La digitalización minera cambió de escala. Entrevistamos a Karina Viñas y Gustavo Arraigada de Velasco & Robota, quienes explican por qué la verdadera ventaja competitiva ya no es el recurso, sino gobernar las decisiones operativas con inteligencia artificial como infraestructura minera.

LO ESENCIAL EN 10 SEGUNDOS
La minería moderna exige certidumbre y trazabilidad. Mediante plataformas como Zoho IoT, la inteligencia artificial se integra a los procesos existentes en horizontes de 6 a 9 meses. El objetivo principal: reducir riesgos operativos, auditar la gestión ambiental y blindar la gobernanza técnica y jurídica en tiempo real.
El fin de la automatización y el inicio de la gobernanza técnica
Durante años, en las charlas de café del sector minero y en los pasillos de los principales proyectos de la cordillera, se habló de tecnología como sinónimo de comprar máquinas más grandes o instalar sensores aislados. Se buscaba, fundamentalmente, mover roca más rápido. Pero el paradigma hoy es otro. En la actualidad, el valor de un proyecto no se mide únicamente por las onzas de oro o las toneladas de cobre que certifica, sino por cómo se gestiona el riesgo alrededor de esa extracción.
Desde Velasco Group & Robota, Karina Viñas y Gustavo Arraigada son categóricos al definir este salto de madurez industrial.
«En este nuevo terreno, la inteligencia artificial asume un rol inédito. No se trata de sumar un software más a la operación, sino de construir una capa estructural que permita interpretar mejor la incertidumbre, ordenar la información crítica y tomar decisiones con más trazabilidad, previsibilidad y respaldo».
Karina Viñas, CEO de Velasco Group


«El contexto global es implacable con las improvisaciones. Ya no alcanza con tener un buen activo geológico: hoy el mercado también exige capacidad de gobernar riesgo, demostrar cumplimiento, sostener estándares ESG y operar con mayor transparencia. En síntesis, la tecnología dejó de ser una ‘herramienta’ mecánica para convertirse en una verdadera infraestructura que cruza la técnica con la legalidad».
Gustavo Arraigada, CEO y Fundador de ROBOTA
La mina inteligente en la práctica: integración de Zoho IoT
Una de las grandes trabas para la innovación en el campo suele ser el miedo a frenar la planta. Pensar en reestructurar la matriz digital de un yacimiento en plena cordillera genera rechazo en cualquier gerencia operativa. Sin embargo, la «minería gobernada» sortea este obstáculo con un enfoque de integración progresiva.
«En la práctica, no se implementa de manera caótica ni reemplazando toda la estructura existente de una operación minera». La estrategia radica en atacar primero los puntos neurálgicos, aquellos donde el riesgo ambiental o el peso regulatorio no permiten margen de error. Para lograrlo, la industria se apoya fuertemente en sistemas híbridos.
«Hoy ya existen plataformas low-code como Zoho IoT que permiten activar módulos funcionales en plazos muy cortos, con IA integrada para analítica y con capacidad de conectarse a hardware diverso, aplicaciones de terceros y sistemas heredados».
Gestión del agua: trazabilidad y contexto regulatorio en tiempo real
Tomemos un ejemplo muy nuestro, vital para operaciones en provincias áridas como San Juan: el agua. «Por ejemplo, una compañía puede comenzar por el control del uso de agua». El sistema toma los sensores existentes, cruza esos datos con los límites de la concesión hídrica y proyecta escenarios. «Si una variable se aparta de un umbral técnico, regulatorio o ambiental, el equipo no recibe solo un dato: recibe contexto, trazabilidad y una recomendación accionable».
Tiempos de implementación: ¿cuánto demora la transformación digital?
Cuando bajamos a la métrica dura, la gran pregunta en las rondas de inversión siempre es el cuánto: ¿Cuánto cuesta y cuánto demora en estar operativo? Aunque cada yacimiento tiene su propio ritmo, los tiempos de implementación se han desplomado drásticamente en comparación con la vieja escuela del software minero. Según detallan desde la firma consultora, «los módulos base pueden integrarse en horizontes de entre 6 y 9 meses, bastante por debajo de los tiempos típicos de transformación de sistemas más rígidos o heredados».
Pero el número que realmente define el éxito de esta transformación no es un descuento de caja chico. «En términos de impacto, el principal indicador no es solo el ahorro directo, sino la reducción de incertidumbre». En un rubro donde una parada de planta por una contingencia ambiental puede costar millones de dólares diarios y erosionar la credibilidad pública en horas, ganar tiempo es ganar supervivencia.
El derrame en las PyMEs locales y el blindaje de la licencia social
La minería no opera en el vacío. Su éxito depende directamente de un entramado de PyMEs, proveedores locales y del visto bueno de la sociedad que la alberga. Históricamente, hubo un cuello de botella comunicacional tremendo: lo que pasaba en el campamento tardaba semanas en llegar a la mesa directiva, y a la comunidad llegaba masticado en forma de gacetillas que a veces generaban más dudas que certezas.
Acá es donde el impacto es transversal. Desde la perspectiva de los negocios locales, «esto puede elevar el estándar de trabajo de proveedores, contratistas y PyMEs que se integran a entornos más exigentes de trazabilidad, seguridad, reporte y cumplimiento». El contratista sanjuanino que aprende a operar bajo este paraguas tecnológico se vuelve un jugador de clase mundial.
Hacia afuera, el impacto es aún más contundente.«La confianza ya no puede descansar solo en declaraciones: necesita procesos, datos, consistencia y capacidad de explicación». La licencia social se defiende con bases de datos inalterables y auditorías en tiempo real, no con discursos.

El escenario de los próximos cinco años
La hoja de ruta tecnológica no se detiene acá. El objetivo a mediano plazo es cristalino. «El siguiente paso es pasar de sistemas que asisten decisiones a sistemas que permitan anticipar escenarios con más profundidad: operativos, regulatorios, ambientales y sociales».
El mensaje final para la industria local es un llamado de atención. «En los próximos cinco años imaginamos una minería donde la ventaja competitiva no estará solo en el recurso, sino en la calidad de la arquitectura de decisión que rodea a ese recurso».
Tener el cobre o el oro ya no es la meta final; es apenas el punto de partida. La minería del futuro exige institucionalizar la confianza a través de la tecnología. Quienes sigan operando a ciegas o con reportes demorados, perderán su lugar en la carrera global. La verdadera revolución minera en Argentina no consistirá solamente en sacar más roca de la montaña, sino en estructurar una arquitectura de decisiones tan sólida y transparente como el metal que exportamos.

Periodista especializada en gestión minera, sustentabilidad y desarrollo regional. Con un enfoque centrado en la transparencia y la comunicación estratégica, analiza el impacto de la industria en las comunidades y el marco institucional del sector. En Acero y Roca, es la voz encargada de desglosar los desafíos de la licencia social y los procesos de modernización minera.