controles militares y policiales en los pasos terrestres, las organizaciones criminales implementaron métodos sofisticados de ocultamiento. El metal pesado, altamente tóxico y prohibido por las normativas ambientales regionales, ingresa a Colombia camuflado dentro de extintores industriales y tanques de oxígeno médico.
Una vez superada la barrera fronteriza, la carga química es desviada hacia los principales focos de minería ilegal ubicados en los departamentos de Antioquia y el sur de Bolívar. En estas zonas, el mercurio cumple un rol fundamental para los operadores irregulares: amalgamarse con el sedimento para separar el oro de manera rápida, ignorando por completo el pasivo ambiental y la devastación de los ecosistemas fluviales.
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Claves operativas de la ruta transfronteriza
- Alianzas locales: Las facciones ecuatorianas coordinan el paso terrestre con grupos armados locales, como los Comandos de la Frontera, que cobran tributos en efectivo o en porciones del mismo químico.
- Economía de trueque: En múltiples transacciones comerciales, el metal tóxico no se adquiere con dinero fiat, es decir, mediante monedas oficiales emitidas por los Estados como el dólar o el peso, sino que se intercambia directamente por cargamentos de clorhidrato de cocaína.
- Derrumbe de precios: La masiva afluencia de contrabando provocó una caída drástica en el mercado irregular colombiano, donde la libra de mercurio pasó de costar seis millones de pesos en 2024 a cotizarse entre 700.000 y 1,2 millones de pesos actuales.
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La fiebre del oro y el negocio multimillonario
La rentabilidad desmedida explica esta metamorfosis delictiva. El valor histórico de la onza de oro, cotizada en 4.350 dólares, sumado a los excedentes financieros generados por el narcotráfico, transformó a los insumos mineros en una nueva divisa del crimen organizado. Según estimaciones de la Agencia de Investigación Ambiental de Estados Unidos, entre abril de 2019 y junio de 2025 se traficaron más de 200 toneladas de mercurio en la región.
Ante este panorama de descontrol, las autoridades regulatorias enfrentan limitaciones operativas severas. En el plano normativo, Colombia mantiene restringida la importación de mercurio desde 2018 y prohibió su uso en la industria y la minería desde 2023. Sin embargo, las redes clandestinas demuestran que las leyes nacionales resultan insuficientes cuando el capital criminal diversifica sus canales de abastecimiento transnacional.
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Impacto institucional y desafíos de seguridad
La inclusión de pandillas extranjeras en la cadena minera complejiza la respuesta estatal. La violencia asociada a estas economías ilícitas ya dejó marcas profundas en la región, recordando ataques previos contra la fuerza pública en zonas de disputa por recursos auríferos.

Para los expertos en seguridad minera, el combate a la minería ilegal requiere un enfoque binacional que trate los delitos ambientales con el mismo rigor y asignación de recursos que el narcotráfico. Mientras tanto, las organizaciones criminales continúan perfeccionando sus rutas, convirtiendo los recursos naturales de la Amazonía y los Andes en el combustible de una guerra silenciosa y altamente depredadora.
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